EDITORIAL | ACTUALIDAD POLÍTICA

La mediocridad se ha unido al sectarismo

En España nos ha tocado en suerte la peor clase dirigente posible en la peor situación imaginable. Ya no se trata solo de siglas, de partidos o de posturas ideológicas, sino de aquella ausencia de los mejores en todos los niveles; y lo peor es que estos mejores ni están ni se les espera a corto plazo.
 

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La mediocridad se ha unido al sectarismo

A río revuelto…

Si cualquier sociedad precisa siempre de unos dirigentes capaces, honestos en su gestión, eficaces en sus medidas y entregados al servicio, máxime en los momentos críticos y angustiosos, cuando está en riesgo la salud y la supervivencia de sus habitantes y, a la vez, la del cuerpo político de la nación.

Todos los países del mundo sin excepción se han encontrado ahora con la primera y gran crisis de este siglo XXI, que roza ya las características de una hecatombe; casi se podría decir que el papel que representaron las dos guerras mundiales para la centuria anterior lo encarna ahora la pandemia del coronavirus, si no en extensión de bajas –todavía– sí en sus efectos cualitativos sobre una etapa de la historia que está dando sus últimas boqueadas.

Con una diferencia, si se quiere: en estas circunstancias no tienen valor las declaraciones de no alineamiento ni de neutralidad, pues ni el virus reconoce fronteras ni de sus consecuencias sociales, políticas y económicas se va a librar ninguna nación.

En España en concreto, nos ha tocado en suerte la peor clase dirigente posible en la peor situación imaginable. Ya no se trata solo de siglas, de partidos o de posturas ideológicas, sino de aquella ausencia de los mejores en todos los niveles; y lo peor es que estos mejores ni están ni se les espera a corto plazo.

La mediocridad se ha unido al sectarismo, y estas son las dos notas que predominan en las castas de nuestra sociedad, tanto en el ámbito nacional como en el autonómico. No es extraño, pues, que, aprovechando el confinamiento y el pasmo social, se esté aprovechando la crisis sanitaria para que cada uno intente llevar el agua a su molino. A río revuelto, ganancia de pescadores.

El ejemplo más claro lo tenemos en la actuación de los separatistas, que no han perdido ni un momento para socavar la unidad nacional, manipulando el problema de la pandemia y menospreciando la urgencia de atender a los ciudadanos; no ha pasado un día sin que nos llegan noticias de maniobras patentes para que los procesos de independencia salieran fortalecidos con la desgracia común.

No es extraño que voces más autorizadas pidan un gobierno de emergencia que sustituya a la actual coalición progresista con apoyos nacionalistas; nosotros apostaríamos, como salida inmediata, por un gobierno de notables (si es posible encontrarlos dentro de la vulgaridad generalizada).

En todo caso, estemos atentos a las voces que aseguran que estamos ante un cambio de ciclo histórico; si es así, esperemos que los nuevos tiempos se lleven por delante usos, ideas e intereses espurios, y que unas sociedades renovadas, acaso nacidas de un nuevo afán revolucionario, nos alejen, no solo de las pandemias sanitarias, sino también de otras infecciones que afectan a la convivencia entre las personas y a la supervivencia de España como nación.


 

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