EDITORIAL

Todos somos Benavides

Todo el orbe cristiano centra la celebración en el nacimiento del Hijo de Dios, que, en línea de ejemplaridad en el servicio, tuvo lugar en condiciones extremas de humildad, no en los salones de los poderosos ni en los hemiciclos de los parlamentos.

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La figura del ángel con las cinco flechas corresponde a una ilustración del libro "Rodrigo. Defensa de la Primavera".
Todos somos Benavides

Todos somos Benavides


Cuando llegan estas fechas a los calendarios del alma, no podemos evitar la punzada de la nostalgia; se agolpan los recuerdos de otros momentos, los vividos en familia en compañía de quienes ya no están entre nosotros, los de la antiguas actividades juveniles…, todo lo que contribuía a dar con el significado exacto de estas celebraciones… Además, estas Navidades serán las segundas marcadas por la pandemia, con sus inevitables repercusiones sanitarias, sociales y psicológicas.

Al sentir un cierto desasosiego por todo ello, hemos de hacer un formidable esfuerzo para que, entre nuestras prioridades, se imponga ese sentido ascético y militar de la vida, que es la base de nuestro modo de ser como joseantonianos.

Recordemos, en primer lugar, que todos los problemas del hombre y de nuestras sociedades tienen un trasfondo religioso (José Antonio dixit); en consecuencia, debemos rescatar la Navidad del doble envite actual de signo laicista y materialista. Todo el orbe cristiano centra la celebración en el nacimiento del Hijo de Dios, que, en línea de ejemplaridad en el servicio, tuvo lugar en condiciones extremas de humildad, no en los salones de los poderosos ni en los hemiciclos de los parlamentos. Acaso estamos contemplando en este tiempo una caricatura de la Navidad, y sería un contrasentido que nos sumáramos a las corrientes dominantes, sea por contagio, por pasividad, por indiferencia o por complicidad.

Pero, además, existen una pautas claras en la tradición española y europea, que pueden variar según las latitudes o la profundidad de las creencias personales, pero están ahí, y contra ellas se alza esta formidable ofensiva que puede estar representada por la sugerencia de esa señora maltesa por la Igualdad que solicitaba borrar hasta el propio nombre de la Navidad con la excusa de la tolerancia hacia otras sensibilidades

Algunos de los lectores de La Razón de la Proa recordarán el cuento del Benavides, que está incluido en el libro Rodrigo. Defensa de la Primavera, de Luis del Río Sanz; hemos creído que algunos de sus párrafos son significativos más allá del tiempo:

«Era Benavides, como si dijéramos, un ángel un poco offside. Se salía fuera de juego en cuanto se le olvidaba que el corazón también necesita bridas. Pero poseía, sobre todo, el maravilloso don de la ingenuidad. Esto le salvó. El buen Dios lo citó con la eternidad en su propio pozo de tirador. Se había empeñado Benavides en hacer un Nacimiento a cincuenta metros del enemigo. Con la nieve que bordeaba el pozo modelaba tiernamente las figuras del Belén. Durante su cuarto de guardia dio vida a San José y al asno. Con los cuartos restantes, que le regalaron amorosamente sus camaradas de escuadra, de sus manos nacieron la Virgen, y luego la vaca, y después un pesebre de la corteza de un abedul cercano. El Niño fue el último en salir de las manos de aquel celta bravío que se llamó Benavides. Terminándolo estaba ya, cuando una ráfaga enemiga cruzó la tarde de la Epifanía. La nieve salpicó con furia el pozo de tirador. La segunda ráfaga sorprendió el corazón de Benavides colocando a Jesús en el pesebre. Una angustia infinita quebrantó las entrañas del legionario, mientras depositaba dulcemente en su cuna al Niño de Nieve… Cuando sus camaradas llegaron, el corazón de Benavides chorreaba sangre, chorreaba gloria bendita en aquella tremenda tarde de Reyes».

Y, en estos tiempos que corren, todos hemos de ser un poco Benavides.
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