SEMBLANZAS

Mercedes Formica. Una voz en el silencio.

Escritora y abogada ejerció siempre su profesión enfrentándose a la situación jurídica de la mujer en España, aunque las feministas la ignoraron, y la ignoran, porque fue falangista poniéndole además el sello de fascista sin que nadie se molestara en averiguar si lo era o no.

Publicado en la Gaceta de la FJA, núm. 342, de marzo de 2021.
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Mercedes Formica. Una voz en el silencio.

Mercedes Formica. Una voz en el silencio.


Escribía hace años el brillante jurista Antonio Garrigues «Mercedes Fórmica ha logrado atraer hacia el tema de la capacidad jurídica de la mujer, la atención de muchos de nuestros mejores profesionales del Derecho. Pero ha logrado todavía más y ha sido el despertar con ese mismo tema la atención de los no profesionales, de los hombres y las mujeres en general, es decir, de lo que se llama atención pública». 

Sin embargo, a pesar de estas palabras elogiosas de lo que había hecho por la mujer Mercedes Formica, mucho tiempo después, en abril de 1997, Natalia Figueroa la entrevistaba y lamentaba que las feministas de aquella época jamás se referían a ella cuando había sido una reformista del Código Civil, y una buena escritora. Por eso solía decir:

«Me silenciaron. ¿De buena o de mala fe? No lo sé. Lo cierto es que desde que murió Franco hasta hoy, las personas que han tratado el Derecho privado no han nombrado aquella reforma. Como si no hubiese existido». Cinco años más tarde, con motivo de su  fallecimiento,

Natalia Figueroa, que nunca se refiere al pasado falangista de Mercedes Fórmica, volvió a escribir:

«Olvidada incomprensiblemente por el movimiento feminista, las mujeres españolas le deben muchos de sus derechos».

Efectivamente, en aquellos días casi ningún periódico recordó la reforma que logró de muchos artículos del Código Civil, del Código Penal, del Código de Comercio y de la Ley de Enjuiciamiento; incluso la mayoría llegaron a silenciar su muerte. El ABC, por ejemplo, de la que fue colaboradora durante muchos años, da la noticia dedicándole media página, pero ninguno de sus columnistas, ni colaboradores más habituales, le dedica una sola línea. Posiblemente esta falta de interés por su labor en el campo del Derecho y de escritora, se debe, como escribió Enrique de Aguinaga en una carta que se publicó más tarde, a que

«Mercedes Fórmica fue joseantoniana, desde el mitin fundacional (29 de octubre de 1933) que oyó por radio. Estuvo en la primera afiliación del SEU, participó en el Primer Consejo Nacional, fue elegida delegada de Derecho y, luego, designada por José Antonio delegada nacional del SEU femenino y, como tal, miembro de la Junta Política de la Falange. Y de ahí para adelante...».

Esta joven que despertó el interés de los hombres y las mujeres, como decía Antonio Garrigues, aunque después fuera olvidada, nació en Cádiz en 1916. A los siete años, por traslado profesional de su padre, la familia se va a vivir a Sevilla donde crece dentro de una sociedad distinta a la de Cádiz porque estaba «cerrada a la defensiva, con gran inseguridad en sus clases medias altas». Su madre hace que estudie el bachillerato y en 1931 acude a una academia para ir preparando su ingreso en la Universidad y que hace en el curso siguiente matriculándose en Derecho y Filosofía y Letras.

El 14 de abril, fecha de la proclamación de la II República. Era el año también en que Mercedes se preparaba para ir a la Universidad. La llegada de la República coincidió asimismo con que las ideas políticas para Mercedes eran algo así como un poco rudimentarias; aunque su familia era toda monárquica sin que llegara nunca a ser importante ni palaciega. El tiempo pasaba y llegó la hora de ingresar en la Universidad. En ese momento se da cuenta de que su vida sufre un cambio profundo. Las artes plásticas, la música y otras materias le resultaban extrañas, en contraste con la formación humanista que traía del bachiller. Su falta de base literaria también le resultaba notable. Ignoraba la obra y hasta la existencia de Juan Ramón Jiménez y los hermanos Machado. Algunos catedráticos pertenecían a la nueva hornada republicana y procedían de la Institución Libre de Enseñanza.

Un día es testigo del desorden y de la agitación profesional promovida por una huelga organizada por la Federación Universitaria de Estudiantes (FUE), vinculada a grupos de la izquierda española, para decretar la desaparición del Centro Católico ya que consideraban a los estudiantes relacionados con él como elementos desestabilizadores del régimen. A raíz de este acontecimiento le proponen el ingreso en el grupo católico que no vacila en aceptar; sin embargo muy poco a poco se apagó ese entusiasmo. El presidente de los Estudiantes Católicos, Pedro Gamero del Castillo, dispuso no tomar represalias; sólo una protesta simbólica, absteniéndose de entrar en clase. La FUE esta actitud terminó tomándola a pitorreo quemando a continuación el Centro Católico. «Como lo de ofrecer la mejilla derecha –dice Mercedes Fórmicasi te golpean la izquierda no era lo mío, decidí quedarme fuera de cualquier asociación».

Mientras tanto su nueva vida transcurría en Madrid con sus estudios y de vez en cuando alguna visita a casa de alguna amiga. En una de ellas, octubre de 1933, conoció a José Antonio cuya existencia ignoraba. Pocos días después pudo escuchar las palabras que pronunció en el teatro de la Comedia. Desde ese momento –dice Mercedes Formica–, la aparición de José Antonio en la vida política...

«Produjo el acuerdo tácito entre izquierdas y derechas para declararle una guerra a muerte. Con esta particularidad: en los ataques de las primeras latió un cierto respeto, no así en las segundas, que dieron suelta a su mal humor con fáciles ironías».

El fundador de Falange era para ella un hombre joven, inteligente, valeroso, fue temido, rechazado y ridiculizado por su propia clase social, que nunca le perdonó sus constantes referencias a la injusticia, el analfabetismo, la falta de cultura, las viviendas miserables, el hambre endémico de las zonas rurales, sin más recurso que el trabajo de temporada. La urgencia y necesidad de la reforma agraria. Confundir el pensamiento de José Antonio con los intereses de la extrema derecha es algo que llega a pudrir la sangre. Fue la extrema derecha quien le condenó a muerte civil, en espera de la muerte física, que a su juicio merecía.

Una mañana decide rellenar la ficha para afiliarse al Sindicato Español Universitario. Desde entonces su vida se limitó, junto con sus estudios universitarios, a participar en actividades de Falange siendo nombrada al poco tiempo delegada del SEU de la Facultad de Derecho, por el propio José Antonio. Este gesto del líder falangista cambiaba lo que de él decían sus adversarios políticos cuando se referían a su antifeminismo, y que aún hoy dicen algunos historiadores. Por eso es interesante reproducir lo que sobre el particular escribió Mercedes Formica:

«Sobre el supuesto antifeminismo de José Antonio y la tesis, tan difundida, de querer a la mujer en casa, poco menos que con la "pata quebrada", debo decir que no es cierto. Forma parte del proceso de "interpretación" a que fue sometido su pensamiento. Como buen español, sentía recelo hacia la mujer pedante, agresiva, desaforada, llena de odio hacia el varón. Desde el primer momento contó con las universitarias y las nombró para cargos de responsabilidad. En lo que a mí respecta, no vio a la sufragista encolerizada, sino a una joven preocupada por los problemas de España, que amaba su cultura e intentaba abrirse camino, con una carrera, en el mundo del trabajo».

Una gripe mal curada trajo como consecuencia que no pudiera soportar un invierno más el clima frío de Madrid. Le convenía uno más suave, pero antes tuvo que convencer a su padre para que aceptase que, junto a su madre y hermanas, pudiera residir en Málaga temporalmente hasta que recobrase del todo la salud. Ya instalada en esta ciudad, José Antonio la nombró en febrero de 1936, delegada nacional del SEU femenino, y, como tal, miembro de la Junta Política del partido, si bien nunca llegaron a reunirse por la pronta detención del líder falangista en el mes de marzo siguiente.

El comienzo de la guerra cogió a Mercedes en Málaga, ciudad que se mantendría fiel a la República. A través de Tánger, después de embarcar en aquella ciudad a últimos de septiembre gracias al consulado uruguayo que les facilitó la salida, consigue, con su familia, llegar a Sevilla después de haber pasado una semana en la hoy ciudad marroquí que en entonces se encontraba bajo la protección de varios países.

Durante la guerra colabora estrechamente con la Sección Femenina. Se abren los primeros hogares para ayudar a los más necesitados. En la admisión de niños tuvieron preferencia los hijos de los vencidos –el hogar que digirió la falangista Carmen Werner recibió a los hijos de los asesinos de su familia–. Por otro lado, mientras Málaga conseguía logros muy positivos, gracias a la labor de la Sección Femenina dirigida por verdaderas joseantonianas. Mercedes cita los nombres de Nena Hurtado, Carmen Werner, Teresa Loring, Syra Manteola, María Amalia Bolín, Maruja y Coral Parga.

Contrae matrimonio con Eduardo Llosent el 20 de diciembre de 1937 . En Sevilla sigue el nuevo matrimonio hasta finalizar la guerra cuando se trasladan a Madrid donde Eugenio d’Ors, director general de Bellas Artes, nombra a Eduardo Llosent director del Museo de Arte Moderno. La capital de España no era en aquellos años el desierto intelectual que todavía algunos nos pintan: Dámaso Alonso, d’Ors, Cela, Torrente Ballester, Pedro Laín, Antonio Tovar, Alfaro, García Nieto, etc, no faltaban a las tertulias que tenían lugar en los cafés y casas particulares.

En lo que respecta a Mercedes y su marido, frecuentaban otras tertulias donde acudían Sánchez Mazas, Eugenio Montes, González Ruano, Edgar Neville, Sebastián Miranda, Pilar Regoyos, Natividad Zaro, Mary Navascues, Conchita Montes, etc. Otras veces salían con Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales y Leopoldo Panero. En el verano de 1939, se representó, en el paseo de las Estatuas del Retiro, La cena del rey Baltasar, de Calderón de la Barca. Por otro lado, la extraordinaria labor desarrollada en el teatro por María Guerrero trajo como consecuencia la reposición de obras de autores como Benavente, Marquina, José María Pemán, Agustín de Foxá, Buero Vallejo, Joaquín Calvo-Sotelo, etc.

En 1948 termina la carrera de Derecho con el propósito de ingresar en el Cuerpo Diplomático, pero descartó estas oposiciones porque la obligarían a residir lejos de su marido. Optó más tarde por las oposiciones de Abogado de Estado o Notarías, pero se encontró que en todas, incluida la del Cuerpo Diplomático, uno de los requisitos que se pedían para opositar era «ser varón». Tal estado de cosas sublevó a Mercedes que recordaba cómo «José Antonio, cuyo nombre tanto se aireaba, nunca fue contrario a las universitarias». Pidió entonces el alta en el Colegio de Abogados e intentó entrar en algún bufete de abogados sin conseguirlo, pero su vocación por la carrera la impulsaron a seguir adelante hasta conseguir que la realidad por la que pasaba la mujer, en muchos casos, pudiera cambiarse porque no estaba dispuesta que le vedasen el camino que había elegido.

Necesitaba ganar algún dinero y por esta razón aceptó la dirección de la revista Feria donde llegaron a colaborar, entre otros, Leopoldo Panero y Luis Rosales. Sin embargo, esta nueva aventura no duró mucho tiempo porque privada la revista de medios económicos desapareció con sus valiosos colaboradores. A través de algunos amigos consiguió la asesoría de una empresa y un trabajo en el Instituto de Estudios Políticos.

Coincidiendo con todo esto, recibió una carta de Pilar Primo de Rivera donde le pedía redactase una ponencia para el Congreso Hispano-Americano-Filipino que tendría lugar en 1951. Aceptó la invitación y como Delegada Nacional del SEU que había sido, sintió la responsabilidad de resolver la injusticia laboral de la mujer. Buscó colaboradoras, todas ellas universitarias, que habían obtenido el título antes de la guerra:

María de la Mora y Sofía Morales, periodistas; Carmen Llorca, Josefina Aráez y Pilar Villar, filosofía y letras; Carmen Segura, ingeniero industrial; Matilde Ucelay –que pertenecía al grupo de los vencidos– y María Ontañón, arquitectos; Mercedes Maza, médico; y Carmen Werner, licenciada en Pedagogía.

El trabajo de la ponencia avanzaba y consumía buena parte de su tiempo; Mercedes Formica sabía que los beneficios que se lograsen nunca los disfrutaría. Serían las jóvenes universitarias las que los aprovecharan. A pesar de tanto trabajo todavía encontró tiempo para escribir la novela Monte de Sancha, finalista del Premio Ciudad de Barcelona, publicándose más tarde la crítica que le hace el académico Fernández Almagro.

Algunos años después, el escritor catalán Sebastián Juan Arbó escribe un artículo en la prensa sobre la producción literaria a la que, según él, «se ha aludido muy raramente». En este artículo, que tituló Reflexiones al margen de los premios, hace una crítica breve a varias novelas y en lo que a la de Suárez Carreño, Premio Nadal 1949, respecta, le acusa que la suya, Las últimas horas, parece que tiene prisa en terminarla.

«Es una novela –dice Arbóde la que puede decirse que acaba en punta, en una punta alargada y un tanto monstruosa con relación al resto del libro». Idéntica acusación hace a nuestra autora, de la que dice: «En el mismo defecto, aunque agravado, incurre, a mi entender, Mercedes Fórmica en su "Monte de Sancha", espléndida novela al principio, que acaba en pura zarzuela con los amores del escultor y la dama. Ana Matute fue testigo de mi entusiasmo en la primera parte de esta obra y mi decepción después».

Por otro lado, cuando un año antes en una entrevista la preguntaron a Ana Matute, Premio Planeta 1954, a cuál novelista prefería, no dudó en contestar: «A Mercedes Fórmica». Publicó también la novela La ciudad perdida que fue seleccionada para el Premio Nadal y que más tarde una productora hispano-italiana llevó al cine: Era la aventura de un terrorista que entra en España clandestinamente y ha de cumplir en Madrid una siniestra misión. Asimismo hicieron un adaptación para el teatro. También, en esta ocasión, Fernández Almagro hace una crítica a esta novela que da comienza con estas palabras: «Un poco después de salir a luz "Monte de Sancha", aparece otra novela de Mercedes Fórmica, "La ciudad perdida"».

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El alta en el Colegio de Abogados, como era su caso, obligaba a realizar el turno de oficio cuando las circunstancias lo demandaran. La vigencia de la pena de muerte le atormentaba cuando tenía que afrontar algún caso castigado con ella. Un día la prensa publicó la agresión de una mujer a manos de su marido que le había asestado varias puñaladas. Un joven periodista quiso averiguar más detalles del suceso y se entrevistó con la mujer que le confesó que no era la primera vez que recibía malos tratos. Cuando el periodista le preguntó que cómo lo consentía, la mujer le respondió: «Intenté separarme, pero el abogado a quien consulté me dijo que lo perdía todo. Hijos, casa, mis pocos bienes». Aunque hoy parezca mentira, la mujer decía verdad. Esta injusticia le hizo pensar a Mercedes que algo había que hacer para reparar uno de los mayores atropellos que en aquellos años sufría la mujer casada. Fue entonces cuando se le ocurrió denunciar aquella absurda ley, que dejaba indefensa a la mujer ante la separación, con la publicación de un artículo que, previamente, estuvo tres meses congelado por la censura; lo tituló El domicilio conyugal, alcanzando enorme éxito, incluso fuera de España.

Un amigo suyo le remitió un recorte del periódico The New York Times quien a través de su corresponsal en Madrid publicó una larga referencia del escrito. Por otro lado, en un trabajo dedicado al mundo femenino, la revista Holiday hizo un reportaje fotográfico de aquellas mujeres que más habían destacado en sus respectivos países. Robert Capa, director de la misma, pidió a la fotógrafa Inge Morath que en España fotografiara a Mercedes Formica:

«Tú irás a España. Tienes que ver a una mujer extraordinaria. Se llama Mercedes Formica, es abogado, y defiende a las mujeres que no se pueden separar de sus maridos». Igualmente «recogieron la noticia el Daily Telegraph y la importante revista gráfica Time, que le dedicó una página el 7 de diciembre rematada con esta frase escuchada a un madrileño: Creo que empieza un gran torbellino. Gracias a Dios mi mujer no lee los periódicos».

Otra prensa europea comentó también la noticia; incluso el semanario de la CNT dedicó palabras de elogio al artículo lo mismo que la que fue militante del PSUC, Lidia Falcón, quien escribió que

«Los artículos de Mercedes Fórmica recorrieron todo el país en pro de los derechos de la mujer. Se celebran inmediatamente cursillos y congresos convocados por la Academia de Jurisprudencia sobre el tema "La mujer ante la ley". Durante cinco largos años se debate y se debate entre las irónicas respuestas de los que ven en la campaña un resurgimiento del loco y apolillado feminismo. Pero las cuchilladas no cuajan con el nuevo feminismo norteamericano, y a pesar de la resistencia de los tradicionalistas, el 24 de abril de 1958 se promulga una ley por la que se varían sesenta y seis artículos del Código Civil».

Pero la actividad de Mercedes no para ahí. Se dedica a dar charlas. El 10 de febrero de 1954, en el Circulo Medina de la Sección Femenina pronuncia una conferencia bajo el título La situación jurídica de la mujer española, que tiene un enorme éxito. Con el mismo título da otra en Barcelona donde, además, en La Vanguardia Española le hacen una entrevista que comienza con esta entradilla:

«Mercedes Formica, abogada en ejercicio, del Colegio de Madrid, escritora, novelista, autora de "Bodoque", "Monte de Sancha", "La ciudad perdida", "El miedo" (Inédita esta última), defensora de los derechos de la mujer, disertará hoy en Conferencia Club, sobre este tema».

Al día siguiente el mismo periódico le dedicada una reseña elogiosa, destacando las felicitaciones que había recibido del numeroso público que había acudido a escucharla. Al mes siguiente, el mismo periódico recoge la estancia en Barcelona de la escritora Simson, colaboradora del Herald Tribune, que manifestó que iba a enviar a ese periódico la entrevista mantenida con Mercedes Formica sobre los derechos de la mujer porque «esto interesa mucho en Norteamérica». En 1955 publicó la novela A instancia de parte con la que ganó el Premio Cid y que volvería a ser reeditada con el texto revisado por su autora en 1990. En ella confluyen unos matrimonios rotos donde el máximo beneficiario será el hombre que sabe será siempre el ganador e intentará sacar por ello la máxima rentabilidad que las circunstancias le permiten.

Como consecuencia de la campaña creada por la abogada, en el mes de julio de 1956 en el Juzgado de Primera Instancia nº 3 de Madrid se emitió una sentencia en la que el magistrado resolvió que la esposa siguiera viviendo en el domicilio conyugal debiendo abandonarlo el marido. Esta sentencia animó a muchas mujeres que se dirigieron a la prensa exponiendo se precaria situación en la que quedaron después de una sentencia contraria a ellas. Una de estas cartas fue firmada por una mujer que no sólo quedó sin hogar sino que cuando fue a pedir trabajo le dijeron que su marido tenía el deber de mantenerla y que por ese motivo no se lo daban. A los pocos días, Mercedes le contesta desde las columnas del ABC con un largo escrito que finalizaba así:

«Cuando la ley sea más cristiana que romana –es decir, pagana–, entonces sí, entonces, mi admirada y admirable doña Emilia Cabello y Rodrigo, esposa española, depositada en casa extraña, viviendo de la caridad ajena, podrá hablarse “de una ley injusta” y “de una ley posterior equitativa”».

Mientras este paso no se dé, las circunstancias no habrán cambiado, y las mujeres españolas continuarán como hasta hoy, y los ejemplos como el suyo se multiplicarán.

Separada de su marido Eduardo Llosent contrae segundas nupcias en 1962 con José María G. de Careaga y Urquijo que fue alcalde de Bilbao y que falleció el 4 de enero de 1971. En 1972 publica la novela histórica La hija de don Juan de Austria, con prólogo de Julio Caro Baroja, y con la que al año siguiente ganó el Premio Fastenrath de la Real Academia Española; interviniendo como jurado: José María Pemán, Pedro Laín Entralgo y Gerardo Diego. Esta obra fue recibida por la crítica como una definitiva contribución al estudio del siglo XVI español. Años más tarde fue objeto de una polémica entre su autora y Antonio Gala porque le acusaba de plagio, en relación con un guión de éste para un programa de Televisión. Mercedes pedía que al menos Gala admitiera que había hecho una adaptación. De esta novela hizo una excelente crítica el Premio Nacional de Literatura 1949, Pedro Rocamora.

Le seguiría otra novela histórica publicada en 1979, titulada María de Mendoza. Solución a un enigma amoroso. En 1987 publicó La infancia que con la novela Collar de Ámbar publicada en 1989 termina su obra literaria. Sin embargo, ella seguía con sus colaboraciones en la prensa. Este mismo año publica un largo artículo titulado La situación jurídica de la mujer española; y más tarde acudió a los cursos de la Complutense, en El Escorial, para relatar su lucha por los derechos de la mujer. Todavía escribiría un artículo que tituló La propiedad limitada, cuando se enteró que una pobre viuda de 82 años le había quedado de paga 2.083 pesetas en 1998; y La hermana desconocida de la princesa de Éboli. Tampoco hemos de olvidar la trilogía de sus memorias que comenzó a publicar en 1982 con el título Visto y vivido; siguiendo un segundo tomo, Escucho el silencio, que se publica en 1984; para finalizar con el tercero titulado, Espejo roto y espejuelos, editado en 1998.

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Mercedes Formica falleció en Málaga el 22 de abril de 2002, víctima de la enfermedad de Alzhaimer. Esta escritora y abogada ejerció siempre su profesión enfrentándose a la situación jurídica de la mujer en España, aunque las feministas la ignoraron, y la ignoran, porque fue falangista poniéndole además el sello de fascista sin que nadie se molestara en averiguar si lo era o no. Que también escribió que José Antonio era un hombre de Derecho, no un hombre de derechas; y que ante la muerte que ya presentía no muy lejana, dijo que tenía fe y que para ella la religión le había aportado la esperanza y la explicación del objetivo de su vida.


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Wikipedia/Wikiwand.- Mercedes Formica-Corsi Hezode (Cádiz, 9 de agosto de 1913 - Málaga, 22 de abril de 2002), conocida como Mercedes Formica, ​fue una jurista, novelista y ensayista española especialmente conocida por su defensa de los derechos de la mujer en España.

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