ARGUMENTOS
El 98: derrota, relato y regeneración
La derrota de 1898 transformó el rumbo de España, pero su alcance sigue siendo objeto de debate. Dos historiadores revisan los hechos y abren una reflexión que enlaza con el regeneracionismo y el presente.
Más allá de una derrota militar
El llamado Desastre del 98 constituye uno de los episodios más debatidos de la historia contemporánea española. La pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas simbolizó el final del imperio ultramarino y abrió una profunda crisis de conciencia nacional. Sin embargo, cada vez son más los estudios que invitan a distinguir entre los hechos militares y el relato construido posteriormente. En esa línea se sitúa también el vídeo Así vendieron España a EE. UU. El Desastre del 98, que plantea que la derrota fue favorecida por decisiones políticas y por la actuación de unas élites incapaces de defender los intereses nacionales.
La guerra con Estados Unidos supuso un punto de inflexión político, económico y cultural, pero también dio origen a un intenso debate sobre las verdaderas causas de la decadencia española y las posibilidades de regeneración del país. Más de un siglo después, la historiografía continúa revisando aquel episodio desde perspectivas menos apasionadas y más documentadas. Dos trabajos recientes, firmados por César Cervera y Sergio Sánchez Collantes, permiten aproximarse a esta revisión crítica y ofrecen interpretaciones que ayudan a comprender mejor el alcance real de 1898.
Una crisis menos catastrófica de lo que se creyó
En El falso desastre del 98: una crisis magnificada que dio forma a la historia de España en el siglo XX, publicado en ABC (2020), el periodista e historiador César Cervera, especializado en monarquía e hispanidad, recoge las aportaciones de diversos investigadores que cuestionan la imagen tradicional del 98 como una catástrofe absoluta. El artículo sostiene que el impacto psicológico sobre las élites fue muy superior a sus consecuencias materiales inmediatas y recuerda que la Restauración sobrevivió sin grandes convulsiones, mientras la economía inició un proceso de recuperación favorecido por la repatriación de capitales y por las reformas impulsadas en los primeros años del nuevo siglo.
Lejos de minimizar el sacrificio humano o la derrota militar, Cervera propone diferenciar entre la realidad histórica y el relato pesimista que terminó imponiéndose durante décadas. El texto analiza cómo la denominada Generación del 98 contribuyó a fijar una imagen de España como nación agotada precisamente cuando comenzaban a surgir nuevas energías culturales y económicas.
- El artículo completo puede leerse a través de este enlace.
El peso del relato sobre la realidad
Una conclusión semejante, aunque desde un enfoque distinto, desarrolla Sergio Sánchez Collantes, profesor titular de la Facultad de Humanidades y Comunicación de la Universidad de Burgos, en su artículo ¿Fue el Desastre del 98 tan catastrófico para España?, publicado en Historia y Vida de La Vanguardia. El autor recuerda que el propio concepto de «Desastre» fue construido por determinados sectores políticos e intelectuales y que la percepción de las clases populares resultó muy diferente. Para buena parte de la sociedad, el final de la guerra significó sobre todo el fin del reclutamiento masivo y del enorme coste humano que había supuesto el conflicto colonial.
Sánchez Collantes subraya igualmente que el impacto económico fue más limitado de lo que tradicionalmente se ha afirmado. La desaparición de los territorios de ultramar redujo importantes cargas financieras, favoreció nuevas inversiones y permitió impulsar reformas fiscales que estabilizaron las cuentas públicas. Donde sí identifica consecuencias duraderas es en el terreno político, al estimular el regeneracionismo y favorecer el crecimiento de los nacionalismos periféricos durante las primeras décadas del siglo XX.
- El artículo íntegro puede consultarse mediante este enlace.
Del dolorido sentir a la voluntad de resurgimiento
Desde La Razón de la Proa el debate sobre 1898 trasciende la discusión historiográfica para convertirse en una reflexión sobre la continuidad histórica de España. Compartimos la tradición de un patriotismo crítico que nace del reconocimiento de los errores propios, pero que rechaza instalarse en el derrotismo permanente. Como recordaba nuestro editorial El 'dolorido' sentir y la voluntad, somos herederos de quienes denunciaron las deficiencias nacionales, pero también de quienes buscaron corregirlas mediante la educación, la cultura, el pensamiento y la acción regeneradora.
La lección del 98 quizá no consista únicamente en recordar una derrota, sino en comprender que ninguna nación puede construir su futuro si convierte el pesimismo en identidad. El análisis sereno de la historia debe servir para fortalecer la voluntad de mejora y no para alimentar una resignación estéril. La crítica solo adquiere sentido cuando va acompañada de un proyecto de renovación. Ese equilibrio entre memoria, realismo y esperanza sigue siendo hoy, como hace más de un siglo, uno de los mayores desafíos para quienes aspiran a pensar España con ambición de futuro.