El otro origen de Estados Unidos
La independencia de Estados Unidos invita a redescubrir una verdad histórica frecuentemente olvidada: la nación norteamericana también nació sobre una profunda raíz hispánica.
Cuando la historia se cuenta completa
Cada 4 de julio, Estados Unidos conmemora su independencia del Imperio británico y celebra el nacimiento de una nación que ha marcado decisivamente la historia contemporánea. Sin embargo, la efeméride suele presentarse como el triunfo exclusivo de las trece colonias anglosajonas, relegando a un segundo plano una realidad mucho más compleja. Precisamente por ello, el documental We the Hispanos, dirigido por José Luis López-Linares, adquiere una especial actualidad. Su aportación no consiste en cuestionar el relato fundacional estadounidense, sino en completarlo mediante una verdad histórica durante demasiado tiempo ignorada: la presencia española y la aportación de la Hispanidad forman parte de los propios cimientos de los Estados Unidos.
We the Hispanos forma parte de una corriente de recuperación histórica que aspira a restituir una verdad oscurecida durante generaciones. Su propio título, inspirado en el célebre inicio de la Constitución de Estados Unidos, resume una idea esencial: la presencia hispánica no fue un elemento sobrevenido, sino una realidad anterior al nacimiento de la nueva nación. Desde Florida hasta California, desde Texas hasta Nuevo México, amplios territorios estadounidenses conocieron instituciones, ciudades, caminos, misiones y formas de organización surgidas en el seno de la Monarquía Hispánica.
Recuperar la memoria para comprender el presente
Desde la perspectiva de La Razón de la Proa, esta reivindicación trasciende el interés académico. La memoria histórica solo resulta fecunda cuando ayuda a comprender el presente y a orientar el futuro. La Hispanidad no constituye un episodio concluido, sino una comunidad histórica y cultural que continúa viva a ambos lados del Atlántico. Como recuerda el director, tras México, Estados Unidos alberga hoy la segunda mayor población hispana del mundo, por delante incluso de España y de la mayoría de las naciones hispanoamericanas.
Especialmente significativa resulta la observación sobre los jóvenes hispanos que, después de varias generaciones de asimilación cultural, buscan recuperar voluntariamente el español. Allí donde durante décadas se creyó que abandonar la lengua facilitaría la integración, hoy muchos descubren que perder las raíces no fortalece la identidad, sino que la debilita. Ese regreso al idioma constituye también un regreso a una tradición cultural que hunde sus raíces en una concepción de la persona, la familia y la comunidad muy distinta del individualismo contemporáneo.
No es casual que López-Linares sitúe junto a la lengua otros dos elementos vertebradores de esa continuidad: la música y la fe. La presencia de la Virgen de Guadalupe en Estados Unidos simboliza precisamente esa unidad espiritual que sobrevivió a los cambios políticos y territoriales. La cultura hispánica nunca fue únicamente una expansión geográfica; fue, sobre todo, una forma de entender la convivencia y la dignidad humana.
La Hispanidad como horizonte de futuro
La celebración del 4 de julio ofrece así una ocasión propicia para mirar la historia norteamericana con mayor amplitud. Reconocer la decisiva contribución hispánica no disminuye la importancia de la independencia estadounidense; al contrario, permite comprender mejor el proceso histórico que hizo posible el nacimiento de aquella nación. La historia deja de ser un relato parcial para convertirse en una herencia común.
En este sentido, We the Hispanos representa mucho más que un documental histórico. Es una invitación a superar los prejuicios de la leyenda negra y a contemplar la obra de España en América desde la serenidad de los hechos. Como sostiene su director, la batalla cultural empieza a inclinarse hacia una recuperación de la verdad, impulsada no tanto por las instituciones como por la sociedad civil.
Ese despertar coincide con una convicción que La Razón de la Proa considera esencial: la Hispanidad conserva una vigencia que trasciende la nostalgia. No se trata de reconstruir un pasado irrepetible, sino de reconocer un patrimonio espiritual y cultural capaz de seguir ofreciendo respuestas a un mundo necesitado de comunidad, sentido histórico y cooperación entre los pueblos. También un 4 de julio merece la pena recordar que la historia de Estados Unidos comenzó hablando más español de lo que durante mucho tiempo se quiso admitir.