EDITORIAL DE TROCHA. NOV/2020

Conmemoración de antaño, presencia en la actualidad.

Todos los 20 de noviembre se conmemoraba en nuestros hogares juveniles el llamado Día del Dolor (...) Los jóvenes de entonces debíamos elevar nuestras oraciones por todos aquellos que, sin distinción de bando y de trinchera, habían entregado sus vidas por una España distinta, la que creían mejor desde sus respectivos ideales, fueran o no equivocados.


Publicado en la revista Trocha, núm. 219, de noviembre de 2020.
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Editado por Veteranos OJE - Cataluña.

Conmemoración de antaño, presencia en la actualidad.

Conmemoración de antaño, presencia en la actualidad.


Todos los 20 de noviembre se conmemoraba en nuestros hogares juveniles el llamado Día del Dolor, pues era la fecha de la muerte de José Antonio Primo de Rivera, y lo considerábamos como el símbolo de todos los caídos por una España mejor.

En efecto, esta era la frase ritual que había instituido Jesús López-Cancio, delegado nacional, para indicar que los jóvenes de entonces debíamos elevar nuestras oraciones por todos aquellos que, sin distinción de bando y de trinchera, habían entregado sus vidas por una España distinta, la que creían mejor desde sus respectivos ideales, fueran o no equivocados.

¿Por qué los simbolizábamos a todos en la figura de José Antonio? En primer lugar, porque su apuesta era la de una Patria de y para todos los españoles, no coto exclusivo de una clase o de un partido; en segundo lugar, porque, en trance de ser fusilado, había redactado un Testamento en cuyos párrafos finales decía:

Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas cualidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia.

Transcurridos los años, tenemos presentes a otros caídos por los que rezar; por ejemplo, los asesinados por el terrorismo y los soldaditos que han muerto en las llamadas misiones de paz; y, por extensión, todos aquellos camaradas que nos han dejado e hicieron ofrenda de sus vidas en el servicio, manteniéndose fieles al Ideal.

Seguimos rezando por ellos y tomando su ejemplo como referencia para nosotros; y no nos cansamos de repetir el punto 10 de la Promesa: Prometo honrar con la lealtad de mi conducta la memoria de todos los que ofrecieron su vida por una España mejor. Así quedó escrito y así debe cumplirse.

Hoy en día, hay, por desgracia, quienes se empeñan en que los españoles nos volvamos a enfrentar entre nosotros; la estrategia a la vista consiste en resucitar viejos odios ya apagados, avivar rencores históricos que nosotros, en nuestros hogares, ya desconocíamos. Que no logren nunca su propósito. Que nunca más se vierta más sangre española en discordias civiles, y, además, que seamos capaces de encontrar, en paz y concordia, caminos que garanticen a todos el Pan, la Justicia y la Patria.
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