EDITORIAL DONCEL
Cuando la senda se quiebra y la marcha descarrila.
La noche del accidente ferroviario en Adamuz dejó un claro en el camino que todos transitamos. Desde el recogimiento y los valores que nos unen, elevamos este homenaje a las víctimas y una reflexión serena para avanzar juntos con responsabilidad y hermandad.
Cuando el camino se interrumpe
Hay momentos en los que la marcha se detiene y el silencio se impone, como en los campamentos cuando se apaga el fuego y solo hablan las estrellas. Así quedó Adamuz aquella noche: con la senda rota, pero con la memoria encendida.
En su día aprendimos que ningún camino se recorre solo. Las vidas perdidas no son un punto final, sino señales que nos orientan. Recordar es mantener viva la brújula moral que nos ayuda a seguir avanzando hacia la luz, incluso en la oscuridad.
Servicio y calor de hermandad
Fue ejemplar la respuesta de los vecinos de Adamuz y de los pueblos cercanos. Como en las mejores marchas, acudieron sin esperar órdenes: auxiliaron, protegieron, ofrecieron cobijo y calor en una noche de invierno que puso a prueba el temple y el corazón. Ese espíritu de servicio honra a toda la comunidad.
Las incidencias acumuladas en la red ferroviaria de los últimos años nos obligan a una reflexión responsable. La Providencia evitó un desenlace aún más grave, pero no basta con la fortuna. Cuidar la senda exige mantenimiento constante, previsión y compromiso con la seguridad de todos.
Mandar es servir
El rápido y amplio despliegue de los servicios de emergencia demostró que cuando hay coordinación y lecciones aprendidas, la respuesta es eficaz. Ese ejemplo debería iluminar también a la política: colaborar, sumar esfuerzos y dejar a un lado la rivalidad estéril. No es tiempo de trincheras, sino de tender puentes.
Vivimos tiempos en los que el sistema político parece haber olvidado ese "mandar es servir". El clientelismo y la ideología sostienen un entramado de subvenciones a iniciativas de dudoso interés —dentro y fuera de nuestras fronteras— mientras se descuida el mantenimiento de las infraestructuras que sostienen la vida diaria. Se colocan responsables por fidelidad al partido antes que por capacitación, se dilapidan fondos en comisiones desmedidas y, en los peores casos, en prácticas indignas que nada tienen que ver con el bien común.
Urge un cambio de agujas
Gestionar, cuidar y mantener no da rédito electoral a corto plazo: no hay cinta que cortar ni fotografía inaugural para un mantenimiento bien hecho. Pero sin esa tarea silenciosa, constante y responsable, la senda se deteriora y la marcha acaba descarrilando.
Por respeto a quienes ya no están, es imprescindible dirimir responsabilidades sin atajos ni silencios. No basta con el duelo ni con las palabras solemnes: hace falta un cambio de agujas. Explorar con valentía una forma de Estado y de gobierno que envíe a vía muerta la partitocracia, que sustituya la lealtad ciega por el mérito, el servicio y la responsabilidad, y que devuelva a la gestión pública el sentido del deber bien hecho.
Cuando la marcha se desvía, corregir el rumbo no es una opción ideológica, sino una obligación moral.
Un horizonte en la lejanía
Desde nuestro Boletín, la Hermandad Doncel transmite su más sincero pésame a las familias que han perdido a sus seres queridos. A todos, ánimo para retomar juntos la marcha, con paso firme, valores claros y la mirada puesta en un horizonte de convivencia y prosperidad. Bajo las estrellas, seguimos caminando.

