Presentes: José Antonio, el mito y la memoria.
La intimidad de José Antonio
Sí, estas semanas tenemos interesantes novedades joseantonianas que, a estas alturas de la historia, no dejan de sorprendernos gratamente. El descubrimiento de esa minúscula agenda escrita por José Antonio, recogida en Diario secreto de José Antonio, contribuye también a su mitificación. Así, José Antonio Martín Otín nos muestra al José Antonio de aquellos meses de cautiverio, inmediatamente previos a su inicuo fusilamiento.
En el fondo, todos los joseantonianos sabíamos que no era un dios griego ni un santo cristiano durante su vida terrenal. Sus veladas, sus cacerías, sus amoríos…; su amor, así como sus accesos de genio y su poesía, que promete. Y casi todos hemos sabido compaginar el respeto a esas intimidades con la parte de su vida que hoy es patrimonio de muchos de nosotros.
El traslado y la construcción del mito
El otro libro importante es Presentes, de Paco Cerdá. El tema basal es el traslado del cadáver de José Antonio desde Alicante hasta el Monasterio de El Escorial, en Madrid. El libro, de gran éxito editorial, tanto de público como de crítica, trata con respeto la figura y los frustrados proyectos políticos de José Antonio. No así a los organizadores del fastuoso evento, que vino a ser la construcción del mito joseantoniano, utilizado posteriormente durante decenios. Muy alejado de aquel escueto Patria-Pan-Justicia.
Pero, si el título del libro de Cerdá es Presentes, me he permitido poner entre paréntesis la ese final para denominar este articulito Presente(s), pues se superponen los homenajes joseantonianos —excesivos o no—, pero amados por muchos de nosotros, los falangistas. La ese que hemos sustraído a Cerdá representa para él a los represaliados que, en aquellos tiempos, casi simultaneaban el traslado con los fusilamientos.
Los nombres detrás de las listas
Relata Cerdá varios episodios patéticos, como los 47 y otros similares, en los que no son 47 anónimos, sino que tienen nombre, apellidos, profesión e ideología —comunistas, la mayoría—. Francisco, José, Manuel, Mario, José, Pascual, Simón, Antonio, Blas, Francisco, Luis, Ángel, Francisco, Emilio, Urbano, Enrique, Rafael, Gabriel, Antonio, Vicente, Vicente, Carlos, Felipe… Los menciona uno por uno; represalia por represalia… Venganzas.
A estas alturas del siglo XXI, muchos de nosotros, que ya convivíamos con los otros en los campamentos del Frente de Juventudes hace ochenta años, sentimos la presencia de los injustamente represaliados, rezando por ellos y por José Antonio. Y a las listas de esos 47, y de otras listas de Cerdá, no podemos nominar una por una las otras víctimas. Él solo muestra a José Antonio. No menciona a los 13 obispos, más de 3.000 sacerdotes, cientos de monjas y entre 30.000 y 70.000 seglares asesinados por ir a misa o llevar corbata. ¡Lástima que no podamos dar tantos nombres…!

