MEMORIA AZUL | ACONTECIMIENTOS

Mártires Cabañero.

La matanza de la familia falangista de los Cabañero. A cuyo hijo mayor, Juan, se le concede, a título póstumo, la Cruz Laureada de San Fernando, la única que fue otorgada a un falangista que no era militar.

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Portada Memoria Azul en La Razón de la Proa (LRP).

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Mártires Cabañero.

La matanza de la familia falangista de los Cabañero.


18 de julio de 1936, media España se alza contra la otra media, en Puertollano una familia falangista, la de los Cabañero se encuentra en su casa de la calle General Prim, cuándo de madrugada una turba de milicianos marxistas quieren irrumpir en su vivienda con la excusa de buscar armas.

El hijo mayor, Juan Cabañero Francés, que era fundador y jefe local de la Falange de Puertollano, de 28 años, abogado y casado con Gloria, embarazada de 8 meses, comprende de inmediato las verdaderas intenciones de los milicianos y organiza la defensa de la casa familiar.

Revisa las pocas armas con las que cuentan para su defensa (dos pistolas y una escopeta de caza) y entrega una de ellas a su padre Juan Gregorio, que era funcionario del Ayuntamiento y miembro de Falange, otra a su hermano Fernando, de 18 años, que estudiaba para ingeniero de minas y que también militaba en las filas azules, y al pequeño Eugenio, de 13 años, que estudia bachillerato, que al igual que sus hermanos también luce su camisa azul, no le puede entregar ningún arma.

En la casa también se encontraban su madre María y su hermanita pequeña Gracia de 12 años, afortunadamente su hermana María Luisa se encontraba en Cáceres.

A las 4 de la mañana se inicia el asalto por los milicianos, en su mayoría mineros de la UGT. Empiezan a dispararles desde las casas cercanas y a arrojarles cartuchos de dinamita, la familia Cabañero se defiende como puede.

Antes de que la casa sea rodeada definitivamente, Juan pide a sus padres y a su mujer que abandonen la vivienda, logra convencer a su madre y a su hermana pequeña que huyen por un tejadillo del patio posterior, pero su padre y su esposa se niegan en rotundo.

El ataque de los milicianos es incesante y el hermano pequeño, Eugenio, se dedica a devolver los cartuchos de dinamita que les tiran, uno de ellos le explota en las manos y le destroza un brazo.

Al amanecer el tiroteo cesa por unos momentos, acaba de llegar un contingente de la Guardia Civil, la esposa de Juan sale de la casa y se echa a los pies del jefe de la fuerza policial rogándole que acabé con el ataque, pero no le hacen caso, los guardias civiles se suman junto con los milicianos al asalto. Estos nuevos atacantes instalan una ametralladora en el campanario de la iglesia del pueblo y comienzan a disparar ininterrumpidamente contra los defensores.

Al poco tiempo el padre de los Cabañero muere con la cabeza destrozada por la explosión de un cartucho de dinamita. La lucha continua y Eugenio cae también muerto, después de ser herido nuevamente con un tiro en la cabeza disparado por un miliciano.

Juan y Fernando se repliegan a la parte posterior de la casa, resistiendo el ataque, pero Fernando cae muerto por una bala de ametralladora. La defensa ya es imposible pese a lo cual, Juan casi sin munición, sigue combatiendo. Los milicianos irrumpen en la casa y dan caza al valiente Juan que, herido y sin munición, es rematado por un minero socialista.

El jefe de la Falange de Puertollano y su familia ⎼valientemente⎼ habían vendido caras sus vidas. Tras casi doce horas de lucha, de la casa solo quedan los muros de mampostería.

Cuando detienen a la madre, los rojos no podían creer que solo cuatro hombres habían contenido tan brutal ataque, interrogan a la madre y está les contesta: «Es que no eran como vosotros, eran cuatro hombres, lo que vosotros no sois».

Tuvieron que pasar más de 25 años de esta hazaña para que, en 1961, el capitán general de la Primera Región Militar, teniente general Rodrigo, concediera, a titulo póstumo, la Cruz Laureada de San Fernando a Juan Cabañero, la medalla se la impuso a su hermana María Luisa. Igualmente, el secretario general del Movimiento, José Solís, le concedió la Palma de Plata por su heroísmo.

Se concedieron varias Laureadas a falangistas por su condición de militares, pero este es el único caso que tan alta distinción se concedió a un civil falangista.

No podemos ocultar al lector que cuando investigamos esta historia a los Guardianes de la Memoria Azul nos ardió la sangre: uno de los máximos héroes azules estaba perdido en una pequeña esquina de la historia de la Falange, totalmente desconocido y sin reconocimiento alguno.

Esta es la verdadera historia de la Falange, con sus luces y sus sombras y así os la contamos.

Arriba la Falange manchega. Caídos de la familia Cabañero. ¡Presentes!


Fotos inéditas del laureado Juan Cabañero, de su padre y de sus dos hermanos, todos falangistas.




Para saber más...

(Información sugerida por La Razón de la Proa)

Los Cabañero: el primer Alcázar.

Con las primeras noticias de la sublevación del Ejército de África el 18 de julio, los mineros y militantes de izquierda organizaron rápidamente controles y patrullas armadas, tomando las calles del pueblo dedicándose a registrar los domicilios de los vecinos considerados de derechas, deteniendo a no pocos de ellos. Todo con el amparo de las autoridades municipales y, desde luego, con la más absoluta ilegalidad.

A las once y media de la noche de ese mismo día, llegó un nutrido grupo de frentepopulistas liderado por Leonardo Rodríguez Barrera, al domicilio de la familia Cabañero Cabañero, sito en la calle Pi y Margall –hoy sigue teniendo el mismo nombre, muy cerca de la plaza del Ayuntamiento–, exigiendo a sus moradores que entregaran las armas que tuvieran en su poder.

Seguir leyendo...

Tras la guerra, se acordó cambiar el nombre de la calle donde se ubicaba la casa de los Cabañeros por el de calle Mártires Cabañero, (...) el consistorio puertollanense encarga al escultor Joaquín García Donaire un monumento en recuerdo a la heroica resistencia de los Cabañeros; destruido hace unos años y la calle ha vuelto a denominarse Pí y Margall por mor de la vengativa y rencorosa Ley de Memoria Histórica.

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