CONSIGNA DONCEL

Permanezca firme nuestro pie, en el camino recto.

¿Y cuál es el camino recto? Pues el viento tiene roles repentinos, la mar se embravece y se oyen numerosos cantos de sirena, pero hay algo que permanece inalterable, algo eterno. Por mucho que mute nuestro alrededor, siempre nos guiará la misma estrella.
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Permanezca firme nuestro pie, en el camino recto.

La Historia no es un museo ni una línea de tiempo. Es, ante todo, una exigencia. Y exige más cuanto más digna ha sido. Esta noche no estamos aquí para conmemorar, en la figura de nuestro patrón san Fernando, un pasado cerrado; sino para enfrentarnos, con lucidez, a la pregunta fundamental de nuestro tiempo: ¿Cuál es nuestra misión?

Porque sí, tenemos una. La misión no es un romanticismo ni un ejercicio de nostalgia. La misión es la forma en que un hombre libre se ata al deber. Es el modo más alto de asumir la libertad. Nos lo recuerda Ortega: «El hombre no tiene naturaleza, sino Historia; y su Historia consiste en elegir su propio Destino»​. Esa elección, cuando se realiza con autenticidad, se llama misión.

Pero vivimos en tiempos en los que todo destino parece una carga y toda fidelidad, un error. Se alaba lo efímero, se adora lo neutro, se suspira por lo líquido. En un contexto así, la sola existencia de quienes asumen una misión —como lo habéis hecho, por ejemplo, con la Hermandad Doncel— es profundamente subversiva.

Se lee en el sitio web de la Hermandad el siguiente objetivo:

  • Asegurar la continuidad y vigencia del Estilo y valores que nos conforman, y que se encuentran resumidos en la Promesa de la Organización Juvenil Española.

¿Esto tiene sentido? ¿Existe una conexión que permita esa transmisión y, siquiera, ese esfuerzo por la continuidad y vigencia?

Continuidad y vigencia… ¡Qué bien elegidas estas dos palabras!

Os reconozco que para mí siempre ha sido la transmisión del mundo azul a nuevas generaciones, dejar ese poso que permita a España seguir teniendo Hombres que entienden la vida bajo unos valores eternos que, como inmutables que son, siguen plenamente vigentes en distintas épocas.

Por supuesto, con “transmisión del mundo azul” no me refiero a que queramos una sociedad monolítica; que, en mi humilde opinión, precisamente atacaría a la línea de flotación de lo que considero "azul". Nuestra misión es dejar poso, ese poso que luego construye patrias, casi sin saberlo, con un Estilo muy marcado y profundo, dotándolos de un objetivo común. «Sin empresa, no hay Patria» (J.A.). El riesgo es claro, que sucumbamos a la torpeza de pensar que ya no es lo mismo y que, por lo tanto, ya no hay misión. La prueba clara de que no es así es que el Mal sigue ahí empeñado en destruirnos... Porque seguimos siendo peligrosos.

El otro día leí una historia sobre el papa León XIV, en la que les decía a sus colaboradores que, el día de su proclamación, al salir a la plaza y ver a toda la gente que se reunió, dijo: «Ahí sentí el peso de la historia y eso me dio más firmeza en la misión».

Bueno, parece que la historia es una de las muchas falsas que recorren nuestro mundo digital hoy. No obstante, me hizo pensar y me recordó al primer día que conocí a antiguos miembros de Chamartín, a Sergio, a Daniel y a Jesús. Esa noche, siendo un mando joven de la OJE, tuve el mismo sentimiento que relataba aquella historia. Y, sin duda, eso influyó en mi vida en la Organización y, sobre todo, fuera de ella. Aunque a veces pueda parecer que no, dejáis huella y dais esperanza al futuro de la Organización y de España. Y eso es rueda de molino, nuestra misión. Eso tenemos que conseguir con los nuevos jefes de Hogar.

Esta noche, al encontrarme ante vosotros, me recorre una sensación muy concreta: la de la gratitud y la de responsabilidad. Gratitud serena, no hecha de aplausos, sino de conciencia. De saber que uno no camina solo. Que hay herencias que no se reciben en testamento, sino en ejemplo. Que hay estilos de vida que no se imponen, sino que se ofrecen con humildad y coherencia, hasta hacerse semilla.

Vosotros habéis sido y sois esa semilla. De vosotros aprendimos en su día, y siguen aprendiendo las nuevas “juventudes a la intemperie”, que el servicio es más valioso que el brillo, que el honor es más firme que la victoria, que la palabra dada es sagrada, aunque cueste. Y hoy, cuando tantas cosas parecen resquebrajarse, cuando el ruido y la confusión ensordecen, es más urgente que nunca proclamarlo sin miedo:

Permanezca firme nuestro pie, en el camino recto.

Firmeza y rectitud desde ese espíritu joseantoniano, fundamentado en la profundidad intelectual, la acción rigurosa, pero en ningún caso el rencor o el resentimiento hacia algo, esté justificado o no. Aquello del Arriba España, no el anti nada.

Profundidad intelectual, acción rigurosa y ausencia de bilis… Todo lo contrario a lo que nos conducen ahora mismo. Y mucho peor, las antípodas de aquello en lo que están creciendo las nuevas generaciones.

En una sociedad en la que lo Político, con mayúscula, lo convirtieron en lo partidista. Y lo partidista ha dejado paso, de manera absolutamente dirigida, al “forofismo” más futbolero. Messi es un mal jugador porque soy del Madrid. Y eso no es penalti, porque lo ha hecho “uno de los míos”. ¿Quiénes son los míos? ¿Tiene sentido luchar contra esa artificialidad? ¿Hay misión? Como respuesta, os leo algo que seguro que nos resulta familiar:

«Arrojados a la intemperie por las tribus acampadas bajo los sombrajos de los partidos, queremos levantar el nuevo refugio fuerte, claro y alegre en cuyas estancias se identifiquen servicio y honor» (seguir leyendo).

Otro ejemplo de lo esencial de nuestra misión. ¿Cuántos de nuestros camaradas se abrazan o nos abrazamos al liberalismo predominante, no en la teoría sino en la práctica, entendiendo que es la opción existente que más se aproxima a lo nuestro? Lo hacen, los hacemos, pero pensando que mantenemos intactas nuestras convicciones. Recordad: Profundidad intelectual, acción rigurosa…

Como dijo aquel, los límites del liberalismo se sitúan en la dignidad del Hombre. Una vez claro eso por quien gobierna, tiene dos acciones claras:

  • Si quieres justificar tu inoperancia, tu error o tu negligencia con respecto a algo, sólo tienes que echarle la culpa a un colectivo o idea lo suficientemente grande o emblemático como para ser odiado por mucha gente mediocre.
  • O, por otro lado, tratar de bajar el umbral de dicha dignidad del Hombre y seguir viviendo de ello. Adormecer…

Así que con estas dos opciones me atrevería a decir que se podría “anular” (nos podrían anular) a la mayor parte de la sociedad… Si no a toda.

Permanezca firme nuestro pie, en el camino recto.

¿Y cuál es el camino recto? Pues el viento tiene roles repentinos, la mar se embravece y se oyen numerosos cantos de sirena, pero hay algo que permanece inalterable, algo eterno. Por mucho que mute nuestro alrededor, siempre nos guiará la misma estrella. Por mucho que cambien las cosas, el Norte siempre estará allá donde apunte la Polar. Hay algo inalterable, aquello en lo que hemos depositado nuestra confianza, esos valores eternos hacia donde apunta nuestro bauprés.

Eso es, precisamente, lo que le da sentido y respuesta a todo lo anterior. Sigamos asentando, pues, los cimientos del futuro de nuestra Patria en la solidez que nos ofrece nuestra Estrella, nuestra Promesa.

Y es que nuestra Promesa no es un conjunto de “cosas bonitas”. Si lo entendiéramos así no habría razón para no cambiar una palabra por otra o incluso sustituir uno de los once puntos por otro que nos parezca algo más actual. Este riesgo es real desde hace muchos años. La Promesa no es un listado más o menos bien elegido. La Promesa es una definición. Es la definición, expresada de modo sublime y completo, de nuestra idea de Hombre, con mayúscula.

Somos y seremos fuertes porque fuerte es lo que nos une. Podemos cambiar el mundo porque el futuro está en nuestras manos. Es posible, claro que es posible. Sólo tenemos que creer que el mar no se acaba ahí donde nos dicen: ¡Démosle la vuelta al mundo!

Como dijo D´Ors:

«Todo pasa. Pasan pompas y vanidades, pasa la nombradía como la oscuridad. Nada quedará, a fin de cuentas, de lo que hoy es la dulzura o el dolor de tus horas, su fatiga o su satisfacción. Una cosa sola, Aprendiz, Estudiante, hijo mío, una sola cosa te será contada, y es tu Obra Bien Hecha».

Por eso y por todo lo anterior, la consigna para el día de hoy y para siempre es Permanezca firme nuestro pie, en el camino recto.

Vale Quien Sirve. Arriba España.


Consigna impartida por Ignacio (Nacho) Gómez Vera, durante la cena de San Fernando (30/05/2025). Nacho es antiguo afiliado a la Organización Juvenil Española y actual miembro de la Hermandad Doncel.
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