Las obsesiones del debate político
A veces, el subconsciente juega malas pasadas; en la época de la Transición se popularizó el llamado complejo de Montañas Nevadas, referido a aquellos personajes que trataban de “limpiar” su pasado y acondicionarlo al momento, pero no sabemos si es de aplicación en el caso que nos ocupa.
La persistencia de un viejo recurso político
La cuestión es que, desde la diestra y desde la siniestra, no hay quien desprecie la ocasión de mentar obsesivamente al falangismo y, más en concreto, a José Antonio Primo de Rivera; a veces, usando algunas frases, devenidas en tópicos y sacadas de contexto; otras, con sarcasmo que quiere ser hiriente; otras, finalmente, con odio. En los tres casos, se puede aplicar, por nuestra parte, aquel dicho de «los moros que vos matáis gozan de buena salud».
Esta vez, la supuesta lanzada proviene de la derecha. Su inspirado lancero no es otro que Alejandro Fernández, la gran esperanza blanca del PP en Cataluña; todo ello, según se detalla en La Vanguardia de Barcelona del 30 de junio. El líder pepero, obsesionado con el crecimiento de VOX, acusa a este partido de estar dotado de «un obrerismo falangista joseantoniano»; en esta línea, acusa a los de Abascal de «haber expulsado a los liberales —que, además, eran los más listos— y haber abrazado un falangismo muy intervencionista». Añade —siempre según el periódico barcelonés— «que este ideario converge con el socialismo».
Empecemos por esta última afirmación (que pretende ser, claro, peyorativa), y no tenemos más remedio que coincidir, a grandes rasgos. Pero ya se adelantaron en ello varios pensadores y estudiosos, entre ellos Dionisio Ridruejo y, sobre todo, Manuel Cantarero del Castillo. Digamos más: las propuestas sociales y económicas del ideario joseantoniano, en aquel entonces, superaban en mucho no solo al socialismo, sino a toda la izquierda del Frente Popular; lógicamente, despertaron las alarmas de la derecha, como parece que le ocurre ahora al PP del señor Fernández.
De todas formas, no es mi intención entrar en juicios de valor sobre el partido de Santiago Abascal, que tiene suficientes voceros para asumir o rechazar las caprichosas concomitancias expuestas por sus rivales. Si doctores tiene la Iglesia, los de VOX disponen de políticos que entren al trapo, si les parece bien y les conviene.
Lo permanente y lo esencial del pensamiento joseantoniano
Pero, por encima de estos dimes y diretes (que a un servidor poco le importan, sinceramente), diré que a quienes hemos estudiado con mayor o menor profundidad a José Antonio Primo de Rivera nos interesa ahora más adivinar lo que podría decir en nuestra época que lo que afirmó en la suya, tan diferente de la actual. No es que despreciemos, ni mucho menos, la historia, pero nos preocupa la España actual y, así, entresacamos de sus textos lo permanente y lo esencial, sin menospreciar, como mera erudición, lo contingente y lo superficial, según la aguda clasificación que hizo, hace años, Miguel Argaya Roca.
Lo permanente es, según este autor, la armonización de Patria y Justicia, y lo esencial es una preocupación ética y metafísica de primera magnitud. Todo ello puede encontrarse en las páginas de Entre lo espontáneo y lo difícil, de Argaya. Tras él, muchos otros han seguido esta línea de análisis profundo y de revisión, de los que solo mencionaremos, para abreviar, a Jaime Suárez, con su libro El legado de José Antonio, de inexcusable lectura en nuestros días. La lista de estudios hasta la fecha sería interminable, pero, de momento, nos sirven las referencias mencionadas.
El intervencionismo ante los problemas de la España actual
Si aterrizamos en el presente y en lo tocante a ese intervencionismo que tanto alarma al liberalismo del PP, uno, que no es politólogo ni afiliado a VOX ni a ningún partido, considera que son varios los problemas en que sí puede ser necesaria esa intervención; pero, en todo caso, estoy abierto a las sugerencias y críticas.
Por ejemplo, en lo tocante a la unidad de España, puesta en litigio día sí y día también por los secesionismos nacionalistas e, incluso, por la política del actual Gobierno español, que los tiene como aliados y socios inamovibles (de momento). El propio presidente Sánchez habló no hace mucho de «dos países», refiriéndose a España y a Cataluña.
Otro tema que requiere intervención es el sumamente grave de la España vaciada, carente de servicios necesarios y repleta de propósitos y de agendas vacuas, que no están evitando que vaya degenerando en un desierto.
O sobre el tema de la inmigración, repleto de demagogia y de absurdas medidas que, bajo el disfraz solidario, crean abundantes guetos y focos de pobreza y desarraigo.
Y ¿por qué no entrar en los acuciantes problemas de la vivienda, de la educación y de la sanidad, temas en que se comprueba a diario que han fracasado las políticas localistas y autonómicas? Ya entrando en lo estrictamente social, ¿por qué no se puede intervenir con leyes justas sobre el trabajo y su actual carencia, sobre la propiedad, cuyo acceso es mencionado beatíficamente por la Constitución, o sobre el impacto de las modernas tecnologías y sus posibles soluciones?
Quizá también la política internacional de España precisa ser tomada en serio e intervenida por quien corresponda, por encima de las apetencias e intereses de los partidos… y de las personas encaramadas en ellos.
Pensar España más allá del sistema de partidos
José Antonio Primo de Rivera atribuía los grandes problemas de su tiempo, no a los gobiernos, sino al Sistema, y proponía su sustitución. Quizá en este punto —y en tantos otros— no se llegó a tiempo, por mor de las circunstancias históricas. Ahora podemos ir proponiendo, paulatinamente, una serie de correcciones a nivel global, europeo y español que, por lo menos, sin llegar a la utopía, sí conviertan nuestras sociedades en eutopías, es decir, en lugares mejores para vivir.
Sigamos estudiando, revisando y analizando, desde la actualidad, lo permanente y lo esencial de aquel pensador, independientemente de los sarcasmos, las burlas y los ataques de las gentes de la política, carentes de otra ilusión que la que puede depararles su partido respectivo. Y con el pensamiento puesto en España y en sus habitantes, los de la actual generación y los de las que vendrán.