La raíz prepolítica del pensamiento joseantoniano
Más allá de los programas y las propuestas concretas, el autor reivindica la dimensión prepolítica del pensamiento de José Antonio: una visión espiritual, humanista y trascendente de la persona como fundamento de toda acción política.
Ser hoy falangista tiene un significado prepolítico en el fondo, pues hay que asumir las bases axiológicas (valores) y los profundos calados en los que se sustentó toda la arquitectura política de José Antonio; claro que se puede uno limitar a estar de acuerdo con propuestas y medidas para la sociedad, pero, en realidad, para definirse de ese modo se requiere bucear en la sustentación y no quedarse en la superficie, que es siempre cambiante según las circunstancias..
La revolución que nace en el interior
Hablamos, pues, de interiorización de lo esencial, de acuerdo con aquella vieja consigna: la revolución empieza en uno mismo; y vayamos al sentido etimológico de revolución: cosas nuevas (res novae), que residen en lo prepolítico. Y empezamos con la consideración espiritual, humanista y personalista del ser humano, pues el Fundador partía de ello para elaborar sus planteamientos políticos.
El ser humano —y no el Estado (fascismo), la clase social (marxismo) o la nación (nacionalismos)— lo sustenta todo, pues es considerado como «envoltura carnal de un alma, capaz de condenarse o de salvarse»; es decir, un sentido trascendente de la vida del hombre, dotado de «dignidad, libertad e integridad, como valores eternos e intangibles». Ese ser humano es persona, o sea, siempre en relación al otro al vivir en sociedad, no concebida como un pacto, sino como condición inherente a su ser.
La patria como destino y estilo
La sociedad, históricamente, se configura en determinados modelos, y el principal es la patria, que no es una unidad sustentada en razones identitarias, físicas, étnicas, lingüísticas o geográficas, sino que está concebida como destino y estilo: lo primero, en lo universal; lo segundo, con una constante que es «la interpretación española, cristiana y occidental de la existencia»; hoy en día, las patrias adoptan la forma de Estado nacional, que puede ser superado en el futuro por inclusiones más amplias, hasta una situación final, que es «la unidad del género humano».
Trabajo, propiedad y proyección espiritual
El hombre colabora en la sociedad mediante su trabajo, que, por ser precisamente humano, tiene su dignidad, distinta de la utilidad de las cosas, esas que denominamos capital; el trabajo es «la proyección del hombre sobre las cosas» y se sustenta en el derecho de propiedad, sea en forma individual o colectiva; por ello, se califica el trabajo también como espiritual, y lo son también las agrupaciones de trabajadores (gremios, cooperativas, sindicatos). Del mismo modo, la proyección de una patria sobre el universo (imperio) es también espiritual.
De los fundamentos a la acción política
Todo lo demás —como proyectar todo lo dicho sobre el conjunto de la sociedad— pertenece al campo de lo político, que requiere una identificación con otros para hacer realidad el proyecto de fines idénticos. Y esto entra en el campo de la oportunidad y la posibilidad real de hacerlo, y en el de los instrumentos o medios para ello.