EFEMÉRIDE DE ABRIL

Primera piedra del Monasterio de El Escorial

El 23 de abril de 1563 se coloca la primera piedra de lo que será el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, bajo la actual silla prioral del refectorio, con los nombres del rey Felipe II y del arquitecto Bautista de Toledo.

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Felipe II y su hijo Carlos de Austria contemplan ⎼imaginariamente⎼ el campamento del Raso de la Nava, detrás el Monasterio de El Escorial que parece aceptar la supuesta proximidad del arco campamental. El texto corresponde a unos versos de la canción de la OJE 'Tu horizonte' (años 70).
Primera piedra del Monasterio de El Escorial

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Un coloso arquitectónico en la sierra de Guadarrama

Se trata de uno de los monumentos más representativos de la arquitectura española.

El conjunto arquitectónico, de dimensiones colosales, está situado en las estribaciones de la sierra de Guadarrama, a unos 50 kilómetros al noroeste de Madrid, y consta de un monasterio y una iglesia, un palacio y un panteón real.

El rey Felipe II encargó su construcción al arquitecto renacentista Juan Bautista de Toledo, que había sido ayudante de Miguel Ángel en la basílica de San Pedro del Vaticano. Tras su muerte, en 1567, las obras corrieron a cargo de Juan de Herrera, quien le imprimió su célebre estilo —la arquitectura herreriana—, caracterizado por la simetría y la austeridad.


De San Quintín a panteón real: origen, poder y legado dinástico

El monasterio fue construido para conmemorar la victoria en la batalla de San Quintín, acaecida el 10 de agosto de 1557, en la festividad de San Lorenzo. Posteriormente, se convirtió en la residencia de la familia real española y en su lugar de sepultura. El propio monarca murió el 13 de septiembre de 1598 en una alcoba del monasterio.

En la imagen de portada, el rey Felipe II y su hijo, el príncipe Carlos de Austria, contemplan —imaginariamente— el Monasterio de El Escorial ya construido. La figura del rey y su hijo procede del cuadro Felipe II presencia un Auto de Fe (1871), obra de Domingo Valdivielso, expuesto en el Museo del Prado.


A lo largo de los siglos, el Monasterio de El Escorial no ha permanecido ajeno a los grandes conflictos que han sacudido la historia de España. Durante la Guerra de la Independencia Española, en el contexto de la invasión napoleónica, el recinto sufrió la ocupación de tropas francesas, que lo utilizaron con fines militares. Aquella presencia supuso deterioros materiales y pérdidas en su patrimonio, en una época en la que numerosos edificios religiosos y palaciegos fueron expoliados o reutilizados por el ejército invasor.

Siglos después, durante la Segunda República (1931-1936) y, especialmente, en el transcurso de la Guerra Civil Española, el monasterio atravesó uno de los periodos más convulsos de su historia. En aquel contexto de violencia y fractura política, el recinto sufrió graves episodios que afectaron tanto a su comunidad religiosa como a su patrimonio artístico y simbólico.

En 1936, milicianos del bando republicano retuvieron a más de un centenar de frailes agustinos que residían en el monasterio. De ellos, 53 religiosos fueron ejecutados en distintos episodios represivos, convirtiéndose en uno de los capítulos más trágicos vinculados al edificio durante la contienda. Paralelamente, el monasterio dejó de cumplir exclusivamente su función religiosa y educativa para ser utilizado también como centro de detención y prisión, llegando a albergar a más de un millar de personas en condiciones precarias.

Durante esos años se documentaron saqueos de obras de arte, objetos litúrgicos y joyas de gran valor, así como daños materiales de diversa consideración. Incluso se registraron actos de profanación en el panteón real, entre ellos la apertura de la tumba de Carlos I de España, un hecho de enorme carga simbólica que reflejaba el clima de ruptura con la tradición monárquica. Asimismo, en dependencias del monasterio o en sus inmediaciones —como el Paseo de Coches— se establecieron centros de detención y de interrogatorio.

Resulta especialmente significativa la relación del monasterio con Manuel Azaña, quien había sido alumno de los agustinos en su juventud. Su experiencia en el lugar quedó reflejada en su obra El jardín de los frailes, donde evocó la vida y el ambiente del centro educativo en tiempos anteriores al conflicto.

Tras la victoria del bando sublevado en 1939, el monasterio recuperó su función religiosa y su papel institucional, convirtiéndose además en un espacio de fuerte carga simbólica para el nuevo régimen. En este contexto, el cercano Valle de Cuelgamuros se proyectó como una prolongación monumental de esa simbología.

Ese mismo año tuvo lugar uno de los episodios más singulares vinculados al monasterio en el siglo XX: el traslado de los restos de José Antonio Primo de Rivera desde Alicante hasta El Escorial. El féretro, de unos 300 kilogramos de peso, fue portado a hombros por relevos de falangistas a lo largo de 467 kilómetros en un recorrido que se prolongó durante 11 días y 10 noches, entre el 19 y el 30 de noviembre de 1939. El cortejo avanzaba de manera ininterrumpida, atravesando pueblos donde se encendían hogueras, se iluminaba el paso con antorchas y se rezaba el De profundis.

La llegada al monasterio se produjo el 30 de noviembre de 1939. Allí, en una ceremonia presidida por el jefe del Estado, los restos fueron enterrados frente al altar mayor de la basílica, un lugar reservado históricamente a los monarcas, lo que subrayaba la dimensión simbólica del acto. Dos décadas más tarde, el 30 de marzo de 1959, tras la inauguración del Valle de los Caídos, los restos de José Antonio fueron trasladados nuevamente a ese enclave.


Para saber más:


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Un jefe de escuadra de la OJE enseña canciones en el campamento Santa María del Buen Aire, El Escorial (años 60). La instalación existió hasta 2010, en el prado de Santa María o también bosque de la Herrería [ubicación].


Esta es la piedra que fue colocada aquel día de abril de 1563, día en que astros y planetas tuvieron la alineación esperada, pues arquitectura y misticismo iban de la mano en aquellos días. La piedra mide 40 cm. de alto por 160 de largo (en la foto aparece en posición vertical). En una de sus caras se puede leer: «Dios óptimo máximo, vele por esta obra».

Durante siglos se desconocía la localización exacta de esta piedra angular, hasta que en 1971 se descubrió durante la construcción de unas nuevas cocinas en el monasterio.


España a ras de cielo. TVE

Francis Lorenzo visita el Monasterio del Escorial, allí conocerá a Juan Ignacio Cuesta autor del libro La boca del infierno: claves ocultas de El Escorial. Sabrá también de las únicas 100 personas que habitan en los 35.000 m² que tiene el monasterio. Uno de ellos es Antonio Iturbe, padre prior agustino, que contará cómo transcurre la vida dentro. Otros inquilinos son los 51 niños de la escolanía.


Un país para comérselo. TVE

Esta otra serie de televisión nos ofrece otra perspectiva de El Escorial: su parte gastronómica. Imanol Arias y Juan Echanoche, visitan el monasterio y también el restaurante Charolés, famoso por la elaboración del cocido madrileño.


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