OPINIÓN

¿Los republicanos del 20-N?

La pregunta a responder es si la influencia ideológica falangista durante el franquismo discurrió por la vía de reivindicar la monarquía imperial o el republicanismo antiborbónico.


Artículo publicado en primicia en el Diario de Sevilla el 8/12/2020.

Publicado también en la Gaceta de la FJA, núm. 340, de enero de 2021.
Ver portada de la Gaceta FJA en La Razón de la Proa.
 
Recibir actualizaciones de La Razón de la Proa (un envío semanal)

¿Los republicanos del 20-N?

¿Los republicanos del 20-N?


Sostiene mi admirado Alfonso Lazo que los republicanos de hoy son hijos y nietos legítimos del más genuino falangismo. Una tesis interesante. [Republicanitos. 1/11/2020]

Tres son los hitos para testar el posicionamiento del falangismo durante el franquismo: el referéndum de 1947 para la Sucesión en la Jefatura del Estado, el de 1966 para la Ley Orgánica del Estado y el de la Ley para la Reforma Política, en 1976.

Desde 1937, la Falange no actuó como un movimiento político autónomo sino bajo mandato del nuevo Jefe Nacional y del Estado. Hasta la década de los 60 no hubo un posicionamiento orgánico que contradijese al mismo, sino alineamientos de familias políticas u opiniones individuales. Hasta 1937 la Falange había sido un movimiento evocador del pasado imperial que arrancaba de la influencia de Giménez Caballero.

Al mismo tiempo estaba la antipatía personal de José Antonio por Alfonso XIII por la falta de lealtad de este con su padre. También estaba su convicción, sincera pero efímera, de que la Republica superaría a la decadente Monarquía borbónica.

La pregunta a responder es si la influencia ideológica falangista durante el franquismo discurrió por la vía de reivindicar la monarquía imperial o el republicanismo antiborbónico.

En 1947 se nombró la Comisión de Procuradores en Cortes para el estudio del proyecto de Ley de Sucesión. La Comisión incluyó a treinta vocales de los que once eran falangistas. Por convicción o por adaptarse al nuevo marco político, los falangistas sostendrían que su ideología era perfectamente compatible con la fórmula monárquica.

El primer hito en el debate monarquía/república se saldó con un respaldo del franco-falangismo institucional a la primera opción. Cuestión diferente es el cancionero de los campamentos de las Falanges Juveniles de Franco… Por cierto, que en parte Franco mantuvo esta organización entonces paramilitar por temor a una invasión aliada por Francia y porque las acciones de guerrilla del maquis no fueron menores hasta su desactivación por Carrillo.

Esa capacidad de movilización civil convenció a Churchill para ubicar a España en el lado Occidental del telón de acero.

El segundo hito nos lleva a 1966. Desde los medios de comunicación azules hubo dos posicionamientos destacables en relación a la Monarquía: uno fue su defensa sin entusiasmo por Emilio Romero desde Pueblo y otro, su crítica por Salvador Vallina desde Arriba.

Pero el falangismo no hizo oposición mayoritaria en el referéndum del 14 de diciembre y la Ley Orgánica del Estado –que incorporaba la cuestión sucesoria en forma de monarquía– salió adelante con el 90 % de los votos. Así se resolvió la cuestión en el segundo hito.

En los años 60 el falangismo al margen del Movimiento comenzaba a organizarse en torno a los Círculos Doctrinales liderados por Diego Márquez, la Asociación de Antiguos Miembros del Frente de Juventudes de Cantarero del Castillo, el Frente de Estudiantes Sindicalistas de Sigfredo Hillers y el Frente Sindicalista Revolucionario de Narciso Perales y Manuel Hedilla.

Las organizaciones falangistas disidentes daban un paso hacia la izquierda nacional con no pocos de sus miembros acabando en CCOO y en el PCE. Pero esa evolución, en justicia, no fue la mayoritaria.

El último hito, ya con Franco muerto pero en el seno de las Cortes franquistas, fue la Ley para la Reforma Política de 1976 con rango de ley fundamental y defendida por el sobrino de José Antonio, Miguel Primo de Rivera, amigo del ya Rey, quien en su alocución reivindicó su condición de joseantoniano.

La ley salió adelante por 425 votos frente a 59 y 13 abstenciones, una de ellas la de Pilar Primo de Rivera. Pero incluso en este momento en el que hubo joseantonianos a favor y en contra, la discrepancia no estaba en la forma de la Jefatura del Estado, sino en la ruptura que la ley suponía con el régimen del 18 de Julio.

En 1975 los príncipes Juan Carlos y Sofía visitaron el campamento de la OJE y fueron recibidos en formación por los instructores [1]. Entre 1976 y 1981 el actual Rey asistió a varias actividades realizadas por la ex miembros de la Delegación Nacional de Juventud [2]; en una de ellas se le tomó la foto con el uniforme de la OJE, aunque nunca estuvo afiliado. Lo contó Manuel Sainz Pardo en un libro de edición familiar.

Como buena parte de los republicanos que ven en el papel de la Monarquía constitucional una eficaz combinación para la tradición y la fórmula republicana, la mayoría de los falangistas respaldaron pragmáticamente la sucesión monárquica desde una ortodoxia forzada o desde su evolución hacia la izquierda o la derecha.


Reportajes vinculados:

Comentarios