Cultivar el mañana

Sembrar futuro con esperanza

Trabajo y convivencia en un campamento de las Falanges Juveniles: una jornada de repoblación forestal y un descanso entre canciones al son de una armónica.
Las canciones del Frente de Juventudes y de la primera OJE hicieron de la siembra una metáfora de servicio, esperanza y compromiso. Sus letras siguen recordando que el futuro no se espera: se cultiva.

Las semillas de una generación

Hay palabras que, con el paso del tiempo, pierden fuerza. Otras, en cambio, la ganan. "Sembrar" pertenece a este segundo grupo. Sembrar significa trabajar pensando en quienes vendrán después, aceptar que los frutos no siempre los recogerá quien empuña el arado y comprender que toda obra duradera comienza con un gesto humilde. Esa idea, presente en nuestro editorial Sembrar el futuro, no nació por casualidad. Formaba parte de un imaginario que acompañó durante décadas a miles de jóvenes en España y quedó reflejado en buena parte del cancionero del Frente de Juventudes y, posteriormente, de la primera Organización Juvenil Española.

Quien hojee aquellas letras descubrirá que las referencias a la siembra aparecen una y otra vez. No son simples recursos poéticos. Constituyen una auténtica pedagogía del servicio. Frente a la cultura de la recompensa inmediata, aquellas canciones proponían una actitud vital: trabajar, construir y confiar en el mañana.


Sembrar ilusiones, sembrar esperanza

En ¡Juventudes! ¡Juventudes! (1946) se canta: Por el surco de la arada sembraremos ilusiones; junto a la espiga dorada crecerán las ambiciones. La imagen agrícola resulta reveladora. El surco representa el esfuerzo cotidiano; la espiga, el fruto del trabajo; las ilusiones, la semilla que hace posible el porvenir. No se promete un éxito inmediato, sino un crecimiento paciente, fruto de la constancia.

Algo parecido ocurre en Marchando (1943), cuyo conocido estribillo invita a avanzar sembrando paz y amor. La marcha no aparece como una conquista frente a otros, sino como una oportunidad para dejar tras de sí algo valioso. El caminante no ocupa el territorio: lo fecunda.

Décadas más tarde, En marcha unidos mantendrá la misma inspiración. Mientras describe un recorrido por montes, valles, cumbres y ríos, insiste en avanzar sembrando alegría, ilusión y esperanza con mi caminar. El camino deja de ser únicamente un desplazamiento físico para convertirse en una misión. Cada paso debería mejorar el lugar por el que se pasa.


Una pedagogía del servicio

La metáfora continúa apareciendo en otras composiciones menos conocidas. Campamentos azules habla de soñando un Edén de trabajo y de paz sembrando la espiga en la mar, una imagen imposible desde el punto de vista agrícola, pero profundamente simbólica: incluso donde parece que nada puede germinar merece la pena intentarlo.

En Monjes y soldados, la juventud aparece sembrando va su voz los pueblos españoles. Surcos son de su sentir. La voz deja de ser únicamente palabra para convertirse en semilla. Los propios sentimientos abren surcos sobre los que puede crecer una comunidad mejor.

Incluso cuando el tono es más combativo, como sucede en Patria en pie, la imagen elegida sigue siendo la misma: Ardientes marcharemos, sembrando inquietudes... La inquietud no se presenta como desorden, sino como el deseo de despertar conciencias adormecidas. Sembrar significa también provocar reflexión y responsabilidad.


La esperanza como herencia

Quizá una de las imágenes más hermosas aparezca en La gloria del camino, compuesta ya en la etapa final de la primera OJE: De madera de barca, de madera de arado quisimos la esperanza y vino a nuestro lado. La barca y el arado representan dos formas complementarias de afrontar la vida: navegar hacia horizontes nuevos y trabajar la tierra con perseverancia. Ambas requieren esfuerzo, ambas exigen confianza y ambas solo tienen sentido cuando existe un destino ilusionante.

No resulta casual que estas referencias se repitan en tantas canciones diferentes. Sus autores pertenecían a épocas distintas y escribieron con estilos diversos, pero coincidían en un mismo mensaje: la juventud debía dejar el mundo un poco mejor de como lo había encontrado. La verdadera victoria no consistía en imponerse a nadie, sino en hacer crecer aquello que merece permanecer.


Sembrar también hoy

Vivimos tiempos dominados por la inmediatez. Las redes sociales premian el impacto instantáneo, la política se mide por el próximo titular y muchas iniciativas nacen pensando únicamente en el corto plazo. Precisamente por eso la vieja metáfora de la siembra recupera toda su actualidad.

Sembrar futuro significa invertir tiempo en educar, crear comunidad, transmitir cultura, fortalecer la familia, levantar proyectos asociativos y cultivar la amistad cívica. Significa comprender que una revista, una conversación, un campamento, una conferencia o una simple acción cotidiana pueden convertirse en semillas cuyo fruto aparecerá años después.

Las canciones de aquellas generaciones siguen recordándonos una verdad sencilla: ninguna cosecha nace sin siembra previa. El porvenir no se improvisa; se cultiva. Y quizá esa sea la enseñanza más valiosa que podemos recuperar hoy. Porque toda sociedad que renuncia a sembrar termina resignándose a consumir lo heredado hasta agotarlo. En cambio, quien continúa sembrando, incluso sin la certeza de contemplar la cosecha, mantiene viva la esperanza y abre el camino para que otros puedan seguir avanzando.


 

Arriba, las dos imágenes utilizadas para la cabecera.
Trabajo y convivencia en un campamento de las Falanges Juveniles (1940/1960): una jornada de repoblación forestal y un descanso entre canciones al son de una armónica.

Pulsa sobre la imagen para abrir el cancionero

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