ESPIRITUALIZAR LA VIDA
Las claves del testamento de un hombre joven
El testamento de José Antonio Primo de Rivera es un valioso documento para comprender al hombre y a su obra, pues nadie finge en esa suprema hora de la muerte; a los que dudan de la sinceridad de sus palabras en otros textos les puede bastar esa lectura para despejar sospechas y, sobre todo, para que su figura sobrepase el tiempo y llegue a nuestra actualidad y, quizás a nuestras vivencias personales como ejemplo y dato de reflexión.
Su circunstancia
No puede dejar de sobrecogernos la lectura del testimonio de un joven de treinta y tres años que sabe que, inexorablemente, va a ser fusilado (nunca es alegre morir a mi edad) y que asume ese trágico destino con entereza, pero sin fanfarronadas. Acaso podemos pensar qué sentiríamos nosotros en su tesitura o, sencillamente, cuando nos llegue la hora de pasar de este mundo a la Eternidad.
El fundamento de todo: su fe en Dios
Así empieza el testamento: Condenado ayer a muerte, pido a Dios que, si todavía no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo, y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino los de su infinita misericordia.
Y termina con estas palabras: En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia (…), pero sin protesta. Acéptela Dios Nuestro Señor en lo que tanga de sacrificio para compensar lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida.
Como es obligado a un cristiano, al solicitar el perdón de Dios, es inevitable haber perdonado a nuestro prójimo previamente, y, a ser posible, ser perdonado por este; por ello nos dirá: Perdono con toda mi alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna excepción, y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de algún agravio grande o chico.
¿Hay que esperar la hora definitiva para perdonar y esperar ser perdonado?
Dedicatoria a sus camaradas
El segundo párrafo es una especie de recuerdo y despedida a los falangistas que lo siguieron, y no por vanidad y exceso de apego a las cosas de la tierra, sino por su responsabilidad como jefe que fue: He arrastrado la fe de muchos camaradas míos en medida muy superior a mi propio valor (…) y como incluso he movido a innumerables de ellos a arrostrar riesgos y responsabilidades enormes, me parecería desconsiderada ingratitud alejarme de todos sin ningún género de explicación.
Destaca la lealtad y la valentía de ellos, quiera ganar para ellos la atención respetuosa de sus enemigos, ignora, en su circunstancia, si están sabia o erróneamente dirigidos, y pide a Dios que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que sueña la Falange.
Aunque seamos siendo, en el fondo, un poco ingenuos, lo importante es preguntarnos si persistimos en ese servicio desde nuestras posibilidades…
El lamento, la duda y la esperanza
Aquel movimiento político que fundó José Antonio no consiguió sus objetivos; como fuerza en aquella España de los años 30, fue minoritario, casi marginal, pero, poco después, fue banderín de enganche de miles de españoles, muchos de los cuales, sin embargo, desconocían las ideas básicas del Fundador; por eso, dice en su Testamento: Me asombra que, después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas persistan en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a entendernos y hasta sin haber procurado ni aceptado la más mínima información.
(En nuestros días, se repite el hecho, acompañado de una paradoja: José Antonio es silenciado y sus ideas tergiversadas, pero la atención hacia su persona y su obra no cesa de difundirse en publicaciones y en algunos escaparates de las librerías. Como dijo Enrique de Aguinaga, José Antonio fracasó con éxito).
Las palabras del Testamento incluyen, pues, una duda: Si la Falange se consolida como cosa duradera… Sabemos que lo que vino después era, en todo caso, una cosa distinta.
Pero, tanto ayer como hoy, quienes se aproximan al pensamiento joseantoniano no dejan de expresar su asombro; en el propio tribunal que lo juzgaba, muchísimas caras, al principio hostiles, se iluminaban, primero en el asombro y luego con la simpatía… En nuestros días, suele ocurrir lo mismo.
El eco exterior de una guerra entre españoles
José Antonio no deseaba aquella guerra civil que enfrentó a los españoles; se encontró en medio de ella, no como protagonista; esto queda claro en numerosos párrafos de su testamento, especialmente en el que dice: Espero que todos perciban el dolor de que se haya vertido tanta sangre por no habernos abierto una brecha de serena atención entre la saña de un lado y la antipatía de otro.
No obstante, asume su parte de responsabilidad por lo que estaba ocurriendo en aquella España de su tiempo: Que esa sangre vertida me perdone la parte que he tenido en provocarla…
Y en las caras de aquellos que en el tribunal le miraban con cierta simpatía le parece leer que, de haberlo sabido, no estarían aquí, y añade: Ni otros matándose por los campos de España.
En nuestros días, parece que hay una cierta complacencia por parte del Gobierno en reabrir las heridas de aquella guerra civil; se pretende volver a enfrentar a los españoles entre sí en bandos irreconciliables, cuando el penúltimo párrafo del testamento de José Antonio propone precisamente lo contrario: Ojalá fuera la mía la última sangre españoles que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas cualidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia.
El rechazo a las actitudes románticas
José Antonio no quiso granjearse con gallardía de oropel la póstuma reputación de héroe; en su trayectoria, advertimos el rechazo frontal hacia el romanticismo, por su falsedad intrínseca; y ahora lo vuelve a poner de manifiesto ante el hecho de su muerte: No me hice ´responsable de todo´ ni me ajusté a ninguna otra variante del patrón romántico.
Él había dicho en otra ocasión que la vida no valía la pena vivirla si no es para quemarla al servicio de una empresa grande; fiel a este criterio, ahora nos lo dice de otra forma: Dios no nos la concedió para que la quememos en holocausto a la vanidad como un castillo de fuegos artificiales.
La imagen actual de José Antonio aparece con frecuencia distorsionada; a veces, persiste el mito, cuando él fue un hombre de carne y hueso, con sus aciertos y sus errores, con sus defectos y sus cualidades, hijo de un tiempo convulso; por eso pone tanto interés en recalcar que el ser falangista era un modo de ser antes que un modo de pensar.
Ese modo de ser se expresa en un estilo de vida, que da fe de la principal de sus constantes, la de ser consecuente con la interpretación cristiana, occidental y española de la vida, muy por encima de los programas políticos y de las exigencias de los contextos históricos.
El abogado que fue
Incluso en los momentos en que, durante el juicio, se jugaba la propia vida, reaparece su querida vocación y profesión de abogado, esa que tuvo que postergar por cumplir un servicio en el campo de la política; reconoce en su testamento que se defendió en el juicio con los mejores recursos de su profesión, no solo porque así cooperaba en la defensa de sus hermanos Miguel y Margot, sino por ser consecuente consigo mismo.
Por ello, aclara que su defensa le aconsejó ciertos silencios y que las sospechas que manifestó de que lo hubieran mantenido aislado a propósito, al no estar comprobadas, no pueden ser mantenidas en ese momento crucial ante la muerte; también afirma con naturalidad que sus declaraciones al periodista norteamericano fueron tergiversadas.
Si leemos las cláusulas que acompañan al testamento, así como la apresurada correspondencia de despedida a sus familiares, amigos y camaradas, tendremos una visión más completa de aquel hombre joven que fue fusilado en un 20 de noviembre hace ochenta y nueve años.
Herederos…
Consideramos que los herederos de José Antonio Primo de Rivera deben ser todos los españoles, pues su figura es un patrimonio común, cuya realización consiste en “la devolución de un espíritu nacional colectivo y la implantación de una base material, humana, de convivencia entre los españoles”, como él dijo un19 de mayo de 1935.
Los que un día militamos en las filas de las organizaciones de afiliados del Frente de Juventudes, además, hemos interiorizado, no solo su figura —tan distante en el tiempo— sino, sobre todo sus constantes de pensamiento, su esencialidad, y seguimos en la tarea de transmitirlas a otros para que un día sea realidad en la sociedad española.
En nuestra Hermandad, nos hemos fijado dos objetivos: uno de ellos es revitalizar nuestros lazos de camaradería y ampliarlos a todos aquellos que compartan aquellos valores en los que nos formamos, precisamente basados en el pensamiento esencial de José Antonio; el otro es tratar de analizar el mundo de hoy, en el que vivimos, y, recordando que el estudio y el trabajo constituyen mi aportación personal a la empresa común, proponer nuevos caminos, aventurar nuevas teorías, fundamentadas en aquellos valores, y expresarlas en un lenguaje actual, dando a todo ello la difusión de que seamos capaces.
Pues, como decía un antiguo texto de nuestra juventud (Curso de Grado Guías de la Organización Juvenil Española. 1974), la tarea joseantoniana para España se puede resumir en tres objetivos: 1) Espiritualizar la vida; 2) Españolizar a España, y 3) Implantar la justicia social.
Seguimos en ello. Y el testamento que hemos recordado nos sirve de una buena pauta…
Versión instrumental del Cara al sol, con imágenes sobre la figura de José Antonio Primo de Rivera. Las primeras notas corresponden a la canción Montañas nevadas.

