Apuntes al “fracaso” de FE de las JONS (Aut) en la Transición
Entre la pureza ideológica y la realidad social. Un repaso crítico al devenir de FE de las JONS (Auténtica) durante la Transición, analizando sus límites políticos, tensiones internas y la desconexión entre su propuesta ideológica y la sociedad española del momento.
Una anomalía política en la Transición y sus raíces disidentes
Recientemente he leído, en La Razón de Proa, un artículo de José Ignacio Moreno, muy recomendable (ver el enlace al final del párrafo), donde se preguntaba si podría triunfar hoy en día un programa como el de Falange Española de las JONS (Auténtica), organización política que dio mucho que hablar durante la Transición. Estuvo en los medios sobre todo por su activismo y, también, porque rompió esquemas. ¿Qué hacía un partido que se decía falangista defendiendo posturas teóricamente izquierdistas y atacando al franquismo?
Había sido creado por pequeños grupos falangistas de oposición —sí, de oposición al franquismo— que, unidos, levantaron la bandera de una auténtica Falange ajena a la dictadura que llevaba en el poder desde 1939 y que utilizó como imagen la figura de Manuel Hedilla, II Jefe Nacional de Falange Española de las JONS, defenestrado y condenado por Franco en 1937.
Coincido con el contenido del artículo de Ignacio Moreno que, más que plantear directamente si tendría la Auténtica posibilidades hoy en día, analiza certeramente el porqué de su fracaso.
Fracaso político, límites estructurales y errores de diagnóstico
Es obvio que todo partido aspira al poder para llevar a cabo sus propuestas y, en ese sentido, fracasamos. Tan solo en algunos ayuntamientos obtuvimos concejales con escasa influencia, pero, aparte de eso, poco poder tuvimos. Esa vía de municipalismo ni pudimos ni supimos llevarla adelante y, consecuentemente, ampliarla, lo que nos impidió asentarnos sobre bases locales conectando con la realidad social.
Ahora bien, desde el punto de vista más moral y sentimental que práctico —el de explicar la verdadera historia y pensamiento que tratamos de modernizar de José Antonio—, no fracasamos del todo.
Tras las elecciones generales de 1977, donde obtuvimos cerca de 47.000 votos y ninguna representación parlamentaria, lo que no dejó de ser un revés y una frustración colectiva, fue cuando se planteó la mayoría de las cuestiones que manifiesta Ignacio Moreno que, evidentemente, quedaron en nada por una serie de factores que nos llevaron a la escisión y, en definitiva, a la postre, a la total marginalidad.
Divisiones internas, juventud militante y falta de medios
Hubo, además, cuatro factores que influyeron en el fracaso general de Falange Española de las JONS (Auténtica). Por un lado, las luchas internas por el poder; por otro, el hecho de que la mayoría de los militantes estábamos entre los 18 y 25 años —es decir, nuestra preparación política era escasa: éramos más activistas que cuadros—, a lo que había que unir la ausencia de militantes de edad intermedia; también la carencia de medios y, por último, dos concepciones diferentes de lo que debía ser el partido: la tradicional falangista, que quería dar marcha atrás en todo lo relativo a una evolución y revisionismo falangista, y otra más liberal, abierta a transformaciones.
Es cierto que se privilegió cierta pureza ideológica —en mayor o menor medida y dependiendo de quién—, así como el mantenimiento de una genealogía histórico-intelectual.
Choque ideológico, fracaso sindical y memoria sin base social
También lo es que analizamos erróneamente la Transición, considerando el liberalismo parlamentario como algo provisional y no definitivo ni estable. No fuimos capaces de intuir por dónde iban las cosas ni lo que quería el pueblo español que, de ninguna manera, era la revolución nacionalsindicalista, ya fuese tradicional o desarrollada.
Estuvo también presente el choque entre dos visiones falangistas, como ya he dicho: una tradicional y otra revisionista, que nos impidió dar pasos adelante, anclándonos en una supuesta realidad inexistente.
Desde el punto de vista sindical creamos un sindicato, la CTS —Central de Trabajadores Sindicalistas—. Tampoco tuvo éxito, a pesar de su interesante afiliación y de contar con dirigentes capaces. Sin embargo, la ausencia de medios —siempre el dinero— y su excesiva vinculación con la Auténtica, que la arrastró en su caída, impidieron su consolidación.
Persistencias testimoniales y un horizonte incierto
No es hora de lamentaciones; lo hecho, hecho está. Pero me parece muy interesante el final del artículo de Ignacio Moreno: «…ese espacio seguirá existiendo (el de Falange Española de las JONS [Auténtica]) como memoria difusa o corriente subterránea, pero no como fuerza política estructurada. La cuestión decisiva no es si podría volver por voluntad militante, sino si la estructura social que lo haría pensable puede reaparecer en nuestra sociedad. Por ahora, esa estructura no está presente. Habría que construirla».
Me permito añadir que hoy sigue existiendo un grupo que se llama FA —Falange Auténtica— que hace ímprobos esfuerzos por tener visibilidad y por ocupar —no totalmente y salvando las circunstancias— ese espacio político perdido, aunque tengo la duda de si la estructura social que lo haría pensable reaparecerá en nuestra sociedad.
El futuro tiene la palabra.