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Goya 2026: rutina y sorpresa

Una mirada crítica a los Premios Goya de 2026, marcada por la previsibilidad ideológica habitual y la inesperada irrupción de una película de temática espiritual que rompe, al menos parcialmente, el guion dominante.

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Goya 2026: rutina y sorpresa

Rutina cultural y mirada escéptica.

Reconozco que desde hace años no voy nunca a las salas de cine para ver producciones de nuestra actual cinematografía. Únicamente procuro interesarme por algunos films promocionados o premiados, y los suelo ver a través de los canales temáticos de televisión. Esas producciones, por lo general, me parecen aburridas, tediosas y políticamente tendenciosas. Me contento siempre con visionar mi nutrida videoteca clásica de más de 600 cintas en VHS —donde conservo más de 800 films— que proceden de las excelentes sesiones de cine emitidas por La 2 de TVE entre 1982 y 2002 —cuando nació este formato doméstico y compré mi vídeo Akai y, más tarde, un Panasonic— y que he procurado también repicar a DVD digital.

Sin embargo, casi todos los años me conecto con TVE1 para ver la retransmisión de los galardones de la gala de los Premios Goya. Es un espectáculo, aunque reiterativo y previsible, siempre muy recurrente para observar el panorama cultural y político del momento. Siempre aderezado con pegatinas reivindicativas, proclamas “antifascistas”, noes a la guerra, agradecimientos interminables, glosas a los presidentes de gobierno socialistas, chistes malos… Todo ello amenizado con un poco de música que trata de suavizar aquello. En casi todos los casos, estatuillas concedidas a films en esa sintonía sociopolítica. Personalmente, me permite comprobar, en la lista anual de actores, guionistas, técnicos y compañeros desaparecidos con los que tuve contactos durante mi etapa de programador de ficción televisiva, que todavía sobrevivo.


Una excepción inesperada.

No obstante, en la gala de este año hemos encontrado una “pepita de oro” entre la ganga habitual. Sorprendentemente, ha sido premiado un film de tema socioreligioso-familiar, nada menos que con 14 nominaciones, y que ha obtenido cinco estatuillas de los Goya: Los domingos, de la directora Alauda Ruiz de Azúa: mejor película, dirección, guion original, mejor actriz de reparto y mejor actriz principal. Alauda Ruiz ya venía recomendada no solo por sus pinceladas y tono sensible, que generalmente solo las mujeres directoras pueden ofrecer, sino por el acierto que ya tuvo con su ópera prima Cinco lobitos (2022), que logró el premio de directora novel y el de sus dos actrices, Laia Costa (protagonista) y Susi Sánchez (reparto), y asimismo el merecido reconocimiento de otros galardones en el Festival de Málaga, Premios Sant Jordi, Feroz y la Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos.

El drama familiar, los sacrificios y las relaciones entre madres fuertes y abuelos son un antecedente claro de su éxito en esta última edición de los Premios Goya. Los domingos (2025). En este film hemos encontrado una historia insólita, donde una chica adolescente siente la llamada para ingresar en un convento de monjas para “casarse con Dios”. Pero inmediatamente se desarrolla una historia sencilla y sincera de los obstáculos e impedimentos que sufre para lograr encontrar su inicial destino. Su padre no lo entiende y tampoco su tía, atea convencida, tratarán de disuadirla. Al mismo tiempo, una primera relación sentimental le hace dudar. Los tutores y guías espirituales, un joven sacerdote y sus contactos con las hermanas del convento tiran en sentido contrario.

Nos encontramos ante un guion sólido, de estructura sencilla, que convence gracias a las actuaciones del reparto.


Interpretaciones y simbolismo.

Especialmente, desde mi punto de vista, la de la actriz revelación Blanca Soria. Su expresión fisionómica y actuación, con un personaje de carácter insólito, muy inhabitual, resultarían muy difíciles en otra actriz madura y “contaminada”, pero en este caso su creación y espontaneidad nos parecen totalmente creíbles. La directora, con su gran habilidad para manejar ambientes y emociones, ha sabido sacar partido de su manifiesta ingenuidad y dulzura. Los diálogos, y casi susurros de ella, revelan esa intimidad que requiere el personaje.

La escena de comunicación con el Altísimo en la capilla, casi al final del drama, pone los pelos de punta y es muy representativa de cómo muchos creyentes viven esa llamada. Al menos me recuerda a los famosos Ejercicios espirituales de San Ignacio, que hace décadas era muy común realizar en esa misma etapa de la vida. Desgraciadamente, Blanca Soria no pudo competir con la protagonista de Sorda (Miriam Garlo, dirigida por Eva Libertad), que por pura lógica se llevó el Goya a la actriz revelación. El premio a la interpretación femenina fue para el personaje de su “tía” (Patricia López Arnaiz).

Lo que sí me pareció entrever es que la favorita de los organizadores de TVE era Sirát, una coproducción de la factoría Almodóvar, ya que en la despedida de la gala los comentaristas señalaron que “aunque el galardón de mejor película era para Los domingos, aquella había obtenido un Goya más”. Incluso en las intervenciones de agradecimiento, los productores que recogieron ese máximo galardón dieron la sensación de que casi pedían perdón por el tema elegido. Como resumió la actriz Mónica Randall, la película, aunque seguramente no hará cambiar las posturas sobre el tema a los convencidos, no deja indiferente a nadie.


La cuestión femenina en el cine.

Prácticamente todos los años el festival del cine español se realiza en las proximidades de las fechas de la reivindicación feminista, quizás como un cierto eco de las protestas textiles de Nueva York de 1910 y, por supuesto, de la conmemoración de las huelgas de las mujeres rusas por la “comida y la paz” del 8 de marzo de 1917. Antigua efeméride socialista del Día de la Mujer Trabajadora, reconocido por la ONU en 1977 para conmemorar la igualdad de género.

En este sentido, resulta muy importante señalar el extraordinario despegue de la mujer en este sector del cine. Se ha dicho siempre por la “izquierda progre” que en el franquismo la mujer estuvo siempre relegada a la casa. No es exacto. El ambiente social de entonces era propicio a ello, pero no solo aquí, claro, aunque la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera y las competencias que tuvo también su “rival”, la viuda de Onésimo Redondo —Mercedes Sanz Bachiller— desmontan esa absurda teoría. Un solo ejemplo de ello es la reconocida labor de la jurista joseantoniana Mercedes Fórmica, seuista histórica de FE, que logró muy importantes avances en la liberación legal de las esposas.


Trayectorias y memoria profesional.

Asimismo, recuerdo ahora que María Antonia Iglesias, directora de los informativos de TVE en la época de Felipe González, realizó un reconocido homenaje en Informe Semanal con motivo del fallecimiento en 1991 de la hermana de José Antonio, fundadora y directora de la Sección Femenina.

Tras la creación en 1966 de la entonces llamada Segunda Cadena de TVE, sus programadores y responsables (Salvador Pons, Carlos Gortari Drets, Marino Peña…) buscaron a los mejores graduados —guionistas, técnicos, productores, montadores, realizadores— que salieron de la EOC, aquel importante centro de formación de cineastas españoles. Las pocas mujeres graduadas entonces fueron llamadas a trabajar en la cadena pública recién creada. Pilar Miró Romero, con muchos importantes Estudio 1 y teatros en su carrera profesional, y luego reconocidas películas, recuerdo perfectamente cómo, a fines de los años sesenta, fue galardonada como mejor realizadora de TVE por Manuel Fraga, que, pese a todo, fue un excelente ministro de Información y Turismo de Franco.


Legado creativo femenino.

Por la misma época, la directora catalana Mercè Vilaret realizó también en los estudios de TVE de Barcelona los mejores y más creativos programas de las series dramáticas de Ficciones y Hora 11 para la Segunda Cadena, cuya producción coordinaba allí José Joaquín Marroquí Oliva. La realizadora cordobesa Josefina Molina Reig, graduada en la EOC, se atrevió con la realización en videotape de una pionera adaptación (1969) de La metamorfosis, de F. Kafka, incluyendo una insólita escenificación ilustrada con imágenes impactantes de la denominada "Primavera de Praga", de su Carta al padre (1919).

Colgada esa producción hace tiempo en mi canal de vídeo @lorengada (ver más abajo el vídeo) ha sido visitada ya por más de 200.000 personas, quizás, a pesar de su antigüedad y formato, porque no creo que se haya realizado nada parecido en todo el mundo audiovisual. Hubo también otras muchas realizadoras, al principio solo ayudantes y menos conocidas, que trabajaron muy bien en aquellos años. Algunas mujeres muy creativas tuvieron también la oportunidad de escribir guiones para TVE: Lola Salvador Maldonado, Ana Diosdado, Rosa Montero, Rosana Torres, Esmeralda Adams, Mara Recatero, Graciela Sáenz de Heredia…

En mi experiencia docente universitaria (1986-2008) también tuve la gran suerte de encontrar mujeres —alumnas, colaboradoras y compañeras de claustro— que casi siempre descollaron por encima de muchos hombres. En otro momento, quizás abordemos la impronta sociopolítica y cultural de “otras mujeres del siglo pasado”, que todavía no se consideran políticamente correctas.

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