La poesía como creación y estilo de vida
La poesía, entendida como creación y búsqueda de la belleza, ocupa un lugar central en el pensamiento joseantoniano. Más que un recurso literario, se presenta como una forma de construir la vida y la sociedad.
Todos hemos leído aquellas bellas palabras de José Antonio en el llamado Discurso Fundacional: «A los pueblos nada más los mueven los poetas…», para seguir comparando «la poesía que promete» frente a «la que destruye». Pero podemos preguntarnos si acaso no fue más que una frase intercalada en su intervención, y si continúa vigente en medio de un mundo que nos ofrece de todo, menos poesía.
La palabra poesía equivale, etimológicamente, a creación; luego adquiere su dimensión estética, pues se relaciona con la búsqueda de la belleza; el poeta es aquel que crea su obra bella y, como dice Goytisolo, la toma del pueblo y la devuelve a este transformada. Es decir, que su origen es esa voz anónima y generalizada, que quizás no atina a conformarla y, por tanto, debe el poeta —el que crea— darle forma y especificar su contenido estéticamente, lo que obliga, también, a que esa belleza no quede en un simple adorno.
Creación y construcción
El pensamiento joseantoniano —lo esencial de él— encierra una propuesta de creación, de construcción de una sociedad presidida por la verdad, la belleza y el bien, los tres conceptos a los que aspira, a veces sin saberlo, toda la humanidad; una sociedad en la que se aúnen la justicia, la libertad, el orden y la unidad. Otra cosa es que ese pensamiento quedara en una especie de juegos florales y que, incluso, muchos de los que se consideraban sus seguidores se quedaran en esa interpretación...
Se ha dicho muchas veces, por propios y ajenos, que la plasmación más exacta y fiel de lo joseantoniano estuvo encarnada en los jóvenes afiliados del Frente de Juventudes y no en otras instituciones que se limitaban, una o dos veces al año, a glosar frases estereotipadas.
La poesía vivida
Y lo podemos comprobar si repasamos nuestros años de juventud en aquellas Falanges Juveniles o en la posterior Organización Juvenil Española: nuestras canciones eran promesas personales de esa búsqueda de creación y, a la par, de belleza; persistíamos en ello aunque los entornos fueran hostiles o deformadores; nuestras inquietudes intentaban plasmar en la práctica aquella verdadera poesía; y, aunque no lo lográramos, quedaba en nuestro interior el regusto, y también la amargura, de que participábamos de una interpretación occidental, cristiana y española de la vida y de la historia, que era lo que nos definía y a lo que llamábamos estilo o modo de ser; si no podíamos exteriorizar nuestros deseos, sí los habíamos interiorizado.
Persistamos, pues, en esa poesía, de creación y de belleza; y digamos, como en el antiguo romance: «Si no vencí reyes moros, engendré quien los venciera».

