SEMBLANZAS
Mercedes Formica. Una voz en el silencio.
Escritora, abogada y falangista, Mercedes Formica impulsó reformas decisivas para los derechos de la mujer en España. Su legado jurídico, sin embargo, fue silenciado durante décadas.
Una reformista olvidada
Escribía hace años el brillante jurista Antonio Garrigues:
«Mercedes Fórmica ha logrado atraer hacia el tema de la capacidad jurídica de la mujer, la atención de muchos de nuestros mejores profesionales del Derecho. Pero ha logrado todavía más y ha sido el despertar con ese mismo tema la atención de los no profesionales, de los hombres y las mujeres en general, es decir, de lo que se llama atención pública».
Sin embargo, a pesar de estas palabras elogiosas sobre lo que había hecho por la mujer Mercedes Formica, mucho tiempo después, en abril de 1997, Natalia Figueroa la entrevistaba y lamentaba que las feministas de aquella época jamás se refirieran a ella, cuando había sido una reformista del Código Civil y una buena escritora. Por eso solía decir:
«Me silenciaron. ¿De buena o de mala fe? No lo sé. Lo cierto es que desde que murió Franco hasta hoy, las personas que han tratado el Derecho privado no han nombrado aquella reforma. Como si no hubiese existido».
Cinco años más tarde, con motivo de su fallecimiento, Natalia Figueroa —que nunca se refiere al pasado falangista de Mercedes Fórmica— volvió a escribir:
«Olvidada incomprensiblemente por el movimiento feminista, las mujeres españolas le deben muchos de sus derechos».
Efectivamente, en aquellos días casi ningún periódico recordó la reforma que logró de muchos artículos del Código Civil, del Código Penal, del Código de Comercio y de la Ley de Enjuiciamiento. Incluso la mayoría llegaron a silenciar su muerte. ABC, por ejemplo, diario del que fue colaboradora durante muchos años, dio la noticia dedicándole media página, pero ninguno de sus columnistas ni colaboradores habituales le dedicó una sola línea.
Posiblemente, esta falta de interés por su labor en el campo del Derecho y de la escritura se deba, como escribió Enrique de Aguinaga en una carta publicada más tarde, a que:
«Mercedes Fórmica fue joseantoniana desde el mitin fundacional (29 de octubre de 1933), que oyó por radio. Estuvo en la primera afiliación del SEU, participó en el Primer Consejo Nacional, fue elegida delegada de Derecho y, luego, designada por José Antonio delegada nacional del SEU femenino y, como tal, miembro de la Junta Política de Falange. Y de ahí para adelante…».
Juventud universitaria y descubrimiento de Falange
Esta joven que despertó el interés de hombres y mujeres, como decía Antonio Garrigues, aunque después fuera olvidada, nació en Cádiz en 1916. A los siete años, por traslado profesional de su padre, la familia se fue a vivir a Sevilla, donde creció dentro de una sociedad distinta a la de Cádiz porque estaba «cerrada a la defensiva, con gran inseguridad en sus clases medias altas». Su madre hizo que estudiara el bachillerato y, en 1931, acudió a una academia para preparar su ingreso en la Universidad, que realizó el curso siguiente matriculándose en Derecho y Filosofía y Letras.
El 14 de abril, fecha de la proclamación de la II República, coincidió con el año en que Mercedes se preparaba para ir a la Universidad. La llegada de la República coincidió asimismo con que las ideas políticas para Mercedes fueran todavía algo rudimentarias. Aunque su familia era monárquica, nunca llegó a ser importante ni palaciega.
El tiempo pasaba y llegó la hora de ingresar en la Universidad. En ese momento se dio cuenta de que su vida sufría un cambio profundo. Las artes plásticas, la música y otras materias le resultaban extrañas, en contraste con la formación humanista que traía del bachillerato. También le resultaba notable su falta de base literaria. Ignoraba la obra y hasta la existencia de Juan Ramón Jiménez y de los hermanos Machado. Algunos catedráticos pertenecían a la nueva hornada republicana y procedían de la Institución Libre de Enseñanza.
Un día fue testigo del desorden y de la agitación promovidos por una huelga organizada por la Federación Universitaria Escolar (FUE), vinculada a grupos de izquierda, para decretar la desaparición del Centro Católico, ya que consideraban a los estudiantes relacionados con él como elementos desestabilizadores del régimen. A raíz de este acontecimiento le propusieron ingresar en el grupo católico, propuesta que no vaciló en aceptar. Sin embargo, poco a poco se apagó aquel entusiasmo.
El presidente de los Estudiantes Católicos, Pedro Gamero del Castillo, dispuso no tomar represalias; solo una protesta simbólica, absteniéndose de entrar en clase. La FUE terminó tomándose aquella actitud a pitorreo y quemó a continuación el Centro Católico.
«Como lo de ofrecer la mejilla derecha —dice Mercedes Fórmica— si te golpean la izquierda no era lo mío, decidí quedarme fuera de cualquier asociación».
José Antonio y el compromiso político
Mientras tanto, su nueva vida transcurría en Madrid entre estudios y visitas a casas de amigas. En una de ellas, en octubre de 1933, conoció a José Antonio, cuya existencia ignoraba. Pocos días después pudo escuchar las palabras que pronunció en el Teatro de la Comedia.
Desde ese momento —dice Mercedes Formica— la aparición de José Antonio en la vida política:
«Produjo el acuerdo tácito entre izquierdas y derechas para declararle una guerra a muerte. Con esta particularidad: en los ataques de las primeras latió un cierto respeto, no así en las segundas, que dieron suelta a su mal humor con fáciles ironías».
El fundador de Falange era para ella un hombre joven, inteligente y valeroso. Fue temido, rechazado y ridiculizado por su propia clase social, que nunca le perdonó sus constantes referencias a la injusticia, el analfabetismo, la falta de cultura, las viviendas miserables, el hambre endémica de las zonas rurales y la urgencia de la reforma agraria.
Confundir el pensamiento de José Antonio con los intereses de la extrema derecha era algo que, según Mercedes, «llega a pudrir la sangre». Fue precisamente la extrema derecha quien, a su juicio, le condenó a muerte civil en espera de la muerte física que creía merecida.
Una mañana decidió rellenar la ficha para afiliarse al Sindicato Español Universitario. Desde entonces, su vida se limitó, junto con sus estudios universitarios, a participar en actividades de Falange, siendo nombrada poco después delegada del SEU de la Facultad de Derecho por el propio José Antonio.
Este gesto del líder falangista contradecía lo que sus adversarios políticos decían de él cuando se referían a su supuesto antifeminismo, idea que aún hoy mantienen algunos historiadores. Por eso resulta interesante reproducir lo que escribió Mercedes Formica:
«Sobre el supuesto antifeminismo de José Antonio y la tesis, tan difundida, de querer a la mujer en casa, poco menos que con la "pata quebrada", debo decir que no es cierto. Forma parte del proceso de "interpretación" a que fue sometido su pensamiento. Como buen español, sentía recelo hacia la mujer pedante, agresiva, desaforada, llena de odio hacia el varón. Desde el primer momento contó con las universitarias y las nombró para cargos de responsabilidad. En lo que a mí respecta, no vio a la sufragista encolerizada, sino a una joven preocupada por los problemas de España, que amaba su cultura e intentaba abrirse camino, con una carrera, en el mundo del trabajo».
Guerra civil y reconstrucción cultural
Una gripe mal curada provocó que no pudiera soportar un invierno más el clima frío de Madrid. Necesitaba uno más suave y consiguió convencer a su padre para trasladarse temporalmente a Málaga junto a su madre y sus hermanas.
Ya instalada allí, José Antonio la nombró en febrero de 1936 delegada nacional del SEU femenino y, como tal, miembro de la Junta Política del partido, aunque nunca llegaron a reunirse por la pronta detención del líder falangista en el mes de marzo siguiente.
El comienzo de la guerra sorprendió a Mercedes en Málaga, ciudad fiel a la República. A través de Tánger, y gracias al consulado uruguayo, consiguió abandonar la ciudad junto a su familia y llegar finalmente a Sevilla.
Durante la guerra colaboró estrechamente con la Sección Femenina. Se abrieron los primeros hogares para ayudar a los más necesitados. En la admisión de niños tuvieron preferencia los hijos de los vencidos —el hogar que dirigió la falangista Carmen Werner acogió incluso a hijos de los asesinos de su propia familia—.
Por otro lado, Málaga consiguió importantes logros gracias a la labor de la Sección Femenina, dirigida —según Mercedes Formica— por verdaderas joseantonianas. La propia Mercedes cita los nombres de Nena Hurtado, Carmen Werner, Teresa Loring, Syra Manteola, María Amalia Bolín, Maruja y Coral Parga.
Contrajo matrimonio con Eduardo Llosent el 20 de diciembre de 1937. Finalizada la guerra, el matrimonio se trasladó a Madrid, donde Eugenio d’Ors nombró a Llosent director del Museo de Arte Moderno.
La capital de España no era en aquellos años el desierto intelectual que todavía algunos describen. Dámaso Alonso, Cela, Torrente Ballester, Pedro Laín, Antonio Tovar o García Nieto frecuentaban tertulias en cafés y domicilios particulares.
En lo que respecta a Mercedes y a su marido, frecuentaban tertulias a las que acudían Sánchez Mazas, Eugenio Montes, González Ruano, Edgar Neville, Sebastián Miranda, Pilar Regoyos, Natividad Zaro, Mary Navascués, Conchita Montes, etcétera. Otras veces salían con Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales y Leopoldo Panero.
En el verano de 1939 se representó, en el paseo de las Estatuas del Retiro, La cena del rey Baltasar, de Calderón de la Barca. Por otro lado, la extraordinaria labor desarrollada en el teatro por María Guerrero trajo como consecuencia la reposición de obras de autores como Benavente, Marquina, José María Pemán, Agustín de Foxá, Buero Vallejo o Joaquín Calvo-Sotelo.
La mujer ante una legislación injusta
En 1948 terminó la carrera de Derecho con el propósito de ingresar en el Cuerpo Diplomático, pero descartó aquellas oposiciones porque la obligarían a residir lejos de su marido. Más tarde optó por preparar las de Abogado del Estado o Notarías, pero se encontró con que, en todas ellas —incluida la carrera diplomática—, uno de los requisitos exigidos era «ser varón».
Tal estado de cosas sublevó a Mercedes, que recordaba cómo «José Antonio, cuyo nombre tanto se aireaba, nunca fue contrario a las universitarias». Pidió entonces el alta en el Colegio de Abogados e intentó entrar en algún bufete, aunque sin conseguirlo. Sin embargo, su vocación por la carrera la impulsó a seguir adelante hasta lograr que pudiera cambiarse la realidad que sufrían muchas mujeres, porque no estaba dispuesta a que le vedasen el camino profesional que había elegido.
Necesitaba ganar algún dinero y, por esta razón, aceptó la dirección de la revista Feria, donde llegaron a colaborar, entre otros, Leopoldo Panero y Luis Rosales. Sin embargo, esta nueva aventura no duró mucho tiempo porque, privada la revista de medios económicos, terminó desapareciendo junto a sus valiosos colaboradores. A través de algunos amigos consiguió la asesoría de una empresa y un trabajo en el Instituto de Estudios Políticos.
Coincidiendo con todo ello, recibió una carta de Pilar Primo de Rivera en la que le pedía que redactase una ponencia para el Congreso Hispano-Americano-Filipino que tendría lugar en 1951. Aceptó la invitación y, como antigua delegada nacional del SEU, sintió la responsabilidad de afrontar la injusticia laboral que sufría la mujer. Buscó colaboradoras —todas ellas universitarias tituladas antes de la guerra—:
María de la Mora y Sofía Morales, periodistas; Carmen Llorca, Josefina Aráez y Pilar Villar, de Filosofía y Letras; Carmen Segura, ingeniera industrial; Matilde Ucelay —que pertenecía al grupo de los vencidos— y María Ontañón, arquitectas; Mercedes Maza, médico; y Carmen Werner, licenciada en Pedagogía.
El trabajo de la ponencia avanzaba y consumía buena parte de su tiempo. Mercedes Formica sabía que probablemente nunca disfrutaría de los beneficios que pudieran lograrse. Serían las jóvenes universitarias quienes los aprovecharían. A pesar de todo, todavía encontró tiempo para escribir la novela Monte de Sancha, finalista del Premio Ciudad de Barcelona, obra sobre la que más tarde escribiría una crítica el académico Fernández Almagro.
Algunos años después, el escritor catalán Sebastián Juan Arbó publicó un artículo sobre una producción literaria a la que, según él, «se ha aludido muy raramente». En ese texto, titulado Reflexiones al margen de los premios, realizaba una breve crítica de varias novelas y, refiriéndose a la de Suárez Carreño, Premio Nadal de 1949, afirmaba que Las últimas horas parecía escrita con prisa por concluirla.
«Es una novela —dice Arbó— de la que puede decirse que acaba en punta, en una punta alargada y un tanto monstruosa con relación al resto del libro».
Idéntica acusación dirigía a Mercedes Fórmica:
«En el mismo defecto, aunque agravado, incurre, a mi entender, Mercedes Fórmica en su Monte de Sancha, espléndida novela al principio, que acaba en pura zarzuela con los amores del escultor y la dama. Ana Matute fue testigo de mi entusiasmo en la primera parte de esta obra y de mi decepción después».
Por otro lado, cuando un año antes preguntaron en una entrevista a Ana Matute —Premio Planeta de 1954— qué novelista prefería, no dudó en responder: «A Mercedes Fórmica».
Publicó también la novela La ciudad perdida, seleccionada para el Premio Nadal y llevada posteriormente al cine por una productora hispano-italiana. Narraba la historia de un terrorista que entra clandestinamente en España y debe cumplir en Madrid una siniestra misión. Asimismo, se realizó una adaptación teatral.
También en esta ocasión Fernández Almagro dedicó una crítica a la novela, que comenzaba así:
«Un poco después de salir a luz Monte de Sancha, aparece otra novela de Mercedes Fórmica: 'La ciudad perdida'».

El artículo que cambió el Código Civil
El alta en el Colegio de Abogados, como era su caso, obligaba a realizar el turno de oficio cuando las circunstancias lo demandaban. La vigencia de la pena de muerte le atormentaba cuando tenía que afrontar algún caso castigado con ella.
Un día la prensa publicó la agresión sufrida por una mujer a manos de su marido, que le había asestado varias puñaladas. Un joven periodista quiso averiguar más detalles del suceso y se entrevistó con la víctima, que le confesó que no era la primera vez que sufría malos tratos. Cuando el periodista le preguntó cómo podía consentirlo, la mujer respondió:
«Intenté separarme, pero el abogado a quien consulté me dijo que lo perdía todo: hijos, casa, mis pocos bienes».
Aunque hoy parezca mentira, aquella mujer decía la verdad. Esta injusticia hizo pensar a Mercedes que algo había que hacer para reparar uno de los mayores atropellos que sufría entonces la mujer casada. Fue entonces cuando decidió denunciar aquella absurda legislación, que dejaba indefensa a la mujer ante la separación, mediante la publicación de un artículo que permaneció tres meses retenido por la censura. Lo tituló El domicilio conyugal y alcanzó un enorme éxito, incluso fuera de España.
Un amigo suyo le remitió un recorte de The New York Times, que, a través de su corresponsal en Madrid, publicó una extensa referencia sobre el artículo. Por otro lado, en un trabajo dedicado al mundo femenino, la revista Holiday realizó un reportaje fotográfico sobre las mujeres más destacadas de sus respectivos países. Robert Capa, director de la publicación, pidió a la fotógrafa Inge Morath que retratara en España a Mercedes Formica:
«Tú irás a España. Tienes que ver a una mujer extraordinaria. Se llama Mercedes Formica, es abogado, y defiende a las mujeres que no se pueden separar de sus maridos».
Igualmente, recogieron la noticia el Daily Telegraph y la revista gráfica Time, que le dedicó una página el 7 de diciembre, rematada con esta frase escuchada a un madrileño:
«Creo que empieza un gran torbellino. Gracias a Dios mi mujer no lee los periódicos».
También la prensa europea se hizo eco de la noticia. Incluso el semanario de la CNT dedicó palabras elogiosas al artículo, al igual que Lidia Falcón —antigua militante del PSUC—, quien escribió:
«Los artículos de Mercedes Fórmica recorrieron todo el país en pro de los derechos de la mujer. Se celebran inmediatamente cursillos y congresos convocados por la Academia de Jurisprudencia sobre el tema “La mujer ante la ley”. Durante cinco largos años se debate y se debate entre las irónicas respuestas de quienes ven en la campaña un resurgimiento del loco y apolillado feminismo. Pero las cuchilladas no cuajan con el nuevo feminismo norteamericano y, a pesar de la resistencia de los tradicionalistas, el 24 de abril de 1958 se promulga una ley por la que se modifican sesenta y seis artículos del Código Civil».
Escritora, jurista y defensora de la mujer
Pero la actividad de Mercedes no se detuvo ahí. Comenzó a impartir conferencias. El 10 de febrero de 1954, en el Círculo Medina de la Sección Femenina, pronunció una conferencia bajo el título La situación jurídica de la mujer española, que obtuvo un enorme éxito. Con el mismo título ofreció otra en Barcelona, donde además La Vanguardia Española le realizó una entrevista que comenzaba con esta entradilla:
«Mercedes Formica, abogada en ejercicio, del Colegio de Madrid; escritora, novelista, autora de Bodoque, Monte de Sancha, La ciudad perdida y El miedo —inédita esta última—; defensora de los derechos de la mujer, disertará hoy en Conferencia Club sobre este tema».
Al día siguiente, el mismo periódico le dedicó una reseña elogiosa, destacando las felicitaciones recibidas del numeroso público que había acudido a escucharla. Al mes siguiente, La Vanguardia Española recogía también la estancia en Barcelona de la escritora Simson, colaboradora del Herald Tribune, quien manifestó que enviaría a ese periódico la entrevista mantenida con Mercedes Formica sobre los derechos de la mujer porque «esto interesa mucho en Norteamérica».
En 1955 publicó la novela A instancia de parte, con la que ganó el Premio Cid y que volvería a reeditarse, revisada por su autora, en 1990. En ella confluyen varios matrimonios rotos, donde el máximo beneficiario termina siendo el hombre, consciente de que será siempre el ganador e intentando sacar de ello la máxima rentabilidad que las circunstancias le permiten.
Como consecuencia de la campaña impulsada por la abogada, en julio de 1956 el Juzgado de Primera Instancia número 3 de Madrid emitió una sentencia en la que el magistrado resolvía que la esposa continuase viviendo en el domicilio conyugal, debiendo abandonarlo el marido. Aquella resolución animó a muchas mujeres a dirigirse a la prensa exponiendo la precaria situación en la que habían quedado tras sentencias desfavorables.
Una de aquellas cartas estaba firmada por una mujer que no solo se había quedado sin hogar, sino que además, cuando fue a pedir trabajo, le dijeron que su marido tenía el deber de mantenerla y que por ese motivo no podían emplearla. A los pocos días, Mercedes le respondió desde las páginas de ABC con un largo escrito que concluía así:
«Cuando la ley sea más cristiana que romana —es decir, pagana—, entonces sí, entonces, mi admirada y admirable doña Emilia Cabello y Rodrigo, esposa española, depositada en casa extraña, viviendo de la caridad ajena, podrá hablarse “de una ley injusta” y “de una ley posterior equitativa”».
Mientras ese paso no se diera, las circunstancias no habrían cambiado y las mujeres españolas continuarían como hasta entonces, multiplicándose ejemplos como el suyo.
Los últimos años y su legado
Separada de su marido Eduardo Llosent, contrajo segundas nupcias en 1962 con José María G. de Careaga y Urquijo, alcalde de Bilbao, fallecido el 4 de enero de 1971.
En 1972 publicó la novela histórica La hija de don Juan de Austria, con prólogo de Julio Caro Baroja, obra con la que obtuvo al año siguiente el Premio Fastenrath de la Real Academia Española. Formaron parte del jurado José María Pemán, Pedro Laín Entralgo y Gerardo Diego. La crítica recibió esta novela como una importante contribución al estudio del siglo XVI español.
Años más tarde, la obra fue objeto de una polémica entre Mercedes Formica y Antonio Gala, a quien acusó de plagio en relación con un guion escrito por este para Televisión Española. Mercedes pedía, al menos, que Gala reconociera haber realizado una adaptación. De la novela hizo también una excelente crítica Pedro Rocamora, Premio Nacional de Literatura de 1949.
Le seguiría otra novela histórica publicada en 1979, titulada María de Mendoza. Solución a un enigma amoroso. En 1987 publicó La infancia, y con la novela Collar de ámbar, aparecida en 1989, cerró su obra literaria.
Sin embargo, continuó colaborando en la prensa. Ese mismo año publicó un largo artículo titulado La situación jurídica de la mujer española y, más tarde, acudió a los cursos de la Universidad Complutense en El Escorial para relatar su lucha en defensa de los derechos de la mujer.
Todavía escribiría artículos como La propiedad limitada, motivado por el caso de una viuda de 82 años a la que habían quedado como pensión 2.083 pesetas en 1998, y La hermana desconocida de la princesa de Éboli.
Tampoco debe olvidarse la trilogía de memorias que comenzó a publicar en 1982 con el título Visto y vivido. Le seguiría un segundo volumen, Escucho el silencio, publicado en 1984, para concluir con Espejo roto y espejuelos, editado en 1998.
Mercedes Formica falleció en Málaga el 22 de abril de 2002, víctima de la enfermedad de Alzheimer. Escritora y abogada, ejerció siempre su profesión enfrentándose a la situación jurídica de la mujer en España. Sin embargo, las feministas la ignoraron —y continúan ignorándola— por su pasado falangista, colocándole además la etiqueta de fascista sin que apenas nadie se molestara en averiguar si realmente lo era o no.
También escribió que José Antonio era «un hombre de Derecho, no un hombre de derechas» y que, ante la muerte que intuía cercana, afirmaba tener fe, pues la religión le había proporcionado esperanza y una explicación al sentido de su vida.
Publicado en Gaceta de la FJA, núm. 342, de marzo de 2021.
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Wikipedia/Wikiwand.- Mercedes Formica-Corsi Hezode (Cádiz, 9 de agosto de 191 - Málaga, 22 de abril de 2002), conocida como Mercedes Formica, fue una jurista, novelista y ensayista española especialmente conocida por su defensa de los derechos de la mujer en España.
Publicado en otros medios:
- Cuando el feminismo era de color azul. Por José Luis Orella, para La Razón.
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- De falangista a feminista: Mercedes Formica, la mujer que desafió a Pilar Primo de Rivera. Por Anna Ramírez, para El Confidencial.
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- Se la sigue tildando de lo mismo y ciertos sectores del feminismo español consideran que fue poco menos que Hitler.
- El coraje de dinamitar las propias ideas. Por José Andrés Rojo, par El País (08/2016).
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- Mercedes Formica: la falangista que gritó contra el machismo. Por Mari Pau Domínguez, para ABC (03/2021)
- El 7 de noviembre de 1953 publicó en ABC el artículo ‘El domicilio conyugal’, en el que denunciaba el injusto estatus legal de las mujeres casadas, texto que provocó que el régimen pusiera el grito en el cielo por su repercusión internacional y dio origen a la reforma de 66 artículos del Código Civil.
