JOSÉ ANTONIO
El testamento perdido de José Antonio
José Antonio Primo de Rivera redactó dos testamentos en la cárcel de Alicante. Uno, conocido; otro, desaparecido y nunca hallado, contenía —según testimonios— disposiciones políticas cuyo alcance sigue siendo una incógnita.
Las últimas voluntades en la cárcel de Alicante
José Antonio Primo de Rivera, consciente del negro futuro que le esperaba, procedió a redactar sus últimas voluntades en la mesa y el taburete de la fotografía que acompaña esta reseña.
En esos pequeños y rústicos muebles —que hoy conservan los camaradas de Falange Auténtica de Alicante— el Jefe procedió a redactar, hasta por dos veces, su testamento. Todos conocemos su último testamento, documento de una talla humana inigualable, en el que pide que «sea su sangre la última que se derrame en contiendas civiles».
El primer testamento desaparecido
Pero días antes, el 12 de noviembre de 1936, José Antonio redactó de su puño y letra, en unas cuartillas, un primer testamento que fue entregado al notario de Alicante, don Mariano Castaño, en presencia del secretario judicial, del fiscal de la causa, Vidal Gil Tirado, y del juez Ferran Enjuto.
Este primer testamento, que nunca ha sido encontrado, comprendía dos partes: una primera, en la que declaraba herederos a sus hermanos y hacía un legado a la tía M.ª, y otra de alto e importante contenido político. Los oficiales del notario Castaño, todos frentepopulistas, se negaron a transcribir las voluntades del jefe de Falange, por lo que tuvo que hacerlo personalmente el propio notario.
Un documento vetado y su significado político
El fiscal se opuso rotundamente a la legalización de este testamento ológrafo y, cumpliendo órdenes de las autoridades republicanas del Comité Provincial Popular, se prohibió al notario su protocolización.
La historia nos ha vedado conocer lo que dispuso José Antonio Primo de Rivera en este primer documento, aunque cabe sospechar que el contenido político del mismo revestía suficiente importancia y radicalidad como para que tanto las autoridades del Frente Popular como las judiciales impidieran que viera la luz. Por ello, numerosos autores —incluido Ximénez de Sandoval en su biografía apasionada sobre José Antonio— critican la escasa dimensión política del segundo y único testamento conocido.
Se echa en falta que el jefe de la Falange, ya iniciada la Guerra Civil, no dejara por escrito consejos, instrucciones e incluso órdenes para dirigentes y militantes. Ello podría resultar comprensible si se considera que solo le iba a ser autorizado un testamento descafeinado, con escasas matizaciones de carácter político.






