ARGUMENTOS
Cuando una nación pierde el norte
Cuando una nación pierde el norte
«La proa del barco tiene razón contra las bandas, porque apunta a alguna parte. La razón de la proa es la razón de los astros (...) ¿Y se podrá saber dónde está la polar de nuestra política?»
José Antonio Primo de Rivera (leer el párrafo completo)
Hay artículos periodísticos que nacen para explicar un acontecimiento. Otros intentan comprender lo que ese acontecimiento revela sobre una sociedad. El asalto masivo a la frontera de Ceuta durante la madrugada del 30 de julio pertenece a esta segunda categoría.
Las imágenes de decenas de miles de jóvenes concentrándose para alcanzar territorio español impresionan por sí mismas, pero su verdadero significado no reside únicamente en el fenómeno migratorio. Son el síntoma visible de una cuestión más profunda: la pérdida de dirección estratégica de la política española y, en buena medida, de la política europea.
José Antonio utilizó hace casi un siglo una metáfora extraordinariamente actual. Un barco no navega mirando continuamente el agua que golpea su casco. Navega porque existe una estrella polar que permite fijar el rumbo. Cuando desaparece esa referencia, el timón deja de gobernar y comienza simplemente a reaccionar frente al viento y las corrientes.
Esa es quizá la mejor imagen para comprender lo sucedido en Ceuta. Durante demasiados años, España y Europa han ido respondiendo a cada crisis migratoria como si todas fueran episodios aislados. Sin embargo, las fronteras no son el origen de los problemas. Son el lugar donde finalmente se manifiestan.
La cuestión, por tanto, no consiste únicamente en preguntarse cómo pudo producirse el asalto del 30 de julio. La cuestión es otra mucho más incómoda: ¿dónde está hoy la estrella polar de nuestra política?
I. No fue únicamente una crisis migratoria
La primera tentación consiste en interpretar lo sucedido como un episodio excepcional de inmigración irregular. Sin embargo, esa explicación resulta insuficiente. Las migraciones forman parte de la historia de la humanidad y Europa gestiona cada año la entrada legal de millones de personas sin que ello provoque situaciones de caos. Lo extraordinario de Ceuta no fue la inmigración en sí misma, sino el colapso temporal de una frontera exterior de la Unión Europea. Cuando una frontera deja de cumplir la función para la que existe, la cuestión deja de ser exclusivamente migratoria para convertirse en un problema de soberanía.
«Las fronteras españolas son fronteras europeas».
Ursula von der Leyen, mayo de 2021.
II. El miedo viaja más deprisa que las personas
Quienes únicamente contemplaron las imágenes desde la distancia quizá no alcanzan a comprender el efecto psicológico producido en Ceuta. Durante horas, miles de ciudadanos sintieron que el Estado había dejado de controlar plenamente el acceso a una parte de su territorio. Esa sensación de vulnerabilidad se extendió rápidamente al resto de España y, por extensión, a buena parte de Europa. La seguridad de una frontera no depende solo de vallas, patrullas o medios materiales. Depende también de la confianza que los ciudadanos depositan en la capacidad del Estado para garantizarla. Cuando esa confianza se resquebraja, el miedo se convierte en un actor político de primer orden.
III. Ceuta no empezó el 30 de julio
Sería un error analizar estos acontecimientos como si hubieran surgido de la nada. En mayo de 2021, alrededor de ocho mil personas accedieron irregularmente a Ceuta en apenas cuarenta y ocho horas tras el deterioro de las relaciones diplomáticas entre España y Marruecos. Aquella crisis ya puso de manifiesto hasta qué punto la cooperación marroquí resultaba determinante para el control fronterizo. Cinco años después, la escala ha cambiado radicalmente, pero la pregunta permanece intacta: ¿se aprendieron realmente las lecciones de entonces o simplemente se confió en que no volvería a repetirse?
Toda gran crisis fue antes una pequeña advertencia ignorada.
IV. La fuerza también puede caminar desarmada
La historia demuestra que la presión política no siempre se ejerce mediante ejércitos. En ocasiones adopta la forma de sanciones económicas, crisis energéticas o movimientos masivos de población. La Marcha Verde de 1975 constituye un precedente histórico de utilización de una movilización civil para modificar una situación política. Las circunstancias actuales son distintas y no admiten comparaciones automáticas, pero resulta inevitable que muchos analistas hayan recordado aquel episodio. La geografía sigue siendo la misma. Lo que cambian son los instrumentos mediante los cuales los Estados defienden sus intereses.
«Los Estados no tienen amigos permanentes; tienen intereses permanentes».
Henry Kissinger
V. La pregunta incómoda apunta hacia el sur
Gran parte del debate político español se ha centrado en lo ocurrido una vez que miles de personas alcanzaron la frontera. Sin embargo, existe una cuestión previa que rara vez ocupa el centro del análisis. ¿Qué sucede en un país para que decenas de miles de jóvenes estén dispuestos a abandonarlo en cuanto perciben una oportunidad? Ningún plan de desarrollo, ningún discurso institucional y ninguna campaña de imagen exterior pueden ocultar el significado político de semejante fenómeno. Cuando una generación vota con los pies en desbandada, expresa un juicio sobre el presente y también sobre el futuro que cree tener por delante.
VI. La paradoja del aniversario
Mientras Marruecos celebraba el aniversario de la entronización de Mohamed VI mediante ceremonias oficiales y mensajes de estabilidad, decenas de miles de jóvenes protagonizaban uno de los mayores intentos colectivos de abandonar el país registrados en los últimos años. Esa coincidencia posee una enorme fuerza simbólica. Las naciones se proyectan mediante discursos, pero también mediante hechos. Y pocas imágenes resultan tan elocuentes como la de miles de ciudadanos que, ante la menor oportunidad, consideran preferible jugarse la vida antes que permanecer donde nacieron.
Las fronteras nunca son el principio del problema; son el lugar donde el problema termina manifestándose.
VII. ¿Ha ganado realmente Marruecos?
Si se analiza únicamente el corto plazo, podría parecer que Marruecos ha reforzado su capacidad de presión sobre España y sobre la Unión Europea. Sin embargo, las victorias tácticas no siempre se traducen en éxitos estratégicos. Todo Estado necesita que sus socios lo perciban como un aliado fiable y previsible. La utilización —o la percepción de utilización— de la presión migratoria como instrumento político puede generar beneficios inmediatos, pero también alimentar una creciente desconfianza internacional. La influencia diplomática se construye durante décadas y puede erosionarse en muy poco tiempo. Por ello, incluso quienes consideran que Rabat ha salido fortalecido deberían preguntarse si el precio de esa percepción no terminará siendo demasiado elevado.
«No sabemos lo que nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa».
Unamuno.
VIII. La soledad de un Gobierno y la fortaleza de un Estado
Una de las primeras lecciones de toda crisis nacional consiste en distinguir entre el Estado y el Gobierno. España no ha estado sola. Su condición de frontera exterior de la Unión Europea le proporciona un respaldo institucional que ningún otro país europeo cuestiona. Otra cuestión distinta es la valoración política de la actuación del Ejecutivo. El asalto ha reabierto el debate sobre la capacidad de anticipación del Gobierno, sobre el deterioro de su credibilidad y sobre el desgaste acumulado tras años de polarización política. Esa discusión pertenece al terreno de la legítima confrontación democrática. Lo verdaderamente importante es que la confianza en el Estado no termine deteriorándose al mismo ritmo que la confianza en quienes circunstancialmente lo gobiernan.
IX. El efecto llamada: una responsabilidad de varios, pero no idéntica
Tras los acontecimientos, varios responsables del Gobierno señalaron públicamente que una reciente resolución judicial sobre la aplicación de la legislación de extranjería habría contribuido a generar un efecto llamada. Esa interpretación ha formado parte del debate público y merece ser analizada. Sin embargo, centrar toda la explicación en una decisión judicial corre el riesgo de ocultar una cuestión previa: los jueces interpretan las leyes, pero no las redactan; aplican un marco jurídico que ha sido diseñado por el poder legislativo y desarrollado mediante la acción del poder ejecutivo. En una democracia constitucional, los tres poderes desempeñan funciones distintas y pueden influir, de maneras diferentes, en las políticas públicas. Precisamente por ello, resulta legítimo debatir hasta qué punto la arquitectura legal, la orientación de la política migratoria y las decisiones administrativas han podido contribuir a crear incentivos o expectativas. Reducir una crisis de semejante magnitud a una única resolución judicial simplifica un problema cuya raíz probablemente sea mucho más profunda.
«Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder».
Montesquieu.
X. Las víctimas son el rostro de un fracaso colectivo
Las decenas de fallecidos registradas durante la avalancha constituyen la dimensión más dramática de la crisis. Cada vida perdida recuerda que detrás de los debates políticos existen personas concretas. También obliga a ampliar la mirada sobre las responsabilidades. Las mafias que se lucran con la desesperación ajena, quienes difunden falsas expectativas de éxito, quienes gestionan las fronteras y quienes diseñan las políticas migratorias forman parte de una cadena de decisiones cuyo resultado final nunca debería medirse únicamente en estadísticas. La investigación judicial determinará, en su caso, las responsabilidades jurídicas. La responsabilidad política y moral, sin embargo, trasciende necesariamente el ámbito de los tribunales.
«La política es demasiado seria para dejarla solo en manos de los acontecimientos».
(Inspirado en una idea atribuida a Charles de Gaulle.)
XI. Europa ante una decisión que no podrá aplazar indefinidamente
Europa seguirá necesitando inmigración legal. Su realidad demográfica y económica así lo aconseja. Pero precisamente por eso la distinción entre inmigración ordenada e inmigración irregular resulta esencial para la confianza de los ciudadanos. Cuando las vías legales conviven con episodios de descontrol fronterizo, la percepción pública cambia con rapidez. La historia reciente demuestra que cada crisis migratoria importante modifica el mapa político europeo, fortalece a quienes reclaman controles más estrictos y obliga a revisar políticas que parecían consolidadas. La cuestión ya no consiste únicamente en decidir cuántas personas pueden incorporarse legalmente a Europa, sino en determinar si las fronteras exteriores continuarán siendo una competencia efectiva de la Unión o una suma de responsabilidades nacionales.
«Una nación es, antes que nada, un proyecto sugestivo de vida en común».
José Ortega y Gasset.
XII. Volver a mirar la estrella
Quizá dentro de algunos años el asalto masivo a Ceuta no sea recordado únicamente por el número de personas que alcanzaron la frontera, ni por las decisiones adoptadas durante aquellos días. Tal vez se recuerde como el momento en que España y Europa comprendieron que las fronteras no son únicamente líneas sobre un mapa, sino la expresión visible de una voluntad política. Cuando esa voluntad vacila, las fronteras dejan de ser el origen del problema para convertirse en el espejo donde se refleja.
José Antonio concluía aquella reflexión sobre la navegación preguntándose: «¿Y se podrá saber dónde está la polar de nuestra política?». Casi un siglo después, la pregunta sigue interpelando a cualquier gobierno, con independencia de su signo. Porque un barco puede soportar temporales, cambiar de capitán e incluso reparar averías en alta mar. Lo que difícilmente puede permitirse es navegar sin rumbo.
Ceuta no ha planteado únicamente un desafío fronterizo. Ha obligado a España a preguntarse cuál es su dirección, qué proyecto desea ofrecer a sus ciudadanos y qué lugar aspira a ocupar en Europa y en el Mediterráneo. Las crisis pasan; las naciones permanecen. Pero solo permanecen aquellas que saben distinguir entre gobernar los acontecimientos y limitarse a reaccionar ante ellos. La verdadera lección del 30 de julio no se encuentra en la valla de Ceuta. Se encuentra en la necesidad de recuperar una estrella polar capaz de orientar las decisiones antes de que los acontecimientos vuelvan a imponerse sobre la política.
