ARGUMENTOS
Cara al sol, una canción para la vida
Una hermosa canción sin adversario
Enrique de Aguinaga tituló Mientras cantábamos una evocación que permite volver al Cara al sol desde una perspectiva distinta de la mera consideración política o histórica. Lo presenta como una hermosa canción sin adversario, expresamente exenta de odio para quienes combaten, como una anunciación de la primavera y también como un concurso de poetas. Una historia clamorosa que, en palabras de Aguinaga, ha sonado desde los Andes hasta los Urales.
No es casual que La Razón de la Proa haya reunido, a lo largo de los años, diversas aproximaciones a esta misma canción. Entre ellas se encuentran Un himno para la vida, de Manuel Parra, y Anecdotario del «Cara al sol», de Francisco Caballero. Son textos diferentes en intención y perspectiva, pero permiten contemplar el himno más allá de su circunstancia histórica: desde su génesis literaria y musical hasta aquello que todavía puede decirnos hoy.
Un himno sin odio
Manuel Parra pone el acento precisamente donde quizá más necesario resulta detenerse: en las estrofas del Cara al sol no aparece la menor alusión a un enemigo ni al odio. Sus temas son otros: la novia, los caídos, los luceros, el más allá, la primavera y la victoria. La observación no es menor. En una época marcada por el enfrentamiento, quienes escribieron la letra eligieron construir una canción sobre afectos, sacrificio, esperanza y futuro, no sobre la negación o destrucción del adversario.
Por eso resulta especialmente significativa la conclusión de Parra: «no es un himno para la muerte, sino para la vida». El propio recuerdo que aporta —unos jóvenes que tarareaban su primera estrofa y preguntaban cómo continuaba— muestra que la canción puede sobrevivir a las circunstancias que la vieron nacer. Su permanencia no depende únicamente de la memoria de quienes la cantaron antaño, sino también de la capacidad de unas nuevas generaciones para encontrar en ella un lenguaje de esperanza.
La canción que quiso José Antonio
Francisco Caballero aporta en su Anecdotario del «Cara al sol» numerosas circunstancias de su creación y, sobre todo, recupera la idea de José Antonio acerca de cómo debía ser aquel himno. El Fundador quería una canción que no fuera «engolada ni excesivamente solemne», sino «alegre, risueña, exenta de odio para los que nos combaten». La definió, además, como una «canción de guerra y amor», concebida para expresar afectos, recordar a los caídos y terminar con un aire seguro de triunfo.
La frase es particularmente reveladora porque establece una intención que a veces queda oscurecida por las interpretaciones posteriores. José Antonio no estaba pensando en una canción de resentimiento, sino en una canción capaz de elevar el ánimo. Caballero recuerda también cómo aquella voluntad dio lugar a la llamada «escuadra de poetas», reunida junto al maestro Juan Tellería, hasta que aquella madrugada nació una composición que pretendía ser, precisamente, un himno de guerra y amor.
Del tiempo de guerra al tiempo de amor
El Cara al sol continúa despertando interés entre jóvenes que desean conocerlo y cantarlo, aunque muchos carezcan hoy de referencias musicales precisas sobre su interpretación original. De ahí que sea frecuente escucharlo con voces estridentes, apresuradas o poco acompasadas. Esa espontaneidad tiene algo de valioso, pero necesita acompañarse de criterio: comprender qué se canta es también una forma de cantar mejor. La estridencia puede transformarse en expresión cuando encuentra el sentido profundo de la canción.
Y ese sentido puede resumirse en las palabras que nos han dejado estos tres autores: una canción de vida, como señala Manuel Parra; una canción hermosa, como la define Enrique de Aguinaga; una de esas canciones que, como sugiere la reflexión de Caballero, pueden llenar el alma, dar coraje, fortalecer el espíritu y permitir mirar ilusionadamente al futuro. José Antonio habló de guerra y amor, pero aquellos tiempos de guerra quedaron sepultados en nuestra historia. Hoy corresponde rescatar el amor: a la patria, a la familia y a nuestros semejantes; ternura hacia el necesitado, pasión por la obra bien hecha, respeto por la ética y el estilo, y voluntad de saber ser para servir mejor.
Letra y diversos audios del Cara al sol
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