EDITORIAL

Paciencia y barajar (proverbio)

Estamos aquí, pacientes, y no dimitimos ni nos encerramos en una especie de confinamiento espiritual en nuestras casas o en los cómodos círculos de proximidad donde nos sintamos tranquilos en una paz de los cementerios del pasado.

Paciencia y barajar (proverbio)

Paciencia y barajar

La prensa y todos los medios, en general, se han centrado en los vaticinios sobre las convocatorias electorales, hasta el punto de que han pasado a segundo plano las alarmantes noticias sobre los brotes (no los rebrotes, en léxico oficial) del maldito coronavirus.

Todos somos Tezanos, y, según las preferencias de cada cual, se predicen triunfos y descalabros, distribución de porcentajes y escaños; en fin, cuando vean la luz estas líneas, ya sabremos a qué atenernos y hacia adónde se han inclinado los votantes, con sus papeletas y mascarillas.

Dicen que el PP obtendrá mayoría absoluta en Galicia y que el PNV, con el auxilio imprescindible de su socio el PSE, seguirá gobernando tranquilamente en el País Vasco, haciendo honor a su papel de chantajista de los gobiernos españoles que se sucedan. Entretanto, Cataluña está a la espera de que se pongan de acuerdo las secesionadas filas secesionistas, para –y esto es una triste apuesta por nuestra parte– volver a imponer su rodillo antiespañol sobre la población catalana, tanto la abducida por ellos como la rebelde.

Lo que es seguro es que el extraño gobierno central se mantiene contra viento y marea, inmune a la desastrosa gestión de la pandemia, las mentiras de su presidente, el caso Dina y todo lo que ustedes quieran. ¿Estabilidad? Mejor llamarlo equilibrio forzoso, que aprovechan para ir deslizando medidas de calado, destinadas a asegurar la obediencia de la actual generación y, en el caso de la ley Celáa, de las siguientes.

Pero España sigue fuera de todo esto: con sonrisa forzada ante el verano, soportando las primeras embestidas de la gran crisis económica y social que se nos viene encima, sumando el número creciente de parados, paliando la carestía con dádivas que no sabemos cuánto darán de sí y conteniendo el aliento ante las negras previsiones procedentes de fuentes nacionales e internacionales.

Sí, España sigue fuera: contemplando su vaciamiento de valores de todo tipo, esos que permitirían a una sociedad ser fuerte y resiliente ante los infortunios; desaguándose de valores nacionales, dejando en la cuneta los culturales, religiosos y aquellos que inspiran el más elemental civismo.

Nosotros no ciframos ninguna esperanza en las contiendas y pactos electorales al uso, sean autonómicas o nacionales; confiamos más en la contestación que se adivina en quienes son capaces de pensar por su cuenta; confiamos más en que jóvenes, no sometidos a las subvenciones del Sistema, despierten con el batacazo que nos espera a todos.

Para ellos escribimos y sembramos. Y lo hacemos, no con el afán de repetir lo que quedó atrás y que también denunciamos en su día, sino con la esperanza de que un futuro, aun alejado, incorpore a su frontispicio alguna de las ideas esenciales que constituyen el motivo de existencia de La Razón de la Proa.

Por ellos estamos aquí, pacientes, y no dimitimos ni nos encerramos en una especie de confinamiento espiritual en nuestras casas o en los cómodos círculos de proximidad donde nos sintamos tranquilos en una paz de los cementerios del pasado.


 

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