Redacción
14:00
09/08/26

La geografía no decide qué territorios son España.

Ceuta y Melilla no son españolas por estar en Europa, sino porque forman parte de España. Aplicar otro criterio obligaría a revisar fronteras y soberanías de medio mundo.
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La geografía no decide qué territorios son España.

Cuando la geografía se convierte en argumento

Hay debates que parecen sencillos porque parten de una evidencia geográfica: Ceuta y Melilla están en África. De ahí algunos extraen una conclusión que pretenden presentar como inevitable: si están en África, no deberían ser españolas. Pero entre la geografía y la soberanía existe una diferencia elemental. Los continentes no son Estados, ni las fronteras políticas tienen la obligación de coincidir con las fronteras continentales. España no deja de ser España al atravesar el Estrecho.

Si aceptáramos esa peculiar regla, habría que aplicarla universalmente y no solamente cuando se habla de España. Chile tendría que desprenderse de la Isla de Pascua; Dinamarca, de Groenlandia; Egipto, del Sinaí; Estados Unidos, de Hawái; Francia, de numerosos territorios de ultramar; Reino Unido de las islas MalvinasRusia, de buena parte de su extensión asiática, y Turquía, de la Tracia Oriental. El absurdo aparece precisamente cuando se aplica el mismo criterio a todos.


Una regla para España y otra para los demás

El problema, por tanto, no está en la geografía, sino en utilizarla selectivamente. Ceuta y Melilla son ciudades españolas porque su historia, su población, sus instituciones y su pertenencia política forman parte de España. No son territorios españoles por una concesión geográfica, del mismo modo que Hawái no es estadounidense por estar en América, ni Groenlandia danesa por encontrarse en Europa. La soberanía no se determina mediante un atlas.

Hay además una cuestión todavía más importante: la de sus ciudadanos. Reducir la condición española de un ceutí o un melillense al lugar donde está situada su ciudad introduce una peligrosa concepción de la ciudadanía. ¿Puede alguien ser menos español por haber nacido en África? Si aceptamos esa premisa, estaríamos sustituyendo la ciudadanía por una especie de clasificación geográfica de las personas. Y esa lógica, aplicada a otros territorios y poblaciones, resultaría difícilmente defendible.


Las fronteras no caben en un mapa escolar

España es, históricamente, una realidad más compleja que la península ibérica. Canarias, Ceuta y Melilla forman parte de esa realidad española, igual que otros Estados mantienen territorios en continentes distintos del que habitualmente identificamos con ellos. La historia de las naciones no se dibuja siguiendo únicamente las líneas de los continentes, sino mediante procesos históricos, jurídicos, políticos y humanos.

Por eso conviene desconfiar de las soluciones aparentemente sencillas que empiezan con un «está en África» y terminan con un «debe dejar de ser España». Si ese argumento se aplicara con coherencia, obligaría a redibujar buena parte del mapa mundial. Pero, sobre todo, revelaría algo más preocupante: que detrás de una supuesta cuestión geográfica puede esconderse la pretensión de negar a determinados españoles una pertenencia nacional que los demás consideran perfectamente normal. La geografía explica dónde estamos; no decide quiénes somos.

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