UN MES DECISIVO DE 1936
Petón reconstruye el último marzo de José Antonio
La pequeña agenda que José Antonio Primo de Rivera utilizó durante marzo de 1936 sirve a Petón para reconstruir relaciones, ideas, proyectos y estados de ánimo del fundador de Falange Española en las semanas previas a su encarcelamiento y a la tragedia de la Guerra Civil
Una agenda mínima para una gran investigación
José Antonio Martín Otín (Petón) nos vuelve a sorprender con una nueva investigación sobre el fundador de Falange Española. Entre los objetos y pertenencias que, tras su fusilamiento en Alicante, dejó José Antonio en una maleta de piel y que, después de numerosas vicisitudes, pasó hace décadas a manos de su sobrino Miguel Primo de Rivera, el periodista se fijó en una minúscula agenda que le había sido regalada por el Colegio de Abogados.
Tirando del hilo de su extraordinario y sorprendente contenido, nos ofrece una visión algo diferente de la personalidad y las actitudes de su propietario. El texto anotado transcurre durante un mes completo, desde el 1 hasta el 29 de marzo de 1936. Martín Otín clasifica, glosa y analiza con gran sagacidad los contenidos, basándose fundamentalmente en los nombres de las personas citadas y en algunos conceptos, adjetivos y confesiones correspondientes a aquellos difíciles momentos.
Estas anotaciones coinciden con la víspera de su primer encarcelamiento, el proceso judicial posterior y su estancia en la cárcel Modelo de Madrid. En ellas encontramos diagnósticos certeros sobre las personas que le visitan, referencias a algunas tareas de su despacho de abogado y observaciones acerca de sus camaradas, especialmente de los miembros de la Junta Política, también recluidos en aquel recinto penitenciario.
El mundo de relaciones de José Antonio
En las primeras anotaciones, anteriores a su ingreso en prisión el 14 de marzo, únicamente aparecen citas y nombres de personas con las que debía relacionarse durante aquellas fechas.
Petón recuerda así las poco conocidas relaciones de José Antonio con políticos y escritores catalanes como Cambó o Josep Pla, de quien sabemos que escribió artículos sin firma en El Diario Vasco durante los años 1938 y 1939. También aparecen los comentarios de Sánchez Albornoz sobre el error que supuso su fusilamiento.
Asimismo, se analiza su insólita propuesta, formulada desde Alicante, de constituir un Gobierno de concentración presidido por Diego Martínez Barrio, con la participación de Portela, Prieto, Sánchez Román, Ortega o Marañón. Del mismo modo, se recuerda su oferta durante el juicio para intentar detener la Guerra Civil desplazándose a Burgos con el fin de negociar un pacto imposible con los militares sublevados.
Las conocidas opiniones de Serrano Suñer acerca del tono de las relaciones entre José Antonio y Franco, así como las escasamente fluidas de Leopoldo Panizo —jefe territorial de Asturias— con la familia Polo, aparecen igualmente reflejadas en estas páginas.
Su encuentro con el conde de Villapanés sirve además para destacar la antipatía que sentía hacia Acción Española, Calvo Sotelo y Alfonso XIII.
El manifiesto de la Modelo y las discrepancias de la derecha
El duro manifiesto lanzado desde la cárcel Modelo en junio de 1936 —«Vista a la derecha, aviso a los madrugadores, la Falange no es una fuerza cipaya»— ocupa un lugar destacado en el análisis de Petón. Aquel texto dio lugar a un ataque tan pérfido como encubierto por parte de algunos de sus enemigos más íntimos.
La respuesta llegó desde las páginas de La Época el 1 de julio de 1936. El artículo, salido de la pluma de quien más tarde sería ministro de Franco, Juan Vigón, estaba inspirado por Ignacio Escobar, marqués de las Marismas. José Antonio respondería de forma contundente desde la cárcel de Alicante.
La referencia a la anarcofalange
Marciano Durruti y la denominada coloquialmente anarcofalange, en ocasiones con casos de doble militancia, aparecen también en estas páginas. Conviene recordar aquí los importantes trabajos del sindicalista joseantoniano Ceferino Maestú sobre figuras como Álvarez de Sotomayor, Manuel Mateo, Moldes, Rocatallada, Guillén Salaya, Olalla o Camilo Olcina, algunos de ellos procedentes de tierras leonesas.
Todo ello guarda relación con una cita de José Antonio con el hermano falangista del legendario dirigente de la FAI, Buenaventura Durruti. Este último, como es sabido, murió —¿accidentalmente?— cerca del Puente de los Franceses de Madrid el mismo día que José Antonio.
La coincidencia permite a Martín Otín establecer otro llamativo paralelismo. Se trata del protagonizado por Manuel Font de Anta, compositor de música procesional y autor de la célebre marcha Amarguras. Cuando fueron a buscar a su domicilio a su hijo Juan para darle el paseo, el padre afirmó ser él y terminó siendo fusilado junto al puente. En aquellos terribles días se produjeron casos de sacrificio, sustitución y canje humano extraordinariamente semejantes.
El SEU y la cuestión del mando
En otra anotación de la agenda, correspondiente a una reunión celebrada el 13 de marzo, José Antonio recoge los intentos de los estudiantes católicos por apropiarse del nombre del SEU sin vincularse orgánicamente a Falange.
José Antonio se opone. Da largas a la propuesta y rechaza la fórmula de un triunvirato de fusión. Tampoco desea ningún Frente Nacional. Su idea sigue siendo la de un mando único, controlado directamente por la organización.
Los juicios sobre los camaradas de la Junta Política
Uno de los aspectos más interesantes de la agenda, desde mi punto de vista, son las apreciaciones que José Antonio realiza sobre sus camaradas de la Junta Política, recluidos junto a él en la cárcel Modelo.
Petón considera que muchas de aquellas valoraciones resultaron extraordinariamente acertadas a la luz de los acontecimientos posteriores. Así, aparecen referencias a Valdés, caracterizado por su perfil de deportista y atlético; a Sánchez Mazas, definido como miedoso y vaticanista; a Raimundo Fernández-Cuesta, presentado como moderado, amigo mayor y mentor; a Ródenas, el más joven, considerado el intelectual más brillante del SEU y miembro de La Barraca de García Lorca; y a Bassas, responsable jurídico de Barcelona.
Pero quizá el camarada que más admiración despierta sea Julio Ruiz de Alda. Militar, técnico de la incipiente aviación española y héroe de la hazaña hispanoamericana del Plus Ultra, era probablemente quien más coincidía y sintonizaba con el espíritu ideológico y estratégico de la Falange joseantoniana.
Julio Ruiz de Alda y la fidelidad hasta el final
Cuando, una vez estallada la Guerra Civil, le comunicaron a Julio Ruiz de Alda que, gracias a una serie de contactos —¿Ansaldo?, ¿su esposa Amelia Azarola, que había sido alumna predilecta del doctor Negrín?—, podría tener ocasión de evadirse de la cárcel, formuló una única pregunta: «¿Los demás camaradas también?».
Al recibir una respuesta negativa, rechazó la posibilidad de escapar. Su actitud coincidía plenamente con la del fundador de Falange. Asimismo, su postura respecto al golpe militar que se preparaba era similar a la de José Antonio: no consideraba conveniente apoyar una sublevación de carácter meramente reaccionario.
Aquella posición contribuyó a evitar una fractura interna en Falange, aunque no pudo impedir que Ruiz de Alda terminara siendo brutalmente asesinado durante las trágicas jornadas del 22 de agosto de 1936 en la cárcel Modelo de Madrid.
Los procesos contra José Antonio
Mientras tanto, los procesos judiciales contra José Antonio se sucedían uno tras otro. Primero llegó el cierre de los locales de Falange y su posterior ilegalización. Después, el procedimiento abierto a raíz de su comentario sobre la ruptura de los precintos con «los cuernos» del responsable de Gobernación, Alonso Mallol.
A ello se añadió la acusación por tenencia ilícita de armas, derivada de las famosas pistolas aparecidas en su despacho. Una cadena de actuaciones judiciales y administrativas que acabaría conduciéndole a su traslado a Alicante y a un régimen de aislamiento cada vez más severo.
Manuel Azaña y Elizabeth Bibesco
Existen indicios, y algunos datos parecen corroborarlo, de que Manuel Azaña, principal representante del republicanismo moderado, mantenía una cierta sintonía intelectual y personal con José Antonio.
Ambos compartían amistad con quien habría de convertirse en el amor oculto y prohibido del protagonista: Elizabeth Asquith, hija del antiguo primer ministro británico y también la desgraciada esposa del conde rumano Bibesco. Este asunto ya fue tratado anteriormente por Martín Otín y sirvió además de inspiración para la obra musical Mi Princesa Roja, estrenada en Madrid en 2015.
El autor plantea la hipótesis de que Azaña intentó alejar a José Antonio de Madrid para evitarle un destino semejante al que posteriormente sufrirían Julio Ruiz de Alda y otros camaradas encarcelados. Sin embargo, su caída política, la llegada de Largo Caballero y el predominio de los sectores más radicales del Frente Popular terminarían desembocando en una pantomima judicial y, finalmente, en el fusilamiento de José Antonio en Alicante.
Un caso poco habitual
Confieso ser un ser extraño, ya que mi escaso interés por el deporte rey —lo siento, Petón— nunca me ha llevado a presenciar en directo un partido de fútbol en un estadio.
Mi antiguo mentor, el catedrático y comunicólogo Felicísimo V., durante unas vacaciones compartidas en Gandía, comentó a uno de mis cuñados, siempre enfrascado en un diario deportivo, que sería muy bueno dejar durante unas semanas la lectura del Marca para adentrarse en otros ámbitos del periodismo.
No es, desde luego, el caso tan peculiar de Petón. Su trayectoria demuestra una curiosidad intelectual y una amplitud de intereses que trascienden con mucho el ámbito deportivo y que vuelven a ponerse de manifiesto en esta nueva investigación
Memoria, insomnio y militancia
Emil Cioran, intelectual rumano y antiguo dirigente de la Guardia de Hierro de Codreanu, sostenía en uno de sus ensayos que las noches de insomnio habían sido siempre extraordinariamente productivas. Y es cierto. Durante dos décadas trabajé muchas horas en ese tiempo suspendido que existe entre la noche y el amanecer.
Mi Gobierno de coalición ideal, una pura ucronía, habría estado presidido por José Antonio y acompañado siempre por Julio Ruiz de Alda. También por Ramiro Ledesma y, quizás, por Prieto, Azaña, la Bibesco, Emil Cioran y algunos otros personajes que habitaban aquella prodigiosa y ordenada mente.
Muchas de las reflexiones aportadas por Petón me han provocado emociones que, estoy seguro, comparten otros camaradas. Me han retrotraído a 1966 y a las sensaciones que experimenté cuando leí Hacia José Antonio (1958), un texto prácticamente sustraído a la memoria oficial, escrito por el inolvidable camarada catalán y vieja guardia Luys Santa Marina, que llegó a sufrir tres condenas de muerte.
Tiempos de militancia en el desaparecido FES
Aquella lectura me impulsó, poco después, a escribir un guion de prácticas para segundo curso de la Escuela Oficial de Radiodifusión y Televisión: Proceso a un rebelde (1968).
Supongo que aquella obra habrá desaparecido ya por completo de los archivos, aunque todavía conservo el guion y tengo intención de ponerlo a disposición pública. Estaba basado en documentos originales del proceso de Alicante, algunos de cuyos fragmentos han sido recogidos en estas páginas gracias a Frente a Frente, de J. M. Mancisidor, un libro semiclandestino que permaneció prohibido durante diecisiete años.
Tras el fallecimiento del jurista en 1968, recuperamos en nombre del FES buena parte de la edición que permanecía almacenada en su domicilio, situado detrás de la plaza de Cibeles. Participamos en aquella tarea Nico Poveda, Mariano Redondo, José María Ovejero y quien esto escribe.
Recuerdos de una generación
Ya relaté en otra ocasión el incidente que vivimos con el conductor del motocarro cuando descubrió la portada original del libro. Consideró que aquel diseño resultaba peligroso y casi subversivo. Habíamos depositado los ejemplares en la acera del edificio central de Correos para trasladarlos posteriormente al local de la Asociación de Alumnos del Ramiro de Maeztu y organizar desde allí su distribución callejera.
Más tarde, Francisco Martín Castillo —Caco para todos nosotros—, excelente militante del FES, junto con su camarada Juanjo Roldán, emprendió una intensa búsqueda en la Biblioteca Nacional y logró localizar nuevos materiales relacionados con el informe original del proceso de José Antonio allí conservado.
Tuve ocasión de reunirme con Caco en la residencia de El Escorial apenas unas semanas antes de su fallecimiento, en 2018. Fue un camarada ejemplar, médico de profesión, que padeció una grave enfermedad y murió demasiado joven.
Las cinco rosas de Génova
Todavía le recuerdo ascendiendo por una larga escalera apoyada en la fachada de la casa del Jefe, en la calle Génova, durante los actos del centenario de su nacimiento. Allí colocó cinco rosas junto a la conocida placa que aún permanece en el edificio.
Parece que los responsables de aquella sede administrativa retiraron apresuradamente los pétalos cuando todavía estaban frescos. Gobernaba España por entonces un conocido antiguo miembro del FES.
Ni siquiera en aquella fecha —2003— el fundador de Falange tuvo derecho a un modesto sello de Correos que recordara su figura.
Petón y la biografía humanizante de José Antonio
A través de este último trabajo, aunque no exento de interpretaciones polémicas, Petón continúa profundizando en la dimensión humana de José Antonio mediante el estudio de esta minúscula agenda joseantoniana.
En mi modesta opinión, junto a las aportaciones de Arnaud Imatz en el terreno ideológico; Adolfo Muñoz Alonso en el filosófico; Ceferino Maestú en el sindicalismo revolucionario; y Narciso Perales y Sigfredo Hillers por su fidelidad vital al pensamiento joseantoniano, las reflexiones de Petón constituyen una referencia imprescindible.
Todos ellos contribuyen, desde perspectivas distintas, a comprender mejor a uno de los personajes más influyentes, complejos y discutidos de la historia contemporánea de España.

