El arcoíris: belleza, símbolo y apropiación

El arcoíris ha pasado de ser un fenómeno que despierta el asombro infantil y un símbolo religioso de esperanza a convertirse en un emblema sujeto a disputas culturales y políticas de nuestro tiempo.

El asombro de la infancia

Se recuerda bien. Yendo hacia el colegio, un día lluvioso. De repente, al final de la calle, en el cielo, aparece un arco precioso, de muchos colores, que se van solapando unos con otros, desde el rojo intenso hasta el violeta. Una imagen, un día inolvidable.

En aquellos primeros años de infancia, eso de la refracción era algo incomprensible; solo nos llegaba lo maravilloso, lo sorprendente, lo celestial. Igual que cautivó a las mitologías griega y nórdica. Y también a nuestro Antiguo Testamento, donde se presenta como la señal del pacto que hace Dios con los hombres, por el que no habría nunca más otro Diluvio Universal.


De fenómeno natural a emblema colectivo

Superado el desconocimiento y aceptado el carácter natural del arcoíris, en nuestros tiempos su belleza y simbolismo han sido utilizados como representación de la paz universal, y millones de balcones la lucieron —especialmente en Italia— como protesta contra la guerra de Irak.

Ese simbolismo, y esa vinculación de un color diluyéndose en el siguiente, ha sido acaparado por el poderoso lobi LGTBI, que lo utiliza como su principal símbolo... aunque le ha suprimido —como era de esperar— el color azul celeste, cuya simbología considera bastante contrapuesta.


El arcoíris permanece

Con muchos más años, con muchos más conocimientos y experiencia, y con mucha menos ingenuidad, algunos seguimos maravillándonos con el arcoíris que, en algún lugar, sigue apareciendo cada día. Con su azul celeste…