EDITORIAL

Permanencia de nuestras portadas y contenidos

Estamos empeñados, con nuestros medios humildes, en la difusión y defensa de una serie de valores sobre el hombre y la sociedad, cuya base está en el pensamiento esencial de José Antonio Primo de Rivera.

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Permanencia de nuestras portadas y contenidos

Permanencia de nuestras portadas y contenidos


Los medios de difusión, como es lógico y normal, eligen las noticias más llamativas para sus portadas y cabeceras. Anteayer era la pandemia de la covid (que parece haber desaparecido como por ensalmo), ayer era la guerra de Ucrania (recordemos: la llamada guerra de Biden), hoy son los incendios, que parecer cebarse especialmente en España y Portugal, como obedeciendo a un propósito concreto.

Cada uno de estos medios obedece a dos criterios claros, también lógicos y normales para los tiempos que corren: el económico y el ideológico, que a veces suelen estar íntimamente unidos. No es extraño, pues, que algunos lectores de La Razón de la Proa se sigan preguntando cuál es el objetivo que nos guía a la hora de componer y difundir esta página.

Empecemos negando la mayor: no perseguimos un fin político, es decir, no entramos en la arena de quienes compiten por obtener votos, regentar consejerías o sentarse en los escaños de los diferentes parlamentos autonómicos o nacionales. Quizás está mal expresado: sí somos políticos, en el sentido aristotélico, pero no entramos en el partidismo, ni afín, próximo, lejano o contrario. No pugnamos por triunfos de partidos ni por formas de gobierno; nuestra crítica va, en todo caso, más al fondo del Sistema en el que nos vemos inmersos.

Nuestro campo de actuación ⎼y, consecuentemente, nuestras portadas y editoriales⎼ es el cultural y, más exactamente, el axiológico, es decir, en lo que concierne a los valores. Estamos empeñados, con nuestros medios humildes, en la difusión y defensa de una serie de valores sobre el hombre y la sociedad, cuya base está en el pensamiento esencial de José Antonio Primo de Rivera. Por lo tanto, no caemos en el sensacionalismo de otros medios, ni nos dejamos arrastrar por la zafiedad que suele ocultarse en mensajes aparentemente afines: entre esos valores destaca la exigencia de un Estilo, que nos aleja del panfleto y de la demagogia.

Vamos insistiendo, por lo tanto, continuamente en nuestro frontispicio axiológico en esos valores: lo espiritual y trascendente como trasfondo de toda concepción humana; la defensa de la dignidad, libertad e integridad de los seres humanos;  España, en su unidad y variedad, con vocación de universalidad, alejada de toda forma de nacionalismo; la búsqueda de la justicia social en las relaciones de producción; la necesidad, en consecuencia, de una honda transformación de estructuras, principios jurídicos y mentalidades en este sentido; la exigencia de autentificar la participación de los ciudadanos en las estructuras del Estado; el logro de la armonía entre autoridad y libertad; el rechazo de toda forma de materialismo; el respeto y asunción de toda nuestra historia, sin censuras previas ni amenazas…

Para ello, nos hacemos eco de toda una serie de publicaciones que, en teoría, coinciden con nuestros planteamientos; no tenemos vocación de capilla, ni nos consideramos en posesión de la verdad absoluta. Y creemos que solo el esfuerzo común en la defensa y promoción de esos valores puede ser la alternativa para una sociedad desnortada.

Reiteramos nuestro llamamiento a todas aquellas personas y grupos empeñados en esta empresa; esta llamada ya ha tenido eco abundante, pero nos consta que existen en España numerosos ciudadanos que despertaron en su época más juvenil a los valores que defendemos. Acaso se ha apoderado de muchos la abulia, que decía Ángel Ganivet, o se han quedado anclados en el terreno del recuerdo y la nostalgia. Despertemos de esa modorra y acudamos a una cita ilusionada e ilusionante como la que propugnamos una serie de joseantonianos del siglo XXI que redactamos esta página.

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