MEMORIA

El hombre que permanece en el Valle de los Caídos

Tras la exhumación y traslado de Francisco Franco al cementerio de Mingorrubio, la figura más relevante que queda en el Valle de los Caídos es José Antonio Primo de Rivera, el "Ausente". ¿Quién es él?

Autor: José Luis Andrade. Publicado el 30/NOV/2019 en el digital portugués Observador [aquí la versión original]. Traducido por el autor para Historia en Libertad, posteriormente reconvertido en Desde mi Campanario, publicado el 20/NOV/2020 [aquí la versión traducida]. Recogido por Gaceta de la Fundación José Antonio en mayo de 2021.

2021-05-17-JA-valle-caidos-1w
Tras el traslado de Franco, la figura más relevante que queda en el Valle de los Caídos es José Antonio.
El hombre que permanece en el Valle de los Caídos

José Antonio: el hombre que permanece en el Valle de los Caídos


Traducido por el autor

Hoy, 20 de noviembre (2020), se cumplen 84 años desde el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera a manos de un Tribunal Popular en Alicante, donde había estado detenido por orden del gobierno del Frente Popular desde el 14 de marzo de 1936. José Antonio será con gran probabilidad, después de Franco, el próximo espectro a exhumar por el adveniente gobierno del Frente Popular de ahora, en el cual, con un mediático abrazo de Judas, Pedro Sánchez se cuelga con Pablo Iglesias. El frenesí exhumatorio de Sánchez, para mejor plantear las barricadas de ruptura en la sociedad española, con lo que, al fin y a la postre, pretende acosar al rey y esconder sus propios fantasmas, no sólo no se detendrá sino que se exacerbará. Y el Ausente (cuyo espíritu ha permanecido, sin embargo, siempre presente entre sus simpatizantes) será seguramente la próxima víctima del ajuste de cuentas con la historia con que Sánchez pretende poner fin al proceso de concordia iniciado en 1976-78.

Pero, ¿quién fue José Antonio Primo de Rivera que, curiosamente, es comendador de la Orden Militar de Cristo portuguesa? El pensador político español es hoy prácticamente desconocido para el público portugués; e incluso en el mundo académico, hay distinguidos historiadores que lo confunden con su padre, el general Miguel Primo de Rivera. Pero a principios de la década de 1970, mientras muchos alababan las obras «gloriosas» de Mao o Che Guevara, otros leían a José Antonio en un libro de José Miguel Júdice, quien en 1972 publicó una antología de sus textos.

La entrada en la política


La entrada de José Antonio en la política comenzó esencialmente después del bienio socialista-azañista de la Segunda República española. La escena política que se vivía entonces en el país vecino ya correspondía a un volcán a punto de ebullición.

José Antonio nació en Madrid en 1903 en una familia andaluza de Jerez de la Frontera de notable huella militar. Después de una formación clásica en el movimiento Scout católico, empezó a deambular, como otros jóvenes intelectuales de la posguerra, por las orillas del fascismo y movimientos similares, lo que le quedaría para siempre pegado como inamovible etiqueta, particularmente por los historiadores anglosajones.

En febrero de 1933, fundó con Manuel Delgado Barreto, director de La Nación, el periódico El Fascio, cuyo primer y único número incautará la policía. Es entonces cuando el capitán Julio Ruiz de Alda, uno de los héroes de la proeza aérea transatlántica del Plus Ultra, y el profesor García Valdecasas se unen a él para formar el Movimiento Español Sindicalista. Posteriormente, este triunvirato fundará Falange Española el 29 de octubre de 1933. El nuevo órgano fue presentado públicamente en Madrid en el Teatro de la Comedia por el joven abogado José Antonio Primo de Rivera, el primogénito del difunto general Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, que había gobernado autocráticamente España desde 1923 hasta 1930.

Así nació un nuevo movimiento político que tendría un gran impacto en el futuro de España, la Falange Española, una designación aparentemente sugerida por el profesor Alfonso García Valdecasas, adscrito a la Agrupación al Servicio de la República y eminente erudito, discípulo de Ortega y Gasset. Tres semanas después, en las elecciones del 19 de noviembre de 1933, ganadas por la derecha por mayoría aplastante, José Antonio es elegido para las Cortes en las listas de Unión Agraria y Ciudadana por el círculo de Cádiz. Pero a pesar de la intensa actividad parlamentaria, será en el desarrollo de la nueva asociación política que destacará José António. El liberal Unamuno, a pesar del rencor contra su padre, diría de José Antonio: «Lo he seguido con atención y puedo asegurar que se trata de un cerebro privilegiado. Tal vez, el más prometedor de la Europa contemporánea».

La Falange fue anunciada como «ni de derechas ni de izquierdas», al rechazar el marco formado por el «egoísmo individualista» y el «resentimiento de clase», cuya superación dialéctica propuso. Asociados con otros grupos de jóvenes que no estaban contentos con la permanente oposición dicotómica entre la izquierda y la derecha, intentaron encontrar una tercera vía que satisficiera, por un lado, el deseo de «Pan y Justicia Social» y, por otro lado, garantizara la autoridad necesaria para mantenimiento de la «Paz y Unidad de España». Ansiosos por restaurar a España el prestigio de la edad de oro, han creado una fuerte dinámica política que ha atraído a jóvenes estudiantes e intelectuales que no se identificaban ni con el marxismo ni con el conservadurismo reaccionario. Ortega y Gasset fue una de las principales referencias filosóficas (si no mismo la principal) de la Falange, a pesar de alguna acritud inicial con José Antonio, derivada de la crítica que el insigne pensador, tal como Unamuno, había hecho a su padre, el dictador Primo de Rivera.

A principios de 1934, la impetuosa Falange Española crecería significativamente después de la fusión con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), fundadas en 1931 como resultado del esfuerzo conjunto del positivista y socializante Ramiro Ledesma Ramos, discípulo asumido de Ortega y animador de la revista La Conquista del Estado, de cariz casi malapartista, y de Onésimo Redondo Ortega, sindicalista católico y jefe de las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica. Cualquiera de los tres líderes se identificaba con la filosofía de Ortega y Gasset y entendía bien el pensamiento clásico y contemporáneo alemán. Habían leído a Spengler, Keyserling, Werner Sombart, Meissner, Krauss, el británico Harold Laski, así como a Marx, Sorel, Lenin, Mussolini, Malaparte y Trotsky. Además de estos autores, José Antonio estaba familiarizado con las corrientes políticas y jurídicas austriacas, con Otto Bauer y Hans Kelsen, así como con las ideas de Maurras, Mihail Manoïlescu, a más de, evidentemente, los pensadores tradicionales españoles. De la convergencia estimulada por la fusión surgió Falange Española de las JONS, de la cual José Antonio se convertirá en jefe supremo.

Con el crecimiento del movimiento vanguardista, en su mayoría amonárquico cuando no republicano, o «tradicionalista revolucionario», como lo llamaría el politólogo vasco francés Arnaud Imatz, muchos exmilitares, empleados de comercio, obreros y trabajadores rurales comenzaron a ingresar gradualmente en la Falange. Y así concurrieran para consolidar cada vez más una visión política alternativa y un camino sui generis que sería definido como el nacionalsindicalismo español.

El historiador João Medina afirma la influencia de José Antonio Primo de Rivera en la fundación del movimiento nacional-sindicalista portugués, iniciado por Francisco Rolão Preto en 1932. Es un evidente dislate ya que el abogado español fundaría Falange Española a fines de 1933 y sólo le daría la etiqueta nacional-sindicalista en 1934, después de la fusión de la Falange con las JONS, de Ledesma Ramos. Y, por lo que este había declarado el 10 de octubre de 1931 en el semanario La Conquista del Estado a propósito de la creación de las JONS, tampoco es correcta la afirmación que da Rolão Preto como precursor del nacionalsindicalismo, ya que sólo en febrero de 1932 presentará el concepto en el periódico Revolução. Lo más probable es que los movimientos hayan nacido casi simultáneamente, inspirados por las mismas fuentes, principalmente por el sindicalismo nacional italiano.

Aunque la matriz de referencia ideológica y política de los nacionalsindicalistas de ambos países sea cercana, su posición sobre la «cuestión ibérica», como no podía dejar de ser, era discordante. Ambos eran tendencialmente imperialistas y poco hábiles para manejar los conceptos subliminales que subyacen a su agudo nacionalismo. Cuando el actor y artista António Pedro dirigió una carta al semanario de Ledesma Ramos, La Conquista del Estado, dando la bienvenida al espíritu antiliberal, antiburgués y revolucionario de la publicación, había propuesto ingenuamente la constitución de tres naciones en la península: Portugal (incluyendo Galicia), Castilla y Cataluña. La propuesta, vista como una provocación, mereció una respuesta inmediata de Ledesma en el artículo «¿Conquistamos Portugal o Portugal nos conquista?», en el que declaró, perentoriamente, que «Portugal será nuestra por auténtico y limpio derecho de conquista».

Más tarde, en mayo de 1933, el mismo Ledesma había llamado a los «camisas azules» portugueses «los nazis» de Portugal, alabando en cambio, a su acosador, el recientemente nombrado jefe de gobierno, Salazar, que entendía ser «un hombre de pocas palabras mientras hacía mucho, a diferencia de aquellos». Además, Onésimo Redondo, que había contactado personalmente con Rolão Preto en el exilio en Lisboa, al que se había visto forzado para escapar de la arbitraria represión azañista de la sanjurjada, no dudaría en llamarle, en noviembre de 1933, «separatista» y «jefe de los nazis portugueses». Preto le replicó en el periódico Acción Española, aclarando posiciones e invocando al «maestro» Sardinha para apaciguar los ánimos y manifestar juras de congraciamiento de espíritu; negó cualquier «afirmación anexionista sobre Galicia», que sólo había evocado porque las afinidades eran más evidentes allí «al contemplar el paisaje material y espiritual común». Estas declaraciones, publicadas en Libertad el 20 de noviembre de 1933, sobre todo por la invocación referencial de António Sardinha, parecen haber aplacado a Onésimo Redondo, quien se complace en compartir, después de todo, «el futuro armonioso de ambos países».

En cuanto a José Antonio, a juzgar por sus discursos parlamentarios, en particular para acusar a Azaña de intromisión escabrosa en los asuntos políticos portugueses, es posible que compartiera la actitud respetuosa hacia Portugal que su padre había demostrado. Aunque hay algunos historiadores, como, por ejemplo, Stanley Payne quien, citando a Felipe Ximénez de Sandoval y su «biografía apasionada», insiste en que, de vez en cuando, José Antonio se habría dejado llevar por la desbragada ansia de recuperación del sentido imperial de España, propugnando la absorción de Portugal. Pero nada en sus escritos denuncia tal afirmación, y José Antonio, cuando quizás plantea la «cuestión ibérica», como en el poema La profecía de Magallanes, escrito cuando tenía dieciocho años, lo hace en términos tales que sólo deja aflorar el incontenible deseo de «integración peninsular» voluntaria que, al final, pulsa en cualquier corazón nacionalista español. Es un poema épico de 105 versos, con un planteamiento algo romántico, publicado en enero de 1922 en la Revista de España y América. En un extracto más significativo, colocado en la voz del navegante portugués Fernão de Magalhães, se puede leer: «De España y Portugal, la raza ibera / cuyos hijos, unidos como hermanos, / a la sombra van hoy de una bandera; / portugueses e hispanos, / bogamos juntos tras la misma suerte… / Españoles, ¡quién sabe se algún día / se unirá vuestra Patria con la mía / en un lazo de amor eterno y fuerte!»

La compañía


Las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista habían sido creadas para encarnar un movimiento de estilo fascista. Estaban en contra de la democracia parlamentaria, contra el marxismo y eran nacionalistas. Sus objetivos proclamados eran la necesidad de una revolución nacionalsindicalista, la sindicalización obligatoria, la sujeción de la riqueza a los intereses nacionales, la afirmación de España como vocación de imperio, etc. Crearon símbolos y lemas que se volverían históricos, especialmente después de la fusión con la Falange, como la recuperación iconográfica del yugo y las flechas de los Reyes Católicos (fundadores de la nación española), la bandera roja y negra del anarcosindicalismo, frases como «España: Una, Grande y Libre» o «Por la Patria, el Pan y la Justicia». Su líder fue Ramiro Ledesma Ramos, doctor en Filosofía, discípulo de Ortega y Gasset, colaborador de la Revista de Occidente y empleado de Correos.

Onésimo Redondo Ortega era el número dos en la organización; también había creado un grupo político, las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH). De origen modesto, como Ledesma Ramos, había trabajado como empleado público para financiar sus estudios de derecho. Después de un periodo de trabajo académico en Alemania, pasó a integrar la dirección de la Unión de Cultivadores de Remolacha de Castilla la Vieja. Católico militante, había formado parte de Acción Nacional, la organización matriz de CEDA, de donde había salido para fundar las JCAH. Otra referencia importante en las JONS fue Ernesto Giménez Caballero, editor de La Gaceta Literaria, una de las revistas más vanguardistas de la época y autor de Genio de España y la nueva catolicidad.

Fue Giménez Caballero quien presentó a Picasso y, con otros, Federico García Lorca a José Antonio, con quien este se volvería muy cercano. La poesía y el modernismo siempre han estado muy presentes en su forma de ser y mirar la política. Una de sus citas más conocidas (y más actuales) de José Antonio es:

«Hay algunos que frente a la marcha de la revolución creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!»

Como fue el caso con el fascismo en Italia, los militantes de las JONS vinieron de muchos lados, pero especialmente de medios pequeñoburgueses. Además, como consecuencia de las insanas disensiones en el seno de la CNT, causadas principalmente por la actuación de la FAI, muchos anarquistas se apuntaron a las Juntas. Algunos incluso habían sido líderes de la CNT, como Nicasio Sotomayor, el ex secretario de la organización, y Pascual Llorente, un elemento de gran entusiasmo. Sotomayor acompañaría a Ledesma Ramos en la escisión sobrevenida en Falange en 1935 y más tarde, después de ser alcalde por el PSOE en Cilleros (Cáceres), seria posteriormente fusilado por los insurgentes el 2 de agosto de 1936, acusado de realizar actos de sabotaje en colaboración con los comunistas.

Varias referencias han contribuido a la formación de Falange Española de las JONS. Sindicalistas socializantes como Ramiro Ledesma Ramos, activistas católicos y ruralistas como Onésimo Redondo, defensores de un estado autoritario e imperial como Maeztu, estuvieran en el origen de la que se convertiría, junto con la Comunidad Tradicionalista (los neo-carlistas), en la estructura política más expresiva de los partidarios del futuro alzamiento militar. El irregular triunfo electoral del Frente Popular, a principios de 1936, aumentaría el número de afiliados a Falange, atraídos por la tenacidad, la camaradería y la capacidad de contrarrestar los ataques sistemáticos de los partidos marxistas de izquierda, señaladamente del PSOE.

Ante el clima de desorden, violencia e intimidación patrocinado o consentido por los partidos de izquierda, la movilización de quienes habitualmente se encontraban en los partidos de la derecha había aumentado. El carácter innovador y dinámico de Falange, soreliano en la acción, le permitió atraer, por un lado, la simpatía de jóvenes estudiantes, intelectuales, pequeños comerciantes e incluso obreros, pero también el rencor de la derecha reaccionaria instalada y el odio de la izquierda más violenta, por el otro. Varios de sus militantes, o simplemente curiosos simpatizantes, fueron asesinados en toda España. La unión de Falange Española con las JONS, que había tenido lugar el 13 de febrero de 1934, agravó aún más los ataques, pero permitió que el joven movimiento político tuviera una mayor capacidad de respuesta. José Antonio trató de mantener el equilibrio y la serenidad ante el acoso. Pero estaba presionado entre la amenaza externa de los continuos atentados contra su propia vida y la interna, proveniente de sus camaradas de la Falange de la Sangre, que exigían una campaña de represalias, especialmente contra los radicales socialistas.

El énfasis en el papel de Falange en la historia de España que precedió a su última guerra civil es quizás exagerado por el pequeño número de militantes enganchados en ese grupo, pero no faltan analistas políticos menos escrupulosos o menos atentos, en la izquierda y en la derecha, que le atribuyen, junto con bolcheviques y anarquistas, las responsabilidades por la creación del momentum político-social que culminaría en la guerra. En esa narrativa quedan excluidos los grandes partidos, como el revolucionario PSOE y la conservadora CEDA, que, por su golpismo y pusilanimidad social y política, permitieron objetivamente la lenta incubación del proceso de radicalización de la sociedad española.

Debido al papel que desempeñarán sus militantes (tanto la vieja guardia de los camisas viejas como los camisas nuevas) en la guerra civil, la Falange aparecerá plásticamente connotada con el régimen autoritario que surgirá de ella. Pero la verdad es que Falange Española de las JONS sería extinguida por Franco en abril de 1937, con el llamado Decreto de Unificación, no sin resistencias reñidas. La anacrónica estructura política de sostén creada de seguida por Franco, la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, que quedaría conocida como El Movimiento o la FET, reunió a militantes de todos los orígenes políticos que apoyaban la sublevación que empezara en julio de 1936. A pesar del homenaje contenido implícitamente en la designación, el cinismo de la fórmula apenas disimuló el desprecio político que el Caudillo tenía por la disparidad ideológica de su base política.

Diluida en el Movimiento, la Falange poseerá sus símbolos y signos exteriores en casi todas las fachadas importantes de la España franquista. Pero, sin embargo, de los casi setenta ministros en 35 años del Gobierno de Franco, sólo ocho hicieron el juramento ceremonial de aceptación del cargo llevando la camisa azul; y probablemente de entre ellos, quizás no haya habido más de tres o cuatro sinceramente falangistas. Con la llegada al poder de los ministros del Opus Dei y los llamados tecnócratas, la influencia de la Falange se extinguió prácticamente. Por lo tanto, de una manera que puede no tener paralelo en la historia moderna, un partido ha desaparecido de la escena política, al tiempo que se conservaba oficialmente toda su parafernalia iconográfica y su fuerza emblemática. Y al igual que con el peronismo, también en el nacionalsindicalismo español surgirían grupos políticos disidentes que se reclamaban clandestinamente de la herencia de José António, incluyendo colectivos de extrema izquierda, como la Falange Auténtica.


El autor de este artículo ha publicado: 

  • Revolução! Das internacionais às ditaduras militares: Portugal e Espanha (1864-1926), Alfragide: Casa das Letras, 2019 (ISBN: 978 989 780 000 9).
  • Ditadura ou Revolução? A verdadeira história do dilema ibérico nos anos decisivos de 1926-1936. Alfragide: Casa das Letras, 2017. (ISBN: 978 989 74 1653 8).
Comentarios