La Razón de la Proa

LA RAZÓN. 11/NOV/2020

Las últimas confidencias de José Antonio en la cárcel

En octubre de 1936, el periodista estadounidense Jay Allen logró hacerle la última entrevista al fundador de Falange.


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Autor.- Víctor Fernández, periodista cultural [Twitter]
Sobre Jay Allen.

La imagen de Jay Allen aparece sobre la ficha policial de José Antonio Primo de Rivera cuando fue detenido en Madrid (14/03/1936). De fondo, la cárcel de Alicante en una fotografía de los años 60.
La imagen de Jay Allen aparece sobre la ficha policial de José Antonio Primo de Rivera cuando fue detenido en Madrid (14/03/1936). De fondo, la cárcel de Alicante en una fotografía de los años 60.
Las últimas confidencias de José Antonio en la cárcel

Las últimas confidencias de José Antonio Primo de Rivera en la cárcel


Hay aniversarios que caen injustamente en el olvido. Es lo que tiene mala memoria o una memoria selectiva sobre todo si el protagonista ha jugado, a ojos de algunos, con fuego. El pasado verano se cumplieron 120 años del nacimiento de uno de los mejores periodistas que han pasado por nuestro país, uno de los grandes corresponsales durante la Guerra Civil.

Se llamaba Jay Allen y fue el responsable de algunas de las más destacadas exclusivas en ese tiempo bélico. Jugándose la vida, siendo incómodo para unos y otros, Allen informó de todo cuanto veía, además de intentar entrevistar a los grandes protagonistas del drama.

Uno de ellos lo encontró en una cárcel de Alicante en un momento en el que no pocos pensaban que ya estaba muerto o que era mejor que lo estuviera. El 3 de octubre de 1936, gracias a una invitación de Rodolfo Llopis, subsecretario de la Presidencia de Francisco Largo Caballero, Allen pudo conocer al más famoso de los reos de esa prisión. Era José Antonio Primo de Rivera, el líder y fundador de Falange, a quien se había detenido el 14 de marzo de 1936, justo cuando el gobierno republicano había calificado a la formación como ilegal.

José Antonio, hijo del dictador que había dirigido el país con el visto bueno de Alfonso XIII, había estado conspirando contra el Gobierno, pero el golpe de Estado perpetrado por un grupo de militares entre el 17 y el 18 de julio. Sin embargo, no pudo ser finalmente uno de los principales actores al seguir entre rejas cuando Franco y los suyos se levantaron en armas en África y Canarias antes de que todo aquel desastre pasara a la península un día más tarde.

Allen sabe de las andanzas de Primo de Rivera cuando traspasa los muros del presidio alicantino. No estará solo mientras realice la entrevista porque estará vigilado por los milicianos que hay en el penal, los mismo a los que no les hace ni pizca de gracia que se haya autorizado el encuentro. Al periodista, como explica Paul Preston en su libro Idealistas bajo las balas, no le quedó otra alternativa que tener que convencer a la Comisión de Orden Público de Alicante, con mayoría de anarquistas. Dos reuniones después, pudo ir al presidio tras varios debates.

Finalmente, un día Allen, acompañado de un grupo de anarquistas, salió de su hotel en dirección a su ansiada entrevista. Al llegar a la cárcel, el director del presidio le advirtió que los reos estaban en el patio haciendo ejercicio. Cuando llegó a esa zona, Jay Allen se encontró con José Antonio y su hermano Miguel. Él era la primera visita que tenían desde hacía meses. Escribe el reportero:

"José Antonio, el más delgado de los dos, me da la mano cortésmente. Encuentra difícil disimular su desilusión al ver que soy solamente yo. Los cuatro camaradas del Comité están a pocos pasos.

– ¿No fue hace dos años cuando comimos juntos en el Savoy, de Madrid, con el príncipe?

Los camaradas escuchan con interés. Digo, muy profesionalmente:

– ¿Seguimos con la entrevista?"

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Publicada por La Razón de la Proa en Miércoles, 18 de noviembre de 2020
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