SEMBLANZAS
Manuel Hedilla, lealtad sin renuncia
Figura clave de la Falange histórica, Manuel Hedilla encarnó la continuidad política y moral de José Antonio, defendiendo la autonomía del movimiento frente a la unificación impuesta por Franco.
De Renedo de Piélagos a la primera línea falangista
Hedilla se afilió a Falange Española a finales de 1933. Primero fue jefe local de Renedo de Piélagos (Santander); después, jefe provincial de Santander, nombrado por José Antonio, y además consejero nacional.
Ya en la primavera del 36 fue nombrado por José Antonio «Inspector Nacional» y miembro de una Junta de Mando que estableció también el propio José Antonio cuando le trasladaron a la cárcel de Alicante. Esa Junta estaba compuesta por su hermano Fernando Primo de Rivera (enlace directo con el Ejército), Manuel Mateo (jefe de los Sindicatos Obreros falangistas) y Manuel Hedilla, a quien, como hemos dicho, José Antonio encargó inspeccionar la totalidad de las provincias españolas y realizar un informe sobre la realidad de la Falange en la primavera del 36.
Durante la Guerra Civil, fue nombrado primero jefe de la Junta de Mando Provisional y, posteriormente, fue elegido por el Consejo Nacional de Falange como II Jefe Nacional, al tenerse constancia de la muerte de José Antonio.
Al momento de su afiliación se unieron a Falange con él los miembros del Sindicato Autónomo de Trabajadores de la SAM (Sindicatos Agrícolas Montañeses), cooperativa de ganaderos montañeses creada para el tratamiento y comercialización de productos lácteos, empresa donde trabajaba Hedilla.
El ala obrerista y la misión de reorganizar Falange
En el II Consejo Nacional de Falange, celebrado en Madrid en noviembre de 1935, redactó junto a Manuel Mateo, antiguo militante comunista, la ponencia acerca del paro obrero; ambos representaban el ala más obrerista de la Falange.
En las elecciones de febrero del 36, que terminaron con el triunfo fraudulento del Frente Popular, fue candidato de Falange junto a Julio Ruiz de Alda por la provincia de Santander, aunque, tras un acuerdo con los tradicionalistas, Falange retiró su candidatura a favor del carlista José Luis Zamanillo, cumpliendo, obviamente, las instrucciones de la Jefatura Nacional.
En la primavera de 1936, José Antonio le llamó a Madrid y le nombró, con plenos poderes, «Inspector Nacional» de la organización falangista, con el encargo de reordenarla y reorganizarla en toda España, por lo que Hedilla dejó de ser jefe provincial de Santander, pasando dicha jefatura a Martín Ruiz Arenado.
Preso José Antonio en la Cárcel Modelo de Madrid y declarada ilegal la Falange, Hedilla, entre otras muchas misiones, fue el encargado de imprimir y distribuir por toda España la carta a los militares españoles redactada por el fundador de Falange en prisión.
La Falange clandestina y el enlace con el alzamiento
Una vez constituida la Falange clandestina, y ante la más que posible inminencia del alzamiento cívico-militar contra el Gobierno del Frente Popular, cuyas condiciones se estaban pactando entre el propio José Antonio y la cúpula militar, especialmente con el general Mola, José Antonio, cuando le trasladaron a Alicante, encargó la dirección de la Falange a su hermano Fernando —luego asesinado en Madrid tras el 18 de julio—, junto con Manuel Mateo y Manuel Hedilla.
Todos ellos se multiplicaron tanto en enlazar con el general Mola, de cara al 18 de julio, como en preparar la participación falangista en la rebelión cívico-militar, viajando a esos efectos por la mayoría de las provincias españolas para solventar graves problemas que se estaban produciendo ante el cierre de los centros de Falange, la supresión de la propaganda y la detención de jefes y cientos de militantes.
Manuel Mateo y Manuel Hedilla intercambiaron, por razones de seguridad, su documentación, llevando cada uno la del otro. Cuando Manuel Mateo fue detenido en Madrid por milicianos comunistas tras el 18 de julio, vivía con su novia en un piso alquilado a nombre de Manuel Hedilla. Detuvieron a Mateo tras seguir a su novia, antigua comunista también, y así fue localizado. Fue salvajemente torturado y después asesinado por sus antiguos camaradas.
Vigo, Burgos y la jefatura en tiempo de guerra
El 18 de julio del 36, Manuel Hedilla estaba en Vigo reorganizando la Falange gallega, y fue elemento clave del éxito del levantamiento, ya que Vigo era el núcleo urbano gallego de mayor presencia izquierdista y hubo violentos combates en el barrio de Lavadores, donde Hedilla combatió en primera línea, pistola en mano, junto a sus camaradas gallegos.
En agosto del 36 llegó Hedilla a Burgos llevando consigo un convoy de suministros para los falangistas burgaleses, que fueron, de entre todas las provincias castellanas, los que mayor número de camaradas aportaron a la sublevación.
De forma natural, junto a Agustín Aznar y José Sainz, ambos consejeros nacionales (el primero jefe nacional de Milicias y el segundo miembro de la Junta Política y jefe territorial de la Falange manchega), asumieron los tres el mando de la Falange en guerra.
El 2 de septiembre del 36, en el salón de claustros de la Universidad Literaria de Valladolid, a propuesta de Agustín Aznar, fue nombrado Manuel Hedilla «jefe de la Junta de Mando Provisional de Falange», y se nombró secretario de esta a Francisco Bravo, antiguo jefe provincial de Salamanca y también consejero nacional.
El crecimiento de una organización de combate
A partir de ahí, y hasta el Decreto de Unificación de abril de 1937, llegó la época de mayor desarrollo y crecimiento de la organización falangista, hasta tal punto que su poder en «zona nacional» puede considerarse como la existencia de un mini-Estado dentro del Estado campamental existente.
Tenía Falange una Primera Línea combatiente en Banderas formada, a finales del 36, por más de 80.000 miembros, con logística y mandos propios.
Una de las principales labores de la Junta de Mando fue el reclutamiento y organización de las milicias falangistas, encuadradas y equipadas lo mejor posible, que luchaban en el frente junto a requetés y al Ejército.
Igualmente, se crearon dos academias militares de jefes de centuria, una en Pedro Llen (Salamanca) y otra en Sevilla, encaminadas a crear mandos militares falangistas para que pudieran comandar las unidades de milicias azules.
A partir de diciembre del 36, y desde el Cuartel General del general Franco, se procedió a militarizar las milicias falangistas, obligando a que fueran mandadas por jefes militares, a ser posible afines o simpatizantes de Falange, pero conservando estas su uniformidad, banderas y mandos políticos. Lo que representó en la práctica, y hasta el Decreto de Unificación de abril del 37, que estas siguieran dependiendo en algunos aspectos de la Junta de Mando falangista, aunque, por supuesto, con mando directo del Ejército
Segunda Línea, Auxilio de Invierno y labor social
Igualmente, en la retaguardia operaba la llamada Segunda Línea, formada por cerca de 50.000 miembros que, al contrario de lo que se ha dicho, no se dedicaba a labores de represión, sino de auxilio, ayuda, control político y propaganda.
Cabe destacar la creación de Auxilio de Invierno, dirigida y fundada por Mercedes Sanz Bachiller, organización humanitaria perteneciente a la Segunda Línea creada para proporcionar abrigo, refugio y alimento a los más necesitados.
La fotografía de Manuel Hedilla Larrey fue tomada el 28 de febrero de 1937 (está coloreada mediante IA). El lugar es el barrio de Pizarrales, en Salamanca. La imagen documenta el momento en que Hedilla, como jefe de la Junta de Mando Provisional de la Falange, pronunciaba un discurso durante la inauguración de un nuevo comedor de Auxilio Social (entonces llamado Auxilio de Invierno). En la escena completa, Hedilla aparece acompañado por Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de la Falange. Este evento ocurrió apenas un par de meses antes de su enfrentamiento directo con Franco por el Decreto de Unificación, que terminó con su arresto y condena. Ver el vídeo del acto.
La disciplina moral y la idea de justicia
En su discurso de Nochebuena de 1936 en Radio Nacional, Hedilla dijo lo siguiente:
«Y me dirijo a los falangistas que se cuidan de las investigaciones políticas y policiales en las ciudades, y sobre todo en los pueblos. Vuestra misión ha de ser obra de depuración contra los jefes cabecillas y asesinos. Pero impedid, con toda energía, que nadie sacie odios personales, y que nadie castigue o humille a quien, por hambre o desesperación, haya votado a las izquierdas».
«Todos sabemos que en muchos pueblos había —y acaso hay— derechistas que eran peores que los rojos. Quiero que cesen las detenciones de esa índole y, donde las haya habido, es necesario que os convirtáis vosotros en una garantía de los injustamente perseguidos».
«Y allí donde os encontréis, estad resueltamente dispuestos a oponeros a procedimientos contra los humildes. La Falange ha de estar en todos los sitios con la cara muy alta, para poder defenderse de sus muchos enemigos. Queremos la salvación y no la muerte de los que, en su inmensa mayoría, tenían hambre de pan y justicia. Pero tenían, también —ya lo habéis visto con nuestro crecimiento—, hambre de Patria».
Así hablaba Hedilla.
La Junta de Mando creó también el Servicio Exterior, que quedó bajo la dirección del diplomático y futuro biógrafo de José Antonio, Felipe Ximénez de Sandoval. El servicio comenzó a establecer delegaciones en Europa e Hispanoamérica, que funcionaban en paralelo a las embajadas de España.
También Hedilla prestó especial atención a todo lo relacionado con las Vascongadas y Cataluña, llegando a patrocinar y crear las Centurias de voluntarios falangistas de Montserrat, en cuyas filas estuvieron combatiendo apellidos ilustres como Martín Busutil, Antonio Geis, Caralt, Muntadas u Oliveras de la Riva. El hecho incomodó sobremanera a las altas instancias políticas de la España rebelde.
Prensa, propaganda y revolución pendiente
Sin embargo, el mayor desarrollo del movimiento falangista se produjo en su Prensa y Propaganda, a cuyo frente estaban Vicente Cadenas y Vicente Gaceo.
Se crearon periódicos en la mayoría de las provincias, así como revistas, tales como Fotos y Jerarquía, con lo que la influencia falangista en la retaguardia nacional se fue haciendo cada vez más poderosa.
Igualmente, la Jefatura de Prensa y Propaganda, cumpliendo órdenes de Hedilla, imprimió y distribuyó textos de José Antonio, siendo el más importante el del mitin del cine Europa del 2 de febrero del 36, del que cabe destacar lo siguiente:
«…el capitalismo liberal desemboca, necesariamente, en el comunismo. No hay más que una manera, profunda y sincera, de evitar que el comunismo llegue: tener el valor de desmontar el capitalismo, desmontarlo por aquellos mismos a quienes favorece, si es que de veras quieren evitar que la revolución comunista se lleve por delante los valores religiosos, espirituales y nacionales de la tradición. Si lo quieren, que nos ayuden a desmontar el capitalismo, a implantar el orden nuevo».
Con ello se hacía especial hincapié en que la revolución era el principal e irrenunciable objetivo de Falange una vez terminada la guerra.
El Decreto de Unificación y la ruptura interna
Ante ello, y sobre todo por el deseo de Franco de detentar la totalidad del poder, no solo militar sino también político, nació primero la idea y luego se desarrolló y llevó a cabo el «Decreto de Unificación», que acabó con Falange Española como organización política independiente, pasando a ser una nueva organización, solo con formas externas falangistas, pero bajo la dirección total de Franco.
La Falange, y en su nombre Manuel Hedilla, solo aspiraba a conservar la autonomía de Falange y prepararla, una vez conseguida la victoria, para la Revolución. En ningún momento Hedilla pretendió poner en peligro la victoria militar, que estaba supeditada a cualquier otra causa.
Cabe preguntarse si la unidad de mando preconizada por Franco, como principal motivo de la unificación, justificaba esta. Entiendo que no; de no llevarse a cabo, la victoria no estaba en peligro.
Falange ni quería ni podía rebelarse contra Franco como jefe militar, pero sí aspiraba, al término de la contienda, a dirigir la política nacional e instaurar sus postulados revolucionarios.
Los legitimistas y la caída de Hedilla
Franco no lo consintió y contó, para vergüenza de Falange, con la colaboración de un grupo de falangistas llamados los «legitimistas» que, por estulticia, ansias de poder y falta de visión política, en el peor momento y cuando más se necesitaba estar y actuar unidos, conspiraron contra Hedilla y colaboraron inconscientemente con Franco.
Primero se opusieron teóricamente a la unificación, obligando a Hedilla a que se enfrentara al general Franco y, después, cuando vieron las «orejas al lobo», se pusieron a las órdenes de Franco. Entre ellos estaban Pilar Primo de Rivera, Dionisio Ridruejo, Sancho Dávila y otros dirigentes falangistas.
Se detuvo a Hedilla por no aceptar su nombramiento como miembro de la nueva Junta Política de la organización surgida de la unificación, FET y de las JONS, luego llamado Movimiento Nacional. Se le acusó injustamente de haber intentado rebelar a la Falange contra Franco, lo que era totalmente falso, y además se le abrió un segundo Consejo de Guerra al imputársele la responsabilidad del enfrentamiento entre facciones falangistas en Salamanca, que finalizó con la muerte de varios de ellos: Alonso Goya, por parte de los hedillistas, y Peral, guardaespaldas de Sancho Dávila, perteneciente a la facción denominada «legitimista».
Se le juzgó y condenó a muerte. Las dos penas de condena a muerte fueron conmutadas por prisión.
Prisión, destierro y fidelidad hasta el final
Posteriormente, y después de muchos años de prisión y destierro, fue indultado. Con Hedilla fueron detenidos y perseguidos cerca de un millar de falangistas; muchos fueron condenados a muerte y después indultados, pasando muchos años en prisión. Recordamos de entre ellos a Vicente Gaceo (el pequeño y valeroso Gaceo como gustaba llamarle a José Antonio).
A partir de ahí ya no hubo Falange: la Falange murió, pero la mayoría de los falangistas, de buena fe, siguieron defendiendo sus ideas en lo que ya era la «Franco-Falange».
Manuel Hedilla estuvo primero preso en la cárcel de Las Palmas de Gran Canaria y después confinado en Palma de Mallorca. Entre una y otra se le trató de comprar por el Régimen ofreciéndole la Jefatura de la Delegación Nacional de Sindicatos, propuesta que rechazó.
Así era Hedilla: un hombre lleno de dignidad y fiel a José Antonio, la manera de ser, más que la de pensar, preconizada por el fundador de Falange.
Una vez liberado vivió los años más felices de su vida junto a su familia y no quiso saber nada de política. Solo antes de morir se embarcó en un prometedor proyecto llamado «Frente Nacional de Alianza Libre» (FNAL), que era ni más ni menos una especie de Falange actualizada sin coreografía externa.
Hedilla falleció el 4 de febrero de 1970.
Manuel Hedilla. ¡Presente!
Publicado en Historias - Memoria Azul. Breves semblanzas de antiguos falangistas y otros relatos históricos de la primera época de la Falange. Abrir etiqueta Memoria Azul en LRP.
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