HUELLAS DE NUESTRO PASO

El 1º de abril, Día de la Canción para el Frente de Juventudes.

Quienes procedemos de aquel voluntariado del Frente de Juventudes –los más veteranos, de las Falanges Juveniles; los simplemente veteranos, de la Organización Juvenil Española– no olvidamos que hoy, 1 de abril, sigue siendo para nosotros el Día de la Canción.


Publicado en el número 116 de 'Lucero', 2º T de 2020.
Editado por Doncel Barcelona - Hermandad del Frente de Juventudes.
Ver portada de Lucero en La Razón de la Proa.

El 1º de abril, Día de la Canción para el Frente de Juventudes.

«En un soto florido, al pie de las espadas…», cantaron nuestros mayores, porque la fecha histórica del 1 de abril –Día de la Victoria– significaba que, envainadas aquellas, debía comenzar una nueva época, a modo de nuevo amanecer para todos los españoles que las habían enarbolado durante tres años atrás combatiendo entre sí.

Para los jóvenes afiliados al Frente de Juventudes, la esperanza se cifraba en la reconstrucción de un patria, en la unidad entre sus tierras y entre sus hombres y en la transformación revolucionaria de las viejas estructuras de la sociedad, que llevara la justicia y el pan a todos los españoles.

El 1º de abrilDía de la Canción para el Frente de Juventudes– nunca representó ni un asomo de rencor o de odio entre quienes combatieron en una u otra trinchera. Es más, las centurias y hogares, los campamentos y demás actividades se nutrieron de los hijos de aquellos españoles antiguamente enfrentados; a nadie se le pidió avales de procedencia familiar o ideológica, porque lo que allí se pretendía enseñar era una auténtica y fructífera reconciliación, de la verdad y no la burda de las memorias históricas.

Del mismo modo que, quizás por primera vez en la sociedad española, tampoco había diferenciación de clases en la adscripción, la participación y el servicio.

En aquellas organizaciones del Frente de Juventudes se cantó mucho y bien; porque, como dice Arriaca, «la Falange fue la flauta de Tirteo de la nueva España»; se trataba de lanzar a los cuatro vientos el mensaje de José Antonio. El gran periodista Enrique de Aguinaga lo dejó así escrito:

«Junto a la hoguera, en la caminata o simplemente cara al sol, cantábamos a la Patria. La canción así es plural, es nosotros. Y nosotros éramos la juventud generosamente unida, sin distingos folclóricos, sin separaciones sociales… Todos contribuíamos a que una y fuerte voz estremeciese los campos con el nombre de España y aquello otro que, metido en el corazón y en la cabeza, se hacía fácil estrofa. En la alegría de nuestras canciones hemos aprendido de memoria el orgullo de la Patria».

Lo malo fue que otros –que no cantaban porque no sabían de poesía y de melodía, o porque estaban muy ocupados– fueron desplazando a aquellos jóvenes de su futuro, ninguneándolos, como se dice ahora, y también demonizándolos, y en ello siguen los herederos de quienes no sabían cantar…

Nuestra generaciónla de los ya lejanos años 60 y 70– ya había perdido de vista la época bélica, pero seguía empeñada en relanzar el mensaje joseantoniano; en el desfile de El Parral burgalés, un joven afiliado empezó sus palabras ante el Jefe del Estado con un «Hemos oído que un día hubo una guerra civil». Aquello era historia, y la reconciliación entre los españoles era un hecho; se miraba hacia el porvenir, con cierta preocupación por signos inequívocos de que se iba a elegir un camino distinto, pero, al tiempo, con esperanza e ilusión.

Quizás porque seguíamos cantando nuestra fe, como nos habían transmitido nuestros mayores. Los tiempos han cambiado y el mundo de hoy es distinto; se han creado otros marcos y otras expectativas, junto a otras amenazas, entre ellas, las de la desunión entre los españoles y el renacer de los viejos rencores. En estos momentos concretos, además, vivimos la zozobra de una pandemia sanitaria, tan globalizada como lo son las directrices para una sociedad injusta que se empeñan en perpetuar.

Quienes procedemos de aquel voluntariado del Frente de Juventudes –los más veteranos, de las Falanges Juveniles; los simplemente veteranos, de la Organización Juvenil Española– no olvidamos que hoy, 1 de abril, sigue siendo para nosotros el Día de la Canción. Y lo hacemos en plena continuidad en el servicio, desde la Hermandad que nos une.

Seguro que, en la paz de nuestros hogares en estos días de encierro, no nos olvidaremos de entonar, en ejercicio, no solo de nostalgia, sino de voluntad creadora, los versos maravillosos del Montañas nevadas, del Llámame camarada, del Desperta ferro o del Doncel.

Ya los volveremos, Dios mediante, a cantar juntos. Y, como creemos en el milagro, confiamos tenazmente en que, tras esta crisis, otros jóvenes, quizás con otro ritmo y otro paso, lancen al aire sus canciones, coincidentes en un mensaje de unidad, de españolidad profunda, de justicia y de esperanza en un futuro mejor.


 

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