El mestizaje hispano como identidad común.

Una reflexión sobre el mestizaje como rasgo definitorio del mundo hispánico, contrapuesto a modelos coloniales segregacionistas y reivindicado como legado cultural, histórico y espiritual común.

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El mestizaje hispano como identidad común.

Una herencia mestiza anterior a América

Para muchos de los anglosajones, de los useños, solo se consideran blancos a los caucásicos: a ellos mismos. La historia de genocidios de los pueblos indígenas en la América del Norte o en las colonias belgas o alemanas es abrumadora. Frente a esa política, representada por la consigna de «el mejor indio, el indio muerto», que llevó a la práctica desaparición de los aborígenes norteamericanos, la colonización española, basada en la igualdad de derechos, condujo al profundo mestizaje presente en todas las naciones de origen español, de lengua española y de religión y cultura predominantemente cristianas.

Pero ese mestizaje no fue —ni es— una nueva creación política de los Reyes Católicos ni de aquellos primeros reyes evangelizadores, sino que llevaron a América su propia esencia, nuestra propia esencia racial. Raza que, para los useños y los europeos del Norte, no está firmemente considerada blanca «pura», y con razón… ¿Cómo considerar caucásicos, blancos, a unos españoles que sufrieron durante casi ocho siglos la dominación árabe-musulmana, con el mínimo reducto asturiano de Don Pelayo o la franja vascongada?


La latinidad integradora de la Hispanidad

¿Y cómo hacerlo en las pobladas ciudades mediterráneas, con fenicios, cartagineses, bizantinos o con los bárbaros que vinieron del norte…? Solo la fortaleza del catolicismo, la gran tarea de la Reconquista, ha hecho prevalecer entre nosotros la latinidad, que ha sabido integrar en la raza hispana todas aquellas participaciones. Y cuando, recién vencido el islam en Granada, esa raza integradora llegó a América —y después a Filipinas o Guinea— continuó aplicando allí lo que había ejercido aquí.

Así, se fueron asimilando e integrando gran parte de las costumbres y culturas aborígenes, que lograron ampliar y compartir lengua, religión, civilización y cultura. Cuando la Hispania europea llegó a América, ya era mestiza, y allí consiguió la síntesis superadora de blancos, indios y negros. Mientras los otros —los del indio muerto— miran con disimulado desprecio el mestizaje, nosotros —el mundo hispanoamericano, hispanoasiático e hispanoafricano— lo presentamos, orgullosos, como bandera.


Un espacio cultural con vocación de futuro

Y mientras los otros —los del indio muerto y el patio traseropregonan el panamericanismo, que, en el fondo, solo es la explotación de los países ricos sobre los veintidós países pobres, el mundo hispánico aparece unido por vínculos históricos, culturales y religiosos. Pero, cuidado: esas repúblicas, veintidós, unidas a España y Portugal, suman más de 600 millones de habitantes, que comienzan a estar en condiciones de disputar la hegemonía a las grandes poblaciones asiáticas —India y China—.

Cuyo crecimiento parece en riesgo de colapso, mientras que Iberoamérica es un continente casi vacío. El mestizaje es la más trascendente misión que puede afrontar el catolicismo en esta época, y nadie puede aportar más experiencia que España y Portugal, con Brasil como la nación con más católicos del mundo y México como la de más hispanohablantes. Vinculados por lengua, religión y cultura, con un 90 % de blancos en Argentina, un 63 % de indios en Bolivia y un 88 % de mestizos en Nicaragua, los "22+2" estamos en condiciones de afrontar más vínculos.


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