Una llamada a elevar la mirada.
Ante la próxima visita papal a España, se plantea la necesidad de recuperar una mirada alta y trascendente frente a la inercia cultural dominante, reivindicando memoria, fe y sentido histórico.
Una llamada a elevar la mirada
Parece que el himno del próximo viaje del papa León XIV a España se titula Alza la mirada; lo he escuchado en Internet y, francamente, me ha gustado; espero que se convierta en consigna para todos los creyentes españoles —y, especialmente, para las nuevas generaciones— frente a la aburrida. constante y aviesa propaganda que nos invita a mirar hacia abajo.
Los jóvenes españoles de otros tiempos —entre los que se encontraba un servidor y nunca se ha arrepentido— también alzábamos la mirada, que proponíamos que fuera clara y lejos, porque, a continuación afirmábamos, que estábamos caminando hacia Dios. Otra canción, procedente de un maravilloso soneto de dos décadas anteriores, que se centraba en las desilusiones ante la dura realidad frente a los ideales juveniles, finalizaba con los versos pero allí donde estés, cree y espera y con un rotundo pon los ojos arriba, siempre arriba. De forma que a mi generación no le suena nada extraño eso de alzar la mirada.
Prudencia vaticana y anhelo de firmeza
Sé, por supuesto, que el itinerario de Robert Prevost en España estará cuidadosamente previsto y los eventos multitudinarios y recepciones privadas perfectamente organizados según un guion dado; también, que, si algo caracteriza al actual pontífice, es la prudencia (a pesar de las invectivas del lenguaraz señor Trump) y que medirá sus mensajes en línea de comedimiento, con ciertas dosis de esa cautela que siempre ha caracterizado al Estado Vaticano; claro que los católicos españoles muchas veces en la historia no han prestado mucha atención a esa intrincada diplomacia, sino que han deseado —y desean— palabras fuertes del Evangelio.
Haciendo por mi parte también uso de diplomacia y prudencia, me atrevo en estas líneas a sugerir a nuestro ilustre visitante que, efectivamente, alce la mirada, quizás no tanto a los exactos recorridos de la planificación de su viaje y sí a los ánimos de los españoles; y también sugeriría que sus ojos pudieran contemplar, en lo alto de la sierra del Guadarrama, una gigantesca cruz —creo que la más alta del mundo— que algunas voces han propuesto volar con dinamita, al estilo talibán, y otras, más taimadas, se empeñan en resignificar, que viene a ser lo mismo pero sin explosiones.
Símbolos en cuestión: la Cruz y su significado
Quizás se le oculte al santo padre la actual tendencia oficial de derribar cruces en muchas localidades y parajes de España; creo que la última ha sido en concreto la que presidía el pico de Aneto…
Hace poco tiempo se difundió el contenido de un documento, firmado por el señor Bolaños, en nombre del Gobierno que nos rige, y del obispo Cobo, supuestamente en nombre de la Iglesia católica, donde se recogían unos “acuerdos” para la resignificación del Valle de los Caídos, donde no se elevaban precisamente las miradas; a la hora de la verdad, parece que esos pactos son papel mojado, y dicen por ahí que la pelota está en el campo del Vaticano, concretamente de su secretario de Estado, Pietro Parolin; la historia es demasiado larga para detallarla aquí, pero previamente se había forzado la dimisión del prior del monasterio, Santiago Cantera, nada dócil a las maniobras políticas…
Reconciliación, memoria y legado de la Iglesia
En estos últimos días, he leído en la prensa unas palabras del presidente de la Conferencia Arzobispal Española, Luis Argüello, que, entre otras cosas de más calado sobre la situación española, invitaba al Gobierno y a la comunidad benedictina del Valle de los Caídos a “alcanzar un razonable y satisfactorio acuerdo”. Lo de razonable es dudoso, dados los propósitos gubernamentales que a nadie se ocultan, y lo de satisfactorio es todavía más problemático, pues los intereses son totalmente distintos.
Por parte de un sector de la jerarquía eclesiástica española se trataría de cerrar los ojos y ponerse de perfil —y perdón por el posible juicio prematuro—, como ha ocurrido, por ejemplo, con las profanaciones oficiales de sepulturas en lugares sagrados; por parte del Gobierno, se trata de borrar del mapa y de la historia colectiva el profundo significado de reconciliación entre los españoles, ese que fundamente la existencia del monumento y del Valle, que siempre ha tenido la denominación geográfica de Cuelgamuros pero no se habían enterado.
La mirada histórica de la Iglesia sobre el Valle
Posiblemente no disfrutará el santo padre en su viaje del panorama de la Cruz del Valle; me gustaría, todo lo más, que su Secretaría de Estado le informara del significado y tuviera ocasión de enterarse de cuál fue la postura de alguno de sus predecesores en la Silla de Pedro. En su fundación, en 1958, Pío XII otorgó a la basílica la condición de exenta y de sui iuris, y en su carta apostólica decía que «se ha levantado un monumento en recuerdo de aquellos que en la guerra civil entregaron su vida por una u otra causa».
Juan XXIII lo declaró Basílica con estas palabras:
«…Este monte sobre el que eleva el signo de la Redención humana ha sido excavado en inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los caídos de la guerra civil española. Y allí, acabados los padecimientos, terminados los trabajos y aplazadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz a la vez que se ruega sin cesar por toda la nación española».
Benedicto XVI, cuando era todavía el cardenal Rarzinger, visitó el Valle de los Caídos y legó el maravilloso texto del Vía Crucis para el recorrido de casi cinco kilómetros, entre bosques y montañas de Cuelgamuros, que culminaba ante el Cristo Yacente de la basílica. Me temo que, de seguir así las cosas, me deberé limitar a rezarlo en la intimidad y no, como otras veces, alzando la mirada hacia la cruz.
Pero, desde mi edad y madurez, esa mirada seguirá estando clara y lejos…
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