España y el alma histórica de Europa
La historia de Europa no puede entenderse sin la decisiva aportación de España, desde Roma hasta Trento, desde Santiago hasta América, como defensora de una civilización de raíz cristiana.
Este texto resume la exposición realizada por Anselmo Álvarez Navarrete, abad emérito de la Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, durante las XXII Conversaciones en el Valle, en junio de 2016, organizadas por la Hdad. del Valle de los Caídos y celebradas en la Facultad de Humanidades de la Univ. San Pablo CEU, sobre la aportación histórica de España a la construcción espiritual, cultural y política de Europa.
La recuperación de este artículo está motivada por el editorial de La Razón de la Proa, publicado con motivo del Día de Europa (9 de mayo), titulado Los españoles somos europeos por voluntad histórica, y, en nuestro caso, 'amamos a Europa porque no nos gusta'.
De Roma a la cristiandad europea
España ha sido, desde la Antigüedad, una pieza esencial en la formación de Europa. La propia permanencia de su nombre latino, Hispania, refleja una continuidad histórica singular dentro del continente. Durante el Imperio romano aportó figuras decisivas como Trajano, Adriano y Teodosio, este último especialmente relevante por declarar el cristianismo religión oficial del Imperio mediante el Edicto de Tesalónica, un hecho que marcaría para siempre la identidad espiritual europea.
A ello se sumó una contribución cultural de primer orden con autores como Séneca, Quintiliano, Marcial o Prudencio, cuya influencia se extendió durante siglos. La temprana implantación del cristianismo en Hispania y la importancia de figuras como Osio de Córdoba o san Isidoro de Sevilla consolidaron también una aportación eclesial decisiva. Las Etimologías de san Isidoro fueron durante siglos una auténtica enciclopedia del saber europeo medieval.
El Camino de Santiago y la unidad continental
Uno de los grandes puentes entre España y Europa fue el Camino de Santiago. Más que una simple ruta de peregrinación, constituyó una verdadera red espiritual, cultural, artística y económica que conectó a los pueblos europeos durante siglos. Por sus caminos circularon personas, ideas, mercancías, estilos de vida y formas artísticas, convirtiéndose en una especie de primera comunidad europea sustentada en una fe común.
También la Escuela de Traductores de Toledo desempeñó un papel excepcional al traducir al latín y al castellano obras fundamentales del saber árabe y judío. Gracias a ello, Europa recibió una enorme cantidad de conocimientos filosóficos, científicos y médicos que enriquecieron su desarrollo intelectual. España actuó así como puente entre Oriente y Occidente, facilitando el acceso europeo a una parte esencial del legado clásico y oriental.
Salamanca, Trento y la defensa de la fe
Durante los siglos XVI y XVII, la Universidad y la Escuela de Salamanca representaron uno de los momentos más brillantes del pensamiento europeo. Francisco de Vitoria y otros maestros desarrollaron una reflexión decisiva sobre derecho internacional, justicia, moral y economía, asentada sobre el derecho natural y una visión cristiana del hombre. Frente a la razón de Estado de Maquiavelo, defendieron la primacía de la ética y de la dignidad humana.
El Concilio de Trento fue, para el autor, el gran momento de España en Europa. La Monarquía hispánica y numerosos teólogos españoles desempeñaron un papel central en la defensa doctrinal de la fe católica frente a la Reforma protestante. España no solo impulsó la celebración del concilio, sino que aportó buena parte de sus principales teólogos. La Contrarreforma, el Barroco y la renovación religiosa posterior tuvieron allí uno de sus principales fundamentos.
América y la misión universal de España
El descubrimiento y evangelización de América supusieron, según el autor, la apertura real de la modernidad. España no solo amplió el mundo conocido, sino que integró el Nuevo Mundo en la civilización europea mediante la fe, la cultura, el mestizaje y nuevas estructuras políticas. La expansión de la cristiandad a escala universal convirtió aquel proceso en una prolongación de Europa más allá del Atlántico.
España fue también baluarte frente al islam durante siglos, primero en la Reconquista peninsular y después en Lepanto. Del mismo modo, defendió la unidad cristiana europea frente a la fractura protestante y, más tarde, frente al avance del materialismo ideológico. Esa misión histórica, marcada por un profundo sentido religioso, explica tanto su protagonismo como muchas de sus incomprensiones y leyendas negras posteriores.
La quiebra espiritual de Europa
El autor interpreta la crisis de Europa como consecuencia del progresivo abandono de sus raíces cristianas desde la Reforma y la Ilustración. A su juicio, la modernidad sustituyó a Dios por el hombre y transformó la razón en criterio absoluto, debilitando la visión integral de la persona. Desde Descartes hasta Marx, pasando por el racionalismo ilustrado, se habría producido una ruptura con la concepción cristiana que había sostenido la unidad europea.
Frente a ello, España habría mantenido durante más tiempo la primacía de lo teológico, la mística y la visión trascendente de la existencia. Para Anselmo Álvarez, la mayor aportación española fue conservar viva la memoria de Dios en Europa. La mística de Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, junto con la tradición espiritual hispánica, representarían una respuesta más profunda que la simple razón ilustrada, porque remiten al sentido último del hombre y de la historia.
Nota.- Este documento fue publicado en la revista Altar Mayor, editada por la Hermandad del Valle de los Caídos. Su lectura completa permite profundizar en una reflexión amplia sobre la identidad histórica de España y su relación con Europa, desde una perspectiva espiritual, cultural y civilizatoria. Puede leerse íntegramente abriendo el PDF original.
Participa con comentarios al final del artículo.
Descargar el documento completo.