Cuando el debate se desvía del fondo del caso
El rábano por las hojas
Ya sabemos que, en lenguaje coloquial, «coger el rábano por las hojas» es interpretar erróneamente lo que se dice, sobre todo si se hace intencionadamente, tergiversando el fondo del debate y desviando la atención hacia un sentido ajeno al argumento básico. En las reacciones ante la última decisión del juez Peinado sobre Begoña Gómez, no pocos han cogido el rábano por las hojas. Es un tema sobre el que queda mucho por opinar y escribir. Personajes populares han atacado al juez; muchos, antiguos «de la ceja». No sorprende. Mientras, eminentes juristas avalan a Peinado. Y el colofón: la sentencia de las mascarillas que, por la condena de Aldama, puede abrir muchas bocas.
Cela me comentó que a menudo se aprende más de las personas cercanas que de los libros. Traigo este recuerdo porque he aprendido del consejo que daba mi compañero Sanz Casillas al juez Peinado: que lleve a los tribunales a la ministra Diana Morant por los disparates contra él, implicando a su mujer y a su hija y, de paso, cómo no, para fustigar a Ayuso acusándola de encabezar una conspiración. Peinado debería hacerlo. Ione Belarra fue condenada a indemnizar al magistrado García-Castellón por un asunto menos grave. El ataque de Morant, la otrora «niña de Zapatero», es una constante en ella, que se ve con un papel que nunca soñó. Como tantos ministros y ministrillos.
De Zapatero a Begoña Gómez
Morant defendió ardorosamente a Zapatero en el caso Plus Ultra y en el de las joyas aparecidas como por ensalmo en su despacho, y ahora se convierte en adalid de Begoña Gómez tras la decisión del juez Peinado. Ya afirmó que la investigación sobre Zapatero era una conspiración internacional vinculada a Trump «para tumbar al Gobierno de España». Y olé. Las redes se mostraron sorprendidas de que se acusase a un magistrado sin pruebas. Ejemplo: «No me puedo creer que una ministra tenga tan poco respeto por la separación de poderes» o «Solo les falta culpar a Franco de las decisiones judiciales sobre Begoña Gómez». Y mucho más.
El triministro Bolaños, que, ocupando la cartera de Justicia, debería mostrarse más prudente, consideró el sábado «un día nefasto para quienes creen en la Justicia», que no parece ser su caso. Y se preguntó, tras la decisión judicial: «¿Quién reparará el daño causado?». Recordé aquella intervención de Sánchez en el proceso de García Ortiz, cuando se preguntaba quién le pediría perdón. Tenía que haber pedido perdón el exfiscal general tras su condena. No lo hizo. Bolaños espera arreglarlo todo con centenares de jueces del cuarto turno convenientemente seleccionados.
El CGPJ, acuciado por el Gobierno, decidió ayer (día 22) abrir la posibilidad de sancionar a Peinado, vulnerando la normativa aplicable. El CGPJ es un órgano político. Guardo una anécdota sobre ese Consejo. De joven asistía a unas comidas de sábado con amigos jueces y fiscales; algunos llegarían a las cimas de sus carreras. En una sobremesa mostraron una errata del BOE, acaso intencionada, que llamaba a la institución «Conejo General del Joder Judicial». Isabel Perelló, presidenta del TS y del CGPJ, declaró recientemente que «va a seguir firme y trabajando» y no entrará «en debates estériles que no aportan nada a la sociedad». En este caso, no sé. Su voto de calidad inclinó el resultado.
El verdadero fondo del asunto
Y volvamos al rábano por las hojas, manejo que ha venido bien para desviar la atención, como es habitual. Lo importante no es el auto de Peinado ni si se enfadan o no los policías por una cautela lógica. Lo importante es que la mujer del presidente del Gobierno cometa actos ilícitos y se la juzgue por ello. No hay precedentes. Y no olvidemos el origen: atribución de una cátedra, sin cumplir los requisitos, llamando al rector de la Complutense a Moncloa; cartas de recomendación que grandes empresas atendieron; la personación como perjudicada de la Complutense, que reclama a Begoña Gómez una compensación económica por presunta apropiación indebida de un software. Y más. Sin entrar en los casos de sus compañeros de banquillo, Cristina Álvarez y Juan Carlos Barrabés.
Otro juego de despistes es la utilización del enfado de asociaciones policiales porque, según opinan, se pone en duda su independencia. Es un tema estrictamente procesal y deberían saberlo. Dependen del ministro del Interior, que depende del presidente, y el juez tiene la obligación y la responsabilidad de justificar, según su criterio, las decisiones de su auto, sobre todo de cara a las defensas. Lo inaudito no es que el juez decida cautelas, sino que la mujer del presidente, que ha hecho no pocos viajes a República Dominicana, ahora acusada de delitos que supondrían años de cárcel, recibiese un trato especial. O somos o no somos iguales ante la ley. Esas asociaciones policiales han sido inducidas o son exageradas. Roldán se fugó con vigilancia especial, y Puigdemont también, y luego intervino en un acto en Barcelona teniendo órdenes de detención. Después resultó que estos casos eran una filfa.
La situación política
Rociamos los medios de comunicación del mundo con noticias escandalosas. Y sin dimisiones ni anuncio de elecciones. En un país democrático normal, el presidente del Gobierno hubiese dimitido hace tiempo; no en España. Sánchez confía en un censo engordado desde la llamada «ley de nietos», que ya es de bisnietos, y la acogida y regularización masiva contra los criterios de la UE. La deshonestidad unida al sectarismo y a la no descartable ruptura de España. Solo para que Sánchez se atrinchere en Moncloa.
Artículo firmado por Juan Van-Halen, publicado en el digital El Debate (23/06/2026), bajo el título El rábano por las hojas. Compartido en LRP con permiso del autor.
- Lectura opcional en el sitio web originario: https://www.eldebate.com/opinion/...
