SOBRE LA FIGURA DE JOSÉ ANTONIO

Palabras de José Antonio.

En la conferencia que dio en el Círculo Mercantil de Madrid, el 9 de abril de 1935. José Antonio cita en esa conferencia al filósofo ginebrino Juan Jacobo Rousseau a quien ya se había referido en el discurso de la fundación de Falange, octubre de 1933. No olvida, en esta conferencia, del economista escocés Adam Smith.

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La imagen de José Antonio no corresponde al lugar ni día de la conferencia relatada. Tras él dos cuadernos con los texto de la conferencia. De fondo se ha utilizado una imagen real de una de las salas del Círculo Mercantil de Madrid. El grupo difuminado de personas son miembros de la junta directiva en aquella época.
La imagen de José Antonio no corresponde al lugar ni día de la conferencia relatada. Tras él dos cuadernos con los texto de la conferencia. De fondo se ha utilizado una imagen real de una de las salas del Círculo Mercantil de Madrid. El grupo difuminado de personas son miembros de la junta directiva en aquella época.
Palabras de José Antonio.

Palabras de José Antonio


Una de mis nietas que, por cuestiones de trabajo ha estado el pasado año en EE.UU, me ha traído un libro, cuya portada reproduzco, titulado El trabajo y la lucha de clases, editado en 1939, y que fue comprado en la librería de viejo Bolerium Books, sita en la ciudad de San Francisco (California). El anterior propietario había sido un señor de Zaragoza llamado Moisés, según puede verse en el sello que ha dejado marcado en la segunda página del libro. Es decir, también en EE. UU. hay personas que se interesan por el fundador de Falange, de lo contrario no habría ningún interés de vender libros, que recogen sus palabras, en una librería de viejo de aquel país.

José Antonio que había leído mucho, no como los parlamentarios de ahora que son, la mayoría de ellos, unos indocumentados como han demostrado casi siempre. Un ejemplo: la vicepresidenta de nuestro nefasto gobierno, Carmen Calvo, dijo en una ocasión que «el dinero público no es de nadie», y, recientemente, refiriéndose a Fernando Simón, que no es doctor, ha dicho: «tiene su cargo por razón de su 'expertitud'». Palabra, esta última, que no figura en el diccionario de nuestra RAE.

Pero, volviendo a José Antonio Primo de Rivera, estoy seguro que la gran mayoría de los parlamentarios, que rigen, con su voto, los destinos de nuestra patria, jamás oyeron hablar de los personajes que cita el fundador de Falange en la conferencia que dio en el Círculo Mercantil de Madrid, el 9 de abril de 1935. José Antonio cita en esa conferencia al filósofo ginebrino Juan Jacobo Rousseau a quien ya se había referido en el discurso de la fundación de Falange, octubre de 1933, como un hombre nefasto. De esta conferencia en Madrid, recogemos algunas de las palabras que hacen mención al hombre nefasto:

«Vamos a pensar que estamos, por un instante, en el último tercio del siglo XVIII. Del siglo XIII al XVI, el mundo vivió una vida fuerte, sólida, en una armonía total; el mundo giraba alrededor de un eje. En el siglo XVI empezó esto ya a ponerse en duda. El siglo XVII introdujo el libre examen, se empezó a dudar de todo. El siglo XVII ya no creía en nada; si queréis, no creían en nada los más elegantes, los más escogidos del siglo XVIII; no creían ni siquiera en sí mismos. Empezaron a asistir a las primeras representaciones, a las primeras lecturas en que los literatos y los filósofos de la época se burlaban de esa misma sociedad afanada en festejarlos. Vemos que las mejores sátiras contra la sociedad del siglo XVIII son aplaudidas y celebradas por la misma sociedad a la que satirizaba. En este ambiente del siglo XVIII, en este siglo XVIII que todo lo reduce a conversaciones, a ironías, a filosofía delgada, nos encontramos dos figuras bastante distintas: la figura de un filósofo ginebrino y la figura de un economista escocés.

El filósofo ginebrino es un hombre enfermizo, delicado, refinado; es un filósofo al que, como dice Spengler que acontece a todos los románticosy éste era el precursor ya directo del romanticismo–, fatiga el sentirse viviendo en una sociedad demasiado sana, demasiado viril, demasiado robusta. Le acongoja la pesadumbre de esa sociedad ya tan formada y siente como el apremio de ausentarse, de volver a la Naturaleza, de librarse de la disciplina, de la armonía, de la norma.

Esta angustia de la Naturaleza es como la nota constante en todos sus escritos: la vuelta a la libertad. El más famoso de sus libros, el libro que va a influir durante todo el siglo XIX y que va a venir a desenlazarse casi ya en nuestros días, no empieza exactamente como habéis leído en muchas partes, pero sí casi empieza en una frase que es un suspiro. Dice: "El hombre nace libre y por doquiera se encuentra encadenado." Este filósofoya lo sabéis todosse llama Juan Jacobo Rousseau; el libro se llamaba 'El contrato social'.»

No olvida José Antonio, en esta conferencia, al economista escocés Adam Smith a quien considera un hombre sencillo en sus gustos, algo volterianos y que, antes de ser economista, explicó Lógica en la Universidad de Glasgow y después Filosofía moral. Entonces, la Filosofía moral se componía de varias cosas bastante diferentes: Teología natural, Ética, Jurisprudencia y Política. Había, incluso, escrito Smith, en el año 1759, un libro titulado Teoría de los sentimientos morales; pero, en realidad, no es éste el libro el que le abrió las puertas de la inmortalidad; el que le abrió esas puertas lo tituló Investigaciones acerca de la riqueza de las naciones.

Pues bien, sobre Adam Smith, también dijo José Antonio, aquel día, unas palabras y que ahora recogemos algunas:

«Para Adam Smith el mundo económico era una comunidad natural creada por la división del trabajo Esta división del trabajo no era un fenómeno consciente, querido por aquellos que se habían repartido la tarea; era un fenómeno inconsciente, un fenómeno espontáneo.

Los hombres se habían ido repartiendo el trabajo sin ponerse de acuerdo; a ninguno, al proceder a esa división, había guiado el interés de los demás, sino la utilidad propia; lo que es cada uno, al buscar esa utilidad propia, había venido a armonizar con la utilidad de los demás, y así, en esta sociedad espontánea, libre, se presentan: primero, el trabajo, que es la única fuente de toda riqueza; después, la permuta, es decir, el cambio de las cosas que nosotros producimos por las cosas que producen los otros; luego, la moneda, que es una mercancía que todos estaban seguros habían de aceptar los demás; por último, el capital, que es el ahorro de lo que no hemos tenido que gastar, el ahorro de productos para poder con él dar vitalidad a empresas nuevas. Adam Smith cree que el capital es la condición indispensable para la industria: el capital condiciona la industriason sus palabras–.

Pero todo esto pasa espontáneamente, como os digo; nadie se ha puesto de acuerdo para que esto ande así y, sin embargo, anda así, tiene que andar así; además, Adam Smith considera que debe andar así, y está tan seguro, tan contento de esta demostración que va enhebrando, que, encarándose con el Estado, con el soberanoél también le llama el soberano–, le dice: "Lo mejor que puedes hacer es no meterte en nada, dejar las cosas como están. Estas cosas de la economía son delicadísimas; no las toques, que no tocándolas se harán solas ellas e irán bien".

El libro de Rousseau se ha publicado en 1762; el de Adam Smith se ha publicado en 1776, con muy pocos años de diferencia. Hasta entonces son dos disquisiciones doctrinales: una tesis que aventura un filósofo y una tesis que aventura un economista; pero he aquí que en aquel final agitado del siglo XVIII ocurre lo que tiene que ocurrir para que estas dos tesis teóricas se pongan inmediatamente a prueba

Estas palabras de José Antonio, que amaba también la poesía y que fue poeta como bien dijo Salvador de Madariaga, demuestran la cultura de este hombre que fue asesinado cuando solo tenía 33 años, y que no había participado en aquella guerra incivil, sino más bien todo lo contrario, porque intentó pararla, pero no lo dejaron. Esto lo callan ahora todos los vividores y chusma que tanto hablan de la memoria histórica.

El que tenga alguna duda que lea las memorias de quien fue un político español: presidente de las Cortes, presidente y vicepresidente del Consejo de Ministros, presidente interino de aquella nefasta Segunda República que padeció España, y presidente de la misma en el exilio, Diego Martínez Barrio. Incluso, no hace dos meses, el abogado catalán Jorge Frías Sagnier, escribía en le diario ABC: «José Antonio era ajeno por completo al curso de la Guerra Civil y que a Franco se le hubiese aupado a jefe de los ejércitos y jefe del estado sublevado».

También el libro El trabajo y la lucha de clases, publica unas palabras de Raimundo Fernández-Cuesta y de Julio Ruiz de Alda. De este último, no se conoce apenas nada que haya dejado escrito. Por esta razón, dejamos para otra ocasión las palabras que de él recoge este libro.


Para saber más sobre la conferencia que dio en el Círculo Mercantil de Madrid, el 9 de abril de 193:


 

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