UNA AMISTAD INCÓMODA
¿Federico García Lorca y José Antonio eran amigos?
Un testimonio que desafía los tópicos
No hace mucho, un entrañable camarada me decía que creía que la historia que contó el poeta Gabriel Celaya acerca de la amistad entre Lorca y José Antonio no era cierta. Lo razonaba en que, al ser Celaya comunista y vivir en el San Sebastián de la posguerra, era un hombre temeroso, o bien de ser detenido por la policía o de ser víctima de ataques físicos por parte de la extrema derecha, lo que le empujó a inventarse bondades de José Antonio.
Si esa fue la razón, Celaya eligió mal, pues juntar a Lorca y al fundador de la Falange en esa época nunca estuvo bien visto por las autoridades franquistas. Al primero lo tachaban de masón, socialista y homosexual, sin más razones para explicar su supuesta maldad; y al segundo lo pusieron en un pedestal, a modo de ángel, lleno de virtudes más allá de las humanas, entre las que no se encontraba la de tener relación alguna con el gran poeta granadino.
Yo creo que la historia es cierta.
El relato de Gabriel Celaya
Esta es la historia de Celaya. En un encuentro que tuvo con Lorca en marzo de 1936, iba el poeta granadino acompañado del arquitecto falangista José Manuel Aizpurúa, negándose Celaya a saludar a este último, lo que le reprochó después García Lorca, que comparó a Aizpurúa con José Antonio, diciéndole que era un chico, al igual que el jefe falangista, de gran sensibilidad e inteligencia.
Contándole a continuación que todos los viernes cenaba con José Antonio, yendo ambos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque «ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me conviene que me vean con él».
García Lorca era un hombre esencialmente apolítico que deseaba llevarse bien con todo el mundo. Contaba entre sus amigos con escritores de todos los colores políticos, pero temía especialmente que se supiese de su relación con José Antonio debido a la especial inquina, en muchos casos por desconocimiento y fruto de la propaganda, de los izquierdistas, como por ejemplo el poeta sevillano Luis Cernuda o el madrileño, también comunista, José Bergamín, y sobre todo Rafael Alberti, el más beligerante de ellos.
Lorca, entre la República y la independencia intelectual
Pero Lorca no pertenecía a ningún partido, ni de derechas ni del Frente Popular, lo que no era óbice para que, inducido por estos últimos, firmase manifiestos y declaraciones políticas
Desde luego no era de derechas, sino más bien republicano, con tendencias teóricamente propias de la izquierda, como la justicia social y el progreso; todo ello acompañado de una fe católica, ejercida a su manera, que le acompañó hasta su asesinato.
No está de más recordar que su familia era creyente y que él fue bautizado con el nombre de Federico del Sagrado Corazón.
La admiración de José Antonio por el poeta granadino
De todos son conocidas las aficiones literarias de José Antonio, así como su deseo de rodearse de escritores en su quehacer político. Ahí están Rafael Sánchez Mazas, Dionisio Ridruejo, Agustín de Foxá, José María Alfaro, Eugenio Montes, Samuel Ros, etc.
José Antonio no solo quería crear una fuerza política que respondiese a una ideología en construcción, sino que pretendía dotarla de un estilo ético y literario que permitiese definirla no solo como una manera de pensar, sino también como una manera de ser.
«...a la victoria que no sea clara, caballeresca y generosa preferimos la derrota, porque es necesario que, mientras cada golpe del enemigo sea horrendo y cobarde, cada acción nuestra sea la afirmación de un valor y de una moral superiores...». Rafael Sánchez Mazas. Oración a los caídos.
Parece obvio, por lo tanto, que José Antonio tratase de captar para la Falange a García Lorca —«sería el poeta de la Falange», decía—, al que admiraba profundamente.
José Antonio no lo sabía, pero era un deseo imposible. Por otra parte, el asesinato de ambos truncó esa imposibilidad.
Testimonios y huellas de una relación posible
Aparte de lo que contó Celaya, no existen muchas pruebas, refiriéndome a esa amistad, de que ello fuese así. Sin embargo, sí las hay, especialmente en testimonios orales y escritos.
El mismo Celaya dice, así lo recoge Ian Gibson en su biografía de José Antonio, de 1980, que Federico García Lorca le presentó a José Antonio en un cabaret de Madrid que se llamaba Casablanca. Fue en 1934 y allí acudió Celaya con otros amigos y, al aparecer, se encontraron con Federico, que estaba con José Antonio.
Es muy recomendable la lectura del libro Rosas de plomo. Amistad y muerte de Federico y José Antonio (2015), de Jesús Cotta. Estudia y relata la cuestión con bastante profundidad. Es sugerente la visualización del vídeo de la presentación que hizo su autor en la sede de Falange Auténtica en 2017.
La Barraca y los falangistas próximos a Lorca
Otro dato a tener en cuenta es la pertenencia de destacados militantes falangistas a La Barraca, grupo de teatro universitario creado en 1932 y dirigido por García Lorca. Me estoy refiriendo a Alfonso Ponce de León y a Eduardo Rodenas, el primero pintor y escenógrafo, y el segundo poeta y músico. El grupo recorrió casi toda España representando teatro clásico español y estaba formado por no más de cuarenta personas.
Alfonso Ponce de León fue asesinado por milicianos del Frente Popular en la Checa de Fomento, en septiembre de 1936. Alumno de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde fue compañero, entre otros, de Salvador Dalí y Maruja Mallo.
Fue también contertulio de Luis Buñuel en el Café Granja El Henar y estuvo, mientras vivió en París, estrechamente ligado a Pablo Picasso, vinculándose a la corriente pictórica denominada Realismo Mágico. Se afilió a Falange Española desde su fundación, en octubre de 1933, siendo desde entonces un íntimo colaborador de José Antonio en temas relacionados con diseño, arte y cultura.
Eduardo Rodenas también fue asesinado por milicianos del Frente Popular en agosto de 1936. Era miembro del SEU —Sindicato Español Universitario—, siendo el responsable del mismo en la Facultad de Filosofía y Letras, además de consejero nacional tanto del SEU como de Falange Española.
Cuesta creer que, a través de ambos, no profundizase José Antonio en su amistad con Federico, especialmente por medio de Alfonso Ponce de León, muy amigo del poeta granadino. Ponce de León fue el autor de muchos de los decorados de las representaciones de La Barraca.
Un encuentro temprano y un destino semejante
En su libro Diario secreto de José Antonio (2026), José Antonio Martín Otín —Petón— nos dice que ambos se conocieron tras un partido de fútbol en La Colina de los Chopos, en 1921. José Antonio jugaba en el equipo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid. Les presentó José Díaz Ambrona, amigo de José Antonio y alumno de la Residencia de Estudiantes, donde también residía y estudiaba Federico.
Termino con un trocito del Romance sonámbulo de Federico García Lorca. Ambos, José Antonio y Federico, subieron hacia las altas barandas con una diferencia de tres meses, víctimas de parecidos odios y similares odiadores, llenos de sinrazón y borrachos de sangre.
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
