TRADICIÓN Y MONTAÑA

Nuestro Belén montañero, treinta años mirando al cielo

Desde hace más de tres décadas, un grupo de camaradas asciende cada Navidad a las cumbres del Guadarrama para colocar un Belén. Una tradición nacida del esfuerzo, la fe y la hermandad.

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Nuestro Belén montañero, treinta años mirando al cielo

El origen de una promesa en la cumbre

Os daré cuenta y noticia de la historia de nuestro ya tradicional Belén: en el Montón de Trigo, en nuestra sierra de Guadarrama, hace ya treinta años justos. Uno de entre nosotros encontró, en la cumbre mencionada, unas figurillas del Nacimiento, en escayola, desteñidas y deterioradas. Se comprometió a devolverlas en buen estado en la Navidad siguiente. Y así lo hizo; mas ya no iba solo: fueron dos los camaradas que allí subieron a instalar al Niño Dios entre las nieves. Decidieron repetir al año siguiente, pero ya fueron cuatro, y el compromiso se mantuvo.

Nació la Hermandad Doncel. En esta segunda etapa que se abría, decidimos, por asuntos de logística, mudar el Nacimiento a la cumbre de los Siete Picos. Fue un éxito.

Hermandad, esfuerzo y celebración

No quedaba otra alternativa que repartir el esfuerzo espiritual y compartir el esfuerzo físico con otros nuevos camaradas que, afortunadamente, se fueron sumando a la iniciativa. Tras el retorno al “campo base”, celebramos todos los años una comida de hermandad en el albergue de Peñalara, acompañados de aquellos camaradas sin preparación montañera o con falta de forma física, por la edad u otros motivos. El albergue, además de sustento, nos permite, en las mejores condiciones, celebrar la Navidad con nuestros villancicos y canciones de siempre. Algún año hubo que hasta más de un ciento llegamos a compartir mesa, mantel, polvorones y cantata.

El objetivo de empujar a Dios, entre todos, hasta las altas peñas se cumple un año tras otro. Y allí le rezamos. Y allí le cantamos, y le adoramos.

Mirar al cielo, incluso desde el valle

Luchamos para alcanzar nuestro objetivo hasta donde nos permiten los elementos meteorológicos, vencidos año tras año; pero una malhadada e intensa borrasca nos ha obligado, cosas de la alerta amarilla, a suspender este año nuestra querida actividad. Son las cosas de mirar al cielo y a Él querer acercarnos. En el valle eso no pasa, pero amamos las cumbres y a nuestro Niño en ellas.

En este que sería nuestro trigésimo primer Belén montañero, miraremos a lo alto con algo de pena y, el año que viene, tened todos la seguridad de que cumpliremos con nuestro empeño: pondremos de nuevo un Belén en el alto vértice de Siete Picos.

Quedamos todos emplazados para ello.

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