Memoria

Manuel Hedilla y los “niños de la guerra”.

En primer plano la estatua en homenaje a los 'niños de la guerra' en la playa del Arbeyal, de Gijón (Asturias).

De entre las labores más importantes y desconocidas acometida por la Delegación Nacional del Servicio Exterior de la Falange estuvo la relacionada con la repatriación de los "niños de la guerra".


Autor.-  ​​Francisco Blanco Moral. Publicado en la revista Rastro de la Historia, núm. 2 (sin fecha). Recogido por la revista Gaceta Fund. José Antonio (FJA), de diciembre de 2023. Ver portada de Gaceta FJA en La Razón de la Proa (LRP). Solicita recibir el boletín semanal de LRP.

Precisamente, una de las constantes en la historia de la Falange fue la de asumir tareas de asistencialismo como ocurrió con Auxilio de Invierno, Auxilio Social, Sección Femenina, Obra Sindical del Hogar, etc. aunque en ocasiones mezcladas con actividades de otra índole como ocurrió en la repatriación. Fueron esas funciones de beneficencia y asistencialismo de la Falange las que resultaron más positivas, sobre todo si se comparan con los resultados obtenidos al abordar otros escenarios.

Al estallido de la contienda española y en la situación en que se encontraban muchos niños con padres en el frente, muertos en combate o bajo la tutela del Gobierno republicano y dado el temor de una población sitiada en Madrid, las autoridades decidieron la evacuación de una parte de niños madrileños. Se realizó su traslado a colonias en zonas dominadas por la República preferentemente en el levante español. Poco tiempo después fueron niños catalanes, vascos, santanderinos o asturianos los que seguirían la suerte de los madrileños. Pero no quedó en este traslado interno la movilidad infantil. La solidaridad internacional con la República brindó la posibilidad de alojamiento de niños españoles en familias o instituciones de países extranjeros y en diciembre de 1936 comenzaron las primeras expediciones de niños al exterior.

La dispersión de sociedades o grupos encargados hasta ese momento decidió al Gobierno de la República, ya establecido en Valencia, en los comienzos del año 1937 a la creación de un organismo que con el nombre de Delegación de Colonias y dependiente del Ministerio de Instrucción Pública centralizaba el tema. El control de la mencionada Delegación era tanto para las colonias en territorio español como para las del extranjero. En agosto de 1937 se creó la Delegación Especial para la Infancia Evacuada y algunos días más tarde el Consejo Nacional para la Infancia Evacuada con claras competencias hacia aquellos niños que había marchado al extranjero. Las funciones de estos últimos organismos, en su retórica dispositiva, consistían en el intento de salvaguardar la idiosincrasia cultural de los niños, así como encargarse de las formas organizativas y económicas de sostenimiento, bien directamente o bien coordinando las ayudas.

Un balance numérico de niños que serían acogidos a estos traslados forzosos pone de manifiesto que, los que residían en las colonias de territorio nacional republicano eran 652, en abril de 1938, repartidos en 160 establecimientos, y el total de menores españoles expatriados ascendía a 34.037. De estos últimos fueron (con pequeños márgenes de error) 17.489 a Francia, 5.130 a Bélgica, 4.435 a Inglaterra, 5.291 a la URSS, 430 a México, 807 a Suiza, 335 a la zona francesa de África y 120 a Dinamarca. 187 establecimientos, además de los receptores particulares, se hacían cargo de ellos. A lo que habría que sumar lo que otros informes indican con Checoeslovaquia, Holanda y Suecia como puntos de destino receptores de niños españoles.

La dispersión hacia distintas naciones hizo conveniente la creación del Comité Internacional de Coordinación para ordenar, de alguna forma, las muestras de solidaridad de entidades o particulares extranjeros.

Desde el bando nacional, la descalificación por la evacuación de niños fue temprana y entre las distintas fuerzas que lo integraban, destacó el papel de Falange. En la postura mantenida por la Falange se pueden observar varias etapas, que corren paralelas a su significación dentro del entramado político que se iba gestando. Así, antes de abril de 1937, hubo una actitud, desde las más altas instancias falangistas, de sensibilización sobre el tema con el deseo de intervenir directamente en el asunto, quizás por entender que además del móvil humanitario se hacía preciso asumir ya tareas propias del futuro Estado falangista al que se aspiraba. Y este tiempo es al que se dedican estas líneas.

Porque ya antes de la existencia de Falange Española Tradicionalista (FET) como partido único, Falange Española había dado muestras de que la expatriación era un asunto preocupante, aunque los propios falangistas, por desconocimiento o por voluntario olvido, quisieron al historiar los acontecimientos fijar en la toma de Bilbao ⎼junio de 1937⎼ el momento decidido para actuar en el tema de la repatriación, revisando una historia que no había sido así.

El Servicio de Prensa y Propaganda de la Falange, en febrero del 37, ya difundía a través de sus periódicos lo que titulaba como “secuestro” de niños por parte del Gobierno republicano. Un crimen atentatorio contra cualquiera que tuviera sentimientos humanos y donde el jefe provisional de la Junta de Mando aparecía con su compromiso absoluto para abordar el tema.

Manuel Hedilla Larrey, máxima cabeza visible de la Falange Española, dirigió en febrero de 1937 una extensa carta al secretario general de la Sociedad de Naciones interesándose por el tema y pidiendo que la sociedad ginebrina organizara la repatriación. En el texto se explicaba que la Falange se encargaría de los gastos económicos que ello conllevara. La respuesta del alto organismo internacional fue decepcionante para la Falange, basada en la argumentación de que el escrito falangista no procedía de fuente oficial y por tanto no se hacía caso de la petición. En el interior de Falange se tenía la esperanza de que, mientras el Gobierno Nacional no fuera reconocido por los países que integraban el Consejo de la Sociedad de Naciones, el tema de los niños expatriados fuera asumido por algún gobierno amigo que estuviera representado en Ginebra.

Información aparecida en los periódicos de la Falange. Febrero de 1937

En aquella misiva escrita en inglés ⎼requisito protocolario imprescindible⎼ y muy posiblemente realizada por el Servicio de Intercambio o de Exterior y con Elena Paul de intérprete, Manuel Hedilla hacía un relato sobre el espacio de crimen y venganza que había en la zona gubernamental. Hijos de asesinados por el Gobierno rojo o hijos de combatientes abducidos por ese gobierno sovietizado y muertos en combate, que habían quedado absolutamente desamparados. Un gobierno sovietizado que había ya exportado oro y arte y que, ahora, lo hacía con el bien más preciado, con los niños.

Fragmento del borrador de la carta envidada a la Sociedad de Naciones por Manuel Hedilla

Para estas pobres víctimas infantiles se había preparado por el Gobierno de Valencia su evacuación a distintos lugares, entre los que había uno ⎼y con acierto maldito en el imaginario de Manuel Hedilla (hambre, frío, ateísmo, prostitución y muerte)⎼: la URSS.

Fragmento del borrador de la carta envidada a la Sociedad de Naciones por Manuel Hedilla

Lo que concuerda perfectamente con la realidad narrada por historiadores de prestigio, como Richard Lorenz, por más que el agradecimiento postrero de otros, incluidos los directamente interesados o los que se han encargado en publicitar, esté también presente en la literatura histórica. Que cada cual cumpla con su dogma que en eso se ha convertido la historia.

Utilizaba en la petición el desplazamiento de esos niños a países no comunistas como Suiza, Bélgica, Portugal o Francia, donde resulta llamativa la nota al margen con un interrogante sobre la mención al último de los Estados referidos en donde, como sabemos gobernaba, el Frente Popular con Léon Blum a la cabeza. Y aparecía una analogía en la construcción del discurso muy interesante, que podría dar lugar a interpretaciones diferentes en las que no voy a entrar y que sería pasto para los seguidores de la hermenéutica. Se pedía el auxilio para estas pobres víctimas de forma similar a como se les estaba dando a los judíos que huían de Alemania.

La misiva al francés Avenol, máximo responsable de una entidad a la que se acudía sabiendo de antemano la consideración que la Falange tenía de ella, cayó en el olvido. La Sociedad de Naciones se quitó el tema de encima aduciendo, ya se ha dicho, que aquella petición no venía de ningún gobierno y, en consecuencia, la desestimaba. Y para quien quiera el total contenido de la carta para su mayor conocimiento (o para mejorarlo) les remito al Testimonio de Manuel Hedilla publicado en Acervo porque allí figura.

A pesar de la postura de la Sociedad de Naciones, Manuel Hedilla no se dio por vencido y a principios de abril de 1937, cuando quedaban muy pocas fechas para los sucesos de Salamanca (entre el esperpento y la tragedia), el jefe de la Junta de Mando dirigía al The Times, a la The General Relief Fundation y a la Unión Internacional de Socorros a la Infancia la petición de ayuda ante lo que no dudaba en calificar de "inhumana exportación de niños a la URSS”. No se hacía referencia a los evacuados a otros destinos y se ponía el acento en la antinomia "civilización de occidente, barbarie de oriente" como baza fundamental para la comprensión británica del asunto. La Unión Soviética resumía el mal y ese infierno de hielo sería lugar de muerte, por lo menos espiritual, de los niños españoles que allí iban. (1)

Esos niños que actualmente se envían a Rusia son huérfanos de bolcheviques españoles en su mayor parte. Pero precisamente por ello, es más grande la preocupación de Falange Española. Falange Española es un Movimiento Nacional profundamente proletario. Nuestro lema es el Pan, la Patria y la Justicia iguales para todos los españoles. Ya que no hemos podido librar del horror comunista y traer a nuestra filas de Hermandad y Dignidad ante los derechos y deberes a muchos hombres de España, era nuestro deseo que sus hijos se educasen con nuestros hijos en el amor a la Patria, al Trabajo y a la Disciplina.

Pedía Hedilla en sus escritos la creación de un territorio neutral, controlado por algún embajador sudamericano, sufragado por el Gobierno nacionalista de España, y que dispusiera de clima similar al español para estos niños huérfanos o abandonados. El planteamiento dado por el jefe falangista, sería, curiosamente, atribuido más tarde al general Franco. (2)

No se había recatado Hedilla en sus cartas, de relatar la importantísima labor asistencial que con los niños, víctimas de la guerra, estaban realizando los servicios de orden social falangista, ni de exponer, aunque de forma velada, las aspiraciones falangistas a la conquista del Estado. En la misiva que había dirigido a la Sociedad de Naciones decía que Falange Española no es todavía el Estado Español, con lo que estaba proyectando con claridad el deseo de conseguir serlo en breve espacio de tiempo.

Carta dirigida a The Times por Manuel Hedilla. 1 de abril de 1937

Y de esta expresión del voluntarismo falangista, que sería continuada más adelante por la Delegación Nacional del Servicio Exterior de la FET, me quedo con dos ideas fuerza: La completa esperanza en la victoria en tiempos del relativo fracaso por la batalla de Madrid y el orgullo de sentirse solos luchando por la justicia. Del conjunto de fuerzas del bando nacional tenía la impresión Falange de haberse quedado sola en su empresa de repatriación. Si sus denuncias no habían encontrado eco en el exterior era peor que tampoco lo tenían dentro de España. Ese regusto amargo por la falta de solidaridad de las otras fuerzas nacionales suponía, según la Falange, un acicate para ella: Nuestra pobre Falange pobre de dinero y poderosa de aliento quiere para sí sola el sacrificio que suponga el cuidado de esos miles de niñosnunca nos asustó la soledad en las grandes empresas. Ejemplo para la historia de los tiempos remotos.

Condenado a muerte en la zona republicana, a Manuel Hedilla le quedaban unas semanas para ver duplicado su castigo. Se estaba entrando en los dominios del silencio.


1.- Tan amarga visión hacia la URSS contrasta con la absolutamente positiva de alguna estudiosa del tema (V. Grego Navarro R. y Zafra García E. Comunicación El exilio español en la Unión Soviética al Congreso de oposición al franquismo Tomo II pp.2341). Casi 50 años antes de esta valoración, Irene Falcón, en el periódico sueco Stormklocman (En Stormklocman nº 12.21.08.41 p.6) elogiaba la acogida soviética y la enfrentaba a la crueldad del trato del Gobierno francés de Daladier, que habría provocado centenares de niños muertos de hambre y frío.