NUESTRA MEMORIA

El FES, la ortodoxia falangista. (I)

Conferencia pronunciada por Francisco Blanco Moral en el local de la Vieja Guardia, en Madrid, el 12 de enero de 2018.


Publicado en la Gaceta de la FJA, núm. 341, de febrero de 2021.
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El FES, la ortodoxia falangista. (I)

Comienzo

En la línea de explicar algo que podría ser muy denso voy a intentar aligerar, es decir, transmitir mediante algunas pinceladas el relato de lo que fue el Frente de Estudiantes Sindicalistas 1963-1977–. Y esas fechas me resultan muy convenientes porque son las que acotan el espacio histórico al que voy a referirme. Me veré en la obligación de citar antecedentes, pero tengo la intención de no hablar apenas de lo de después.

El local donde se celebran estos viernes culturales parecería elegido a propósito. ¿Qué mejor lugar para hacer arqueología del falangismo que este sitio?

Para quien tenga interés o le queden ganas en profundizar sobre este tema irán saliendo a lo largo de la charla libros o recursos a los que puede acudir. En primer lugar es obligado hacer referencia a la publicación que realizamos José Lorenzo García junto conmigo de título FES. La cara rebelde de la Falange (1963-1977) de la editorial Nueva República, uno de cuyos ejemplares se entregó a la Hermandad de la Vieja Guardia y que, por tanto, estará en esta buena biblioteca que tengo a mis espaldas.

Estructuro esta charla en dos partes, más larga la primera que es desarrollo apresurado sobre el FES y la segunda como refuerzo de lo anterior, con unas pocas imágenes que nos refuercen lo dicho.


In memoriam

Empiezo por recordar que:

El pasado 24 de noviembre fallecía en Madrid, ya viejo y enfermo, Sigfredo Hillers de Luque. La charla que hoy tiene lugar en estos viernes culturales estaba programada antes de su muerte. Creador del FES, ideólogo principal durante el tiempo histórico de este relato estará muy presente en cuanto a lo que aquí se diga. Hay una identificación entre el conglomerado FES y Hillers, si bien es verdad que cada militante expandía aquellas enseñanzas con sus formas y en sus ambientes particulares. Cuatro artículos tras su fallecimiento han glosado su memoria: el de Miguel Ángel Gimeno, el de Manuel Cepeda, el de Juan Fernández Krohn y el de José Lorenzo García cada uno en su estilo reconociendo todos la valía intelectual de Hillers.

In memoriam de Ceferino Maestú fallecido hace poco más un año, integrado en el conglomerado FES durante sus primeros tiempos. Prolífico divulgador de alternativas sociales, luchador infatigable. Referente continuo de lo que se ha venido en llamar la Falange de izquierdas.


1.- El contexto histórico

Creo que viene bien situarnos en el tiempo histórico. Seguro que a la mayoría les suena pero no está de más recordar algunas características de aquel espacio que abarca el periodo 1963-77 y qué había pasado en tiempos anteriores y próximos.

En el año 1957 el general Franco había incluido en su gobierno a dos técnicos como ministros, aupados por el almirante Carrero Blanco, se trataba de Mariano Rubio y de Alberto Ullastres, ambos vinculados a la prelatura del Opus Dei. Ese gobierno dará lugar a la elaboración en 1959 del conocido como Plan de Estabilización, un conjunto de medidas que ponían en orden la economía española, es decir, que ajustaban bastante el marco a la ortodoxia capitalista (establecimiento cambiario, apertura a capitales extranjeros, control inflacionario etc.) La consecuencia de aquello fue la etapa del desarrollismo franquista de los 60 con crecimientos del PIB en torno al 8% anuales. El milagro español. El tiempo de la tecnocracia.

En el plano político la dictadura de Franco se encontraba fuertemente asentada, pero como dictadura personal que era tenía fecha de caducidad, la de su creador. Pequeños movimientos de contestación solventados sin excesivo esfuerzo pero cuya importancia iba creciendo. Aparecieron las CC. OO. y múltiples grupúsculos de oposición comunista cuyo referente más serio era el PCE. Desde finales de los 60 el terrorismo asesino de ETA comenzaba su recorrido de muerte que en diciembre del 73, en una operación Ogro con muchas aristas, asesinaba al más fiel seguidor del dictador, al almirante Carrero.

Durante este tiempo el mundo universitario y el mundo obrero eran los terrenos propicios para la protesta. Había también una oposición desconocida para el público, de alto nivel, de privilegiados de despacho que no se jugaba nada y apostaba siempre sobre seguro.

Justo al comienzo (y subrayo comienzo) del tiempo histórico de este relato y si hacemos caso al primer estudio sociológico sobre la juventud española realizado por los profesores García de Arboleya, Juan Linz y Jesús María Vázquez, para los jóvenes españoles eran el Ejército y la Iglesia católica las instituciones de referencia, preferían una república presidencialista a una monarquía parlamentaria y su personaje político por excelencia era José Antonio Primo de Rivera. Completaba el cuadro algo inaudito y, aunque le cueste creérselo a este ilustre auditorio, es cierto: el 84% se manifestaban a favor de, llegado el momento, dar la vida por la patria.

Conforme pasan los años gran parte de la jerarquía eclesiástica y sectores del catolicismo por aggiornamiento, por oportunismo o por lo que fuera se distanciaban del régimen con el que habían estado en interesado maridaje e intentaban algunos ponerle en jaque.

El mundo de las mentalidades sufrió una profunda transformación. En la cultura se fueron introduciendo elementos completamente distintos a lo vivido hasta entonces. En el teatro, en el cine, en el arte, en la literatura con la pléyade de los cantautores se estaba creando un mundo diferente: la dialéctica entre la España quieta y la del hierro estaba servida.


2.- La rebeldía falangista.

La falangistización que fue asumiendo el nuevo Estado durante la guerra civil y en los años posteriores tuvo un contrapunto entre minorías falangistas que pensaban que el proyecto falangista esbozado durante la República no se estaba cumplimiento, o sea, la eterna “revolución pendiente”. Ese desasosiego, discrepancia, rebelión o como quiera llamarse por parte de los falangistas hunde sus raíces en el año 1936 y de forma telegráfica cito:

  • Dudas de José Antonio en la prisión sobre el papel que estaba realizando la Falange.
  • Decreto de Unificación, Manuel Hedilla.
  • Octavillas de una Falange auténtica a finales del 37.
  • El papel del general Yagüe.
  • La junta política clandestina de Rodríguez Tarduchy, González de Canales, Caralt...
  • La preparación supuesta, teórica, real o lo que se quiera, de magnicidios.
  • Las ORNS de Ezquer.
  • La movilización sindical exterminada de Gerardo Salvador Merino.
  • Los sucesos de Begoña, el fusilamiento de Domínguez.
  • El fusilamiento de Pérez de Cabo.
  • La rebeldía en sectores del Frente de Juventudes, el Franco eres un traidor de Román Urdiales.
  • Las acciones de protesta de la Guardia de Franco.
  • El núcleo santanderino Haz Ibérico.
  • El fracaso del Hogar del Movimiento de la calle Cinco Rosas cuya estructura celular acabó engullendo el PCE (y hay aquí gente que podría explicar aquello) etc.

Para quien quiera profundizar se recomiendan tres textos clásicos:

  • Romero Cuesta.- Objetivo matar a Franco.
  • Onrubia Rebuelta.- Historia de la disidencia falangista en sus documentos.
  • Gustavo Morales.- Falangistas contra el caudillo.

Los dos primeros autores en su día militantes del FES. El primero fallecido en accidente de trabajo durante la descarga de un barco y el segundo, hombre inquieto donde los haya, militante que fue de distintas organizaciones falangistas, muy preocupado por los problemas sociales no solo de España (MST argentina) y que derivó a otras posiciones ideológicas. El tercer autor, quizás el mejor divulgador de la temática falangista, es por todos conocido.

Incluso en la esfera del francofalangismo, del oficialismo, la cuota de influencia se sabía que iba mermando y molestaba. Aquel malestar era conocido en El Pardo. El 14 de febrero de 1956, inmediatamente después de los sucesos universitarios, José Luis Arrese fue llamado por el caudillo que se encontraba a disgusto ante aquellas situaciones rebeldes de la Falange.

El intento de inyectar falangismo al Estado, o sea, el proyecto Arrese fue una especie de brindis al sol. Así pues, junto con la Falange, fiel servidora del Estado habían existido pequeños grupos de descontentos que seguían enarbolando la bandera de la revolución pendiente. Disidencias sentimentales, espontáneas, irreflexivas, contradictorias y que se hacían siempre con, por lo menos, un pie dentro del partido único.

El estado franquista había creado como soporte social una estructura intermedia entre sociedad y Estado que era el partido único controlado desde la SGM y en donde algunas de sus delegaciones respiraban sensaciones más falangistas, era el caso de la Delegación Nacional del Frente de Juventudes o de la Sección Femenina. Pero aplicado el contraste entre el discurso que allí se daba y la realidad española podría llegarse a la conclusión de que en los albergues, hogares o campamentos un nutrido grupo de españoles, normalmente jóvenes, ejercían de extravagantes o de sujetos próximos a la esquizofrenia.

Como muy bien señalaba el comunista Mariano Gamo buen conocedor por haber sido capellán de la Organización Juvenil el contacto con la realidad convertía en surrealismo las consignas cantadas en los campamentos.

La actitud de estar en contra del Régimen pero mantenerse dentro de él se intentó resolver en 1963 con la creación del Frente de Estudiantes Sindicalistas. Se relanzaba la idea de la Falange pero sin estar dependiendo del Régimen. Quizás quien más acertó con el por qué de la creación de ese núcleo falangista fue Heleno Saña y remito al artículo publicado en la revista Índice y de título La Falange proscrita. Y es que aparte de que los años de juventud son proclives al idealismo, para el analista el enfrentamiento entre la Falange y la República tenía un paralelo entre esa Falange proscrita, clandestina pero menos, y el Régimen.

La manifestación de pureza moral en la que insistía el FES se justificaba ante la conciencia de culpa por la trayectoria de la Falange y que necesitaba de expiación.

Mediante cartas firmadas por Hillers, Carmena e Izquierdo en 1963, de reflexión y de crítica dirigidas a mandos juveniles se fue creando un ambiente que cuajaría pocos meses después con la creación del denominado Frente de Estudiantes Sindicalistas mediante un Manifiesto a los estudiantes españoles considerado como el documento fundacional del FES

Nuestra universidad refleja la vida que arrastra España desde hace décadas. La odiosa disyuntiva entre entre las derechas reaccionarias y egoístas, afanadas solo por mantener un orden injusto que les favorece y las izquierdas que por ser apaleadas y perseguidas almacenan el rencor y solo aspiran con derribar, preferiblemente con estrépito
Como José Antonio Primo de Rivera, como Ramiro Ledesma Ramos y sus hombres os convocamos para una magna tarea: por un nuevo Sindicato –por una nueva universidad–. Por la hermandad cerrada de los estudiantes, unidos por los mismos ideales de servicio, de Justicia, de Libertad.
Estudiante: incorpórate al Frente de Estudiantes Sindicalistas


3.-Estructura organizativa.

El conglomerado conocido como FES abarcaba cuatro organizaciones diferentes –aparte de la específica de trabajadores– aunque fueran esas siglas el marchamo que acogía a las demás. De hecho, con el nombre del Frente de Estudiantes Sindicalistas se hicieron manifestaciones políticas que poco tenían que ver con el contenido estudiantil. El grado de militancia de los afiliados y la edad eran los condicionantes para situarse en una u otra estructura. Un “código del militante” establecía cuáles eran las obligaciones a las que se comprometía el integrante del grupo falangista en un medio altamente jerarquizado y asumiendo características propias de la vida de milicia.

El protonúcleo del conglomerado surgió en 1963 con el nombre de Juventudes Falangistas y que se convertiría con el tiempo de una elite de dura militancia y que haría las veces de “comité central” desde donde se controlaba a las demás organizaciones. Dirigiendo aquello aparecía siempre la figura de Sigfredo Hillers de Luque.

En sentido estricto el Frente de Estudiantes Sindicalistas era el brazo operativo de la organización. La participación en la algarada estudiantil o en las acciones políticas eran su principal cometido. La sección universitaria era la más numerosa. Desde finales de los sesenta se creó una sección nutriente entre los estudiantes de enseñanzas medias, el FES de Bachiller a cuyo frente estaban Ojeda Pellejero, López Créstar y Aznar López como responsables y que procuraban imbuir los ideales falangistas en los moldes marcados por la organización a jóvenes estudiantes de enseñanzas medias.

La Asociación Juvenil Octubre (AJO) era un remedo en miniatura del Frente de Juventudes y se fundó el 12 de Octubre de 1971. Cobertura legal en el marco del asociacionismo juvenil de aquel tiempo.

El Círculo Ruiz de Alda era otra plataforma legal para los militantes más veteranos aunque en sus estatutos fundacionales se hablara de una asociación de jóvenes. Se formó al amparo de la Ley de Asociaciones de 1964 y el objetivo formal era mezcla de fines políticos y de una pretendida extensión cultural de la doctrina de la Falange. Actividades reducidas a periódicas charlas, contraste e interpretaciones de textos, apoyo en actividades del FES y el ultimísimo tramo del franquismo a la confección de un boletín informativo.

De corta existencia la entrada en el mundo del trabajo, primero con la Unión de Trabajadores Sindicalistas (Maestú Socorro Delgado– Garijo) y más adelante con el Frente Nacional de Trabajadores con Narciso Perales al frente y que hacia 1967 se desgajaría de la organización. Los núcleos que se mantuvieron acabarían formando, a partir de 1976, la Falange Española Independiente.

De 1963 a 1977 el FES editó en torno a 200 panfletos diferentes y como publicaciones periódicas Resurgir, Misión y los boletines de la AJO y del Círculo Ruiz de Alda. En el balance de publicaciones habría que situar también la revista Sindicalismo, de contenido obrerista de la que se publicaron cinco números y cuyo promotor era Ceferino Maestú. Revista que acabó siendo prohibida.

Varios centenares de personas, la inmensa mayoría jóvenes y de núcleos familiares bastante humildes, de clases medias y medias bajas, con casos puntuales de miembros con posibles, fueron los que integraron las filas del FES.

En cuanto al mundo de las mentalidades de sus familias –y siguiendo al profesor Linz– mayoritariamente pertenecientes a los dos tercios de apoyo al Régimen. La búsqueda de la minoría selecta, del eje implacable sobre el que se montara la revolución llegó al límite. Bien porque muchos de los que entraban no soportaban el grado de compromiso exigido, bien porque la jefatura velaba porque nada se fuera de las manos, se llegó a una especie de “amor al vacío”. De las amplias asambleas celebradas en la Casa de Campo con dos centenares de militantes según el relato de algunos de los por allí estaban se pasó a una organización que al final del periodo que ocupa esta charla agrupaba a no más de 70 miembros en Madrid.

De esa relación imposible de quienes por allí pasaron nombro a continuación a algunos por su permanencia o por la proyección que tuvieron después: (algunos –y me refiero a los vivos– probablemente no se acordarán) Pilar Álvarez, única mujer que militó en las Juventudes Falangistas, empleada. Sigfredo Hillers, profesor universitario. Antonio Hermoso, director de empresa farmacéutica. Fernando Pérez Garijo, técnico de electrónica. Fernando García, directivo de empresa. Rafael Millán, abogado. Luis Molleda, graduado social. Ceferino Maestú, periodista. Narciso Perales médico, Palma de plata de la Falange de José Antonio. Vicente Murillo titular de una librería de librepensamiento y humanismo. Jesús Ferrer, médico. José María Aznar presidente de FAES y expresidente del Gobierno de España. José Pedro García Gil, administrativo. Javier Onrubia Revuelta, escritor y empleado. Juan Domingo Martínez, navegante y Palma roja de la Falange. José Ramón López Créstar abogado, arquetipo del militante del FES; Luis Fernando Martínez, ATS. Antonio Flores, ingeniero agrónomo al servicio de la Administración. José Cabanas, pequeño empresario. Nicolás Poveda, magistrado. José Lorenzo García profesor y periodista. Mario Triviño divisionario en el Frente del Este, empleado. Y que perdonen (o se alegren) por no ser relacionados otros muchos.


4.- Conceptos esenciales.

Creado el FES, los documentos elaborados y titulados Puntos esenciales, el Código del militante y sobre todo el Etica y estilo falangista permiten adentrarse en la filosofía que imbuía al grupo. En una interpretación puramente joseantoniana se repetían los conceptos de Dios, hombre, Estado, misión de España y norma de conducta. El Código del militante establecía las obligaciones a las que se comprometía el que allí entraba mediante la redacción de una carta de compromiso y en un ambiente de milicia.

De entre los dirigentes históricos sin lugar a dudas era José Antonio Primo de Rivera el paradigma al que seguir, el que suministraba la cosmovisión necesaria que llevaba a entender la política como algo completo, total. Entendían que de los textos de Primo de Rivera se desprendía más la llamada al ejercicio personal del compromiso que a la simple participación política. Conseguir un estilo, tan esencial que su pérdida conllevaría la extinción de lo creado.

El Ética y estilo falangista apareció en 1974 pero su elaboración había comenzado mucho antes, incluso es anterior su origen al del FES. Con una tirada de 10.000 ejemplares y con la subvención económica que hizo Mariano Vera este texto, redactado por Hillers, se articula en tres apartados, el primero es el juicio que sobre lo que allí aparece hicieron miembros de tres generaciones falangistas, la de los históricos Arrese, Fernández. Cuesta, Jato, Muñoz Alonso, Pascual Marín o Agatángelo Soler –éste último menos conocido, prisionero en la cárcel de Alicante en el otoño del 36. Alcalde luego de esa ciudad y uno de los 19 procuradores que votó no a la sucesión en la jefatura del Estado de don Juan Carlos de Borbón a propuesta del general Franco.

El escrito remitido por otro histórico, Jesús López Cancio –el relevo de Elola en la Delegación Nacional del Frente de juventudes, artífice de la transformación de esa organización en la OJE– hubo de ser retirado del libro cuando ya estaba confeccionado por deseo expreso del exgobernador civil de Madrid.

Viene luego una generación intermedia que daba su punto de vista y allí estaban las impresiones de Jesús Ambrós, Manuel Cepeda, Santiago Fernández Olivares, José Gárate, Antonio Gibello o el mecenas Mariano Vera. Los que daban el espaldarazo a aquel texto de la generación joven –entonces– eran José Cabanas, Isidoro Escudero, José Ignacio Fernández, Jesús Ferrer, Antonio Hermoso, José Ramón Mariscal y Fernando Pérez Garijo. No faltaron tampoco la opinión del franciscano y falangista Fray Pacífico de Pobladura o la del sacerdote Vicente Serrano, doctor en Teología.

Del respaldo o “espaldarazo” al libro se deduce que era amplio el abanico de apoyos a lo que allí figuraba y sin embargo el libro creó polémica. La dedicatoria del Ética ya indicaba por qué interpretaciones falangistas se iban a mover: A José Antonio: fundador de un movimiento político; creador y modelador de la doctrina y estilo falangistas.

Tras un largo prólogo explicativo se desarrollan 407 puntos en una especie de breviario donde muchos vieron –tampoco hace falta ser un águila– la influencia de textos como Camino. Y ya citada la Obra –con mayúscula– convendría aclarar que la prelatura fue criticada desde el FES por considerar que su misión de santificar a sus miembros y de hacerlo con la sociedad no se estaba produciendo –¿error de apreciación?, queda ahí la pregunta–. Incluso Ernest Milá autor de unas páginas muy certeras sobre el FES llega a decir que esta organización fue...

...el enemigo jurado del Opus Dei al que vio siempre como la vanguardia confesional del capitalismo y como la bestia negra de la Falange, el reducto de tecnócratas y banqueros que con sus rezos intentaban olvidar las injusticias sociales de la España franquista”. Opinión que desde mi perspectiva es exagerada.

En el armazón ideológico del FES se repetían los conceptos tradicionales, el de la Patria, hermoso concepto que no había pasado de la formulación retórica. “Para nosotros la Patria no es solo Gibraltar, Ceuta, Melilla etc. sino los centenares, los millones de españoles que se ven obligados a emigrar…”. Patria española que debía englobar a los países de Hispanoamérica. Mal se podía hablar de Patria con la actuación claudicante hacia la Europa capitalista e hipotecada con los Estados Unidos. En cuanto a la persona, ni individuo ni socio, individuo social siguiendo la interpretación que daba el pensador Eduardo Adsuara.

En el marco en que se estaba, tildado de “dictadura capitalista”, aparecían críticas desde el FES que pueden sorprender, así en el Misión de 3 julio de 1970 se leía “preferimos el conflicto sindical y político a esta sorda dictadura en la que a una parte, la clase trabajadora, se la tiene reducida con las manos atadas a la espalda”.

La llamada democracia orgánica del régimen de Franco resultaba inoperante, sin embargo a ella se acudía como el modelo deseable una vez se implantara el Estado Nacionalsindicalista no la farsa que con igual nombre había en el régimen.

La destrucción del capitalismo como tarea sobre todo moral era un aserto que se creía a pies juntillas en el discurso de la organización. Las alternativas estuvieron muy presentes en los primeros tiempos con las soluciones que entendía Maestú. Borrosas fórmulas aparecieron más tarde, más como intenciones que como programa elaborado y, finalmente, próximas a las primeras elecciones generales del posfranquismo se dieron formas más concretas de cómo actuar para transformar España recopiladas en un manifiesto.

Y dos elementos muy presentes en el discurso del FES fueron la exaltación de la juventud, del sentido de lo joven asumiendo del todo la interpretación que hizo el profesor Muñoz Alonso: “Lo que José Antonio preconiza es el reconocimiento de la juventud como categoría histórica y no como momento de transición el proceso evolutivo”.

Y también la negación de la Falange como forma del fascismo en donde además de una interpretación razonada más o menos convincente (V. Falange y fascismo. Dos doctrinas diferentes. Dos modos distintos de entender la vida y la muerte) se imponía, a mi parecer, la cascada de acontecimientos críticos o denigratorios en contra de las ideologías que perdieron la Segunda Guerra Mundial.

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