SEMBLANZAS

Mercedes Formica, otra vez recordada

Mercedes quería que la Sección Femenina debería mostrar al Gobierno que había llegado el momento de subsanar la discriminación contra las mujeres que la II República no había logrado remediar. Ahora ha vuelto a ser recordada y lo seguirá siendo porque ha sido mucho lo que ha hecho por la mujer española.
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Mercedes Formica, otra vez recordada

Mercedes Formica, otra vez recordada


Hace algún tiempo recibí de mi admirado amigo, el catedrático emérito Enrique de Aguinaga, un artículo publicado en el diario Sur de Málaga que firmaba el licenciado en Filología Hispánica Miguel Soler Gallo, con el título Mercedes Fórmica: defensora de los derechos de la mujer.

Me gustó el artículo, aunque creo tiene necesidad de alguna precisión o, si se quiere, de aclarar algunas cosas que escribe su autor de las que no estoy de acuerdo al mismo tiempo que no entiendo cómo y por qué el autor ha pasado por alto a Mercedes Formica como escritora.

  • Ni una sola vez dice que además de ser defensora de los derechos de la mujer fue, al mismo tiempo, una buena escritora.
  • Olvida, por ejemplo, que fue autora de la novela Monte de Sancha, finalista del Premio Ciudad de Barcelona y de la que el académico Fernández Almagro escribe una extensa crítica en el diario ABC: «Con Monte de Sancha hace, Mercedes Fórmica, acto de gentil presencia en el capo de nuestra novela…». La ciudad perdida, otra novela de Mercedes que fue seleccionada para el Premio Nadal y que una productora hispano-italiana llevó al cine.
  • De nuevo el académico Fernández Almagro le haría una crítica en el ABC. Tal es la categoría que como escritora también, va alcanzando Mercedes Fórmica, que, en cierta ocasión, según publicó el diario La Vanguardia Española (entonces así se llamaba ese periódico de Barcelona).le preguntaron a Ana Matute, Premio Planeta 1954, a cuál novelista prefería, contestó sin dudar un momento: «...a Mercedes Formica».

En otro momento escribe Soler Gallo que «tras el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera, el 20 de noviembre de 1936, se apartó dela política, como ella manifestó, y abogó por la disolución dela Falange».

  • Estas palabras que escribe el filólogo no son exactamente correctas.
  • Pilar Primo de Rivera, que siempre contó con Mercedes, le pidió que redactase una ponencia para el Congreso Hispano-Americano-Filipino, que tendría lugar en 1951.
  • Mercedes, que fue una de las conferenciantes, aceptó la invitación y como Delegada Nacional del SEU que había sido, sintió la responsabilidad de resolver la injusticia laboral de la mujer.
  • Buscó colaboradoras, todas ellas universitarias, que habían obtenido el título antes de la guerra.
  • Por oro lado, Mercedes quería que la Sección Femenina debería mostrar al Gobierno que había llegado el momento de subsanar la discriminación contra las mujeres que la II República no había logrado remediar.

En cuanto a que ella abogó, según Soler Gallo, por la disolución de la Falange, no es exactamente así.

  • Ella misma, sobre el particular, nos lo dice en su libro Visto y vivido, libro que tampoco cita el autor del artículo.
  • Y estas son sus palabras: «Su desaparición —se refiere a José Antonio— planteó una duda trágica. En lo que a mí respeta, opiné que Falange debía disolverse».
  • Es decir, solamente era una opinión, pero en ningún momento abogó, que es la palabra que utiliza el autor del artículo ya que abogar, según la RAE, significa defender en juicio, por escrito o de palabra.
  • Y Mercedes nunca tuvo esa intención, fue, como ya he repetido, la opinión de esta maravillosa mujer que ha sido recordada muchas veces y una de la últimas, en un libro promovido, por la Asociación Cultural Ademán, con la colaboración de varias firmas, que después fue editado por Ediciones Barbarroja.
  • Tampoco debemos de olvidar la página que le dedicó, en el diario ABC,el prestigioso historiador Fernando García de Cortázar.

Ahora ha vuelto a ser recordada y lo seguirá siendo porque ha sido mucho lo que ha hecho por la mujer española.

  • Lo ha reconocido hasta la escritora de izquierdas, Rosa Regás, Premio Nadal, 1994, Planeta 2001, y directora de la Biblioteca Nacional en la época del nefasto Rodríguez Zapatero. Y lo primero que quiso hacer entonces, fue: retirar la estatua de Marcelino Menéndez Pelayo. Algo que no pudo conseguir.

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