EDITORIAL

Utilidad de las fechas

Las fechas conmemorativas no deben ser un mero folclore, sino un acicate para un presente dolorido. El confinamiento domiciliario hace que pasen desapercibidas fechas muy celebradas, recientemente fue la fiesta de San Jorge y el Día del Libro, el 23 de abril, y, en pocos días, el Día del Trabajo y el Día de la Independencia, los próximos 1 y 2 de mayo.

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Tres monumentos unidos en un mismo presente: Sant Jordi en Barcelona, al Dos de Mayo en Madrid y al Trabajo en Málaga
Utilidad de las fechas

Utilidad de las fechas

No nos hemos dejado de hacer eco del aniversario del nacimiento de José Antonio Primo de Rivera, faltaría más; pero, más que recrearnos en una efemérides del pasado, se ha tratado de un oportuno recuerdo de la figura, la obra y el pensamiento de un hombre cuyo legado esencial debe ser decisivo para nuevas generaciones de españoles.

Igualmente, otras fechas casi han pasado desapercibidas por el confinamiento domiciliario, y otras inmediatas correrán el mismo sino. Así, la fiesta de San Jorge y el Día del Libro, el 23 de abril, y, en pocos días, el Día del Trabajo y el Día de la Independencia, los próximos 1 y 2 de mayo.

Vamos a unir todos estas jornadas, simbólicamente, porque vienen a representar lo que queremos para España los joseantonianos del siglo XXI.

San Jorge simboliza la tradición; patrón de Aragón y Cataluña, y celebrado en muchos otros pueblos de Europa. Ya sabemos que fue un soldado romano, mártir cristiano, cuyo dragón no era otro que sus pasiones, que fueron vencidas, y su doncella representaba la pureza.

Pero la posterior leyenda también nos sirve: el Caballero que vence con su valor y esfuerzo al monstruo que tiene dominada una población. Lo escribió poéticamente nuestro Ángel Mª Pascual (San Jorge o la política del dragón), y podemos darle un significado actual: ¿no nos dominan multitud de tiranos que precisan de caballeros?

Día del Libro (muerte de Cervantes y de Shakespeare), para celebrar la Cultura; tanto la heredada, esa que no se debe perder, como la que, día a día, debe engrosar nuestro acervo personal y colectivo. En nuestro viejo lema de patria, pan, justicia debe, por derecho propio, figurar el pan de la inteligencia de la belleza y del espíritu.

Por desgracia, ese acceso a la cultura o atención a ella como fundamento de nuestras vidas están ausentes de una gran parte de la sociedad, donde predominan la frivolidad y la ignorancia. Solo una sociedad culta puede tener una verdadera apacible vida democrática; lo otro es una mentira.

Fiesta del Trabajo, que, lejos de ser de origen marxista, se remonta al sindicalismo de finales del XIX. Recordemos: No admitimos más aristocracia que la del trabajo, decía una antigua consigna; No queremos ni convidados ni zánganos, dejó escrito José Antonio.

Todos los españoles tienen el deber y el derecho al trabajo, se dice en nuestros textos legales, que han quedado en papel mojado al socaire de ese Dios-Mercado, que considera una mercancía lo que es un atributo humano, al igual que es la propiedad es, según nuestras ideas, la proyección del hombre sobre las cosas. El 1 de mayo simboliza, para nosotros, la justicia.

Día de la Independencia, el 2 de mayo, que viene a recordarnos la dignidad de un pueblo y, además, en ausencia de los mejores para dirigirlo. Ya no hay ejércitos extranjeros que quieran imponernos sus bayonetas; venturosamente, todas las naciones de Europa son capaces de convivir en paz y -ojalá- solidaridad.

Pero otros ejércitos extraños atentan contra nuestra independencia personal y colectiva; nos referimos al dictado absolutista del Pensamiento Único, a las falacias antropológicas, al menosprecio de la norma ética, al relativismo y al nihilismo en el pensamiento y en el alma… Nos levantamos contra todo ello, del mismo modo que el pueblo de Madrid, sin dirigentes, hizo frente al invasor.

Las fechas conmemorativas no deben ser un mero folclore, sino un acicate para un presente dolorido.


 

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