EDITORIAL

Más allá del presente imperfecto

En su tiempo, José Antonio acusó a la izquierda de ser insolidaria con el pasado, ya que despreciaba todos los valores tradicionales heredados de otras generaciones de españoles, y a la derecha por ser insolidaria con el presente, porque, defendiendo en teoría esos valores, se desentendía de las apremiantes necesidades del pueblo español.

Más allá del presente imperfecto

Más allá del presente imperfecto

En su tiempo, José Antonio acusó a la izquierda de ser insolidaria con el pasado, ya que despreciaba todos los valores tradicionales heredados de otras generaciones de españoles, y a la derecha por ser insolidaria con el presente, porque, defendiendo en teoría esos valores, se desentendía de las apremiantes necesidades del pueblo español.

Por eso aspiraba a que la Falange cristalizara en un amplio movimiento donde ambas insolidaridades se difuminaran mediante una síntesis de lo positivo de ambas posiciones: por una parte, las necesarias transformaciones y la justicia social y, por la otra, la patria y los valores del espíritu.

Era otro tiempo. Hoy en día, ambas posiciones han consensuado ambas formas de insolidaridad: son profundamente insolidarias con respecto al pasado, al presente y, también, al futuro.

Con relación al pasado, a la historia, cada una de estas facciones partidistas solo asume aquellos momentos que coinciden con sus intereses; borra, ataca, silencia o tergiversa el resto de lo que ha sido el devenir histórico de nuestra comunidad nacional.

Con respecto al presente, tanto derecha como izquierda se mueven en función de sus intereses de partido; si la izquierda ha renunciado a su interés por la justicia, la derecha hace mangas y capirotes de los valores del espíritu.

Y con relación al futuro, derecha e izquierda se han supeditado a los grandes poderes mundialistas; se ha producido la alianza del hipercapitalismo y del socialismo. Ambas juegan los papeles cambiantes de protagonista y antagonista en la comedia que se ofrece como señuelo para aquella parte de la sociedad que aún cree en ellas. El Sistema se ha enseñoreado de las posiciones de derecha y de izquierda, y las usa a su antojo, con una estrategia predeterminada.

No nos basta con afirmar que el falangismo actual y todo el amplio espectro joseantoniano es equidistante de derechas e izquierdas. Si el Hijo del Hombre dijo que su Reino no era de esta mundo, nosotros, en lo político, debemos recordar resueltamente que esta circunstancia histórica no es la nuestra en absoluto.

Deberemos, sí, transitar por ella, pero sin confiar nuestras más profundas aspiraciones a ninguna de las posiciones que se disputan, sea en demogresca crispada o en coincidencia democrática, el favor de las multitudes. Ninguna de ellas nos representa.

Nuestra tarea actual desde La Razón de la Proa es equiparable a la tarea del sembrador, que va lanzando a los cuatro vientos las semillas de otra realidad, la de nuestras verdades, la de nuestras críticas y la de nuestras propuestas, en la esperanza y seguridad de que un día lleguen a germinar y dar fruto, a medida que nos escuchen oídos jóvenes y se produzca el desencanto social ante la farsa que se nos ofrece. Transitamos por el presente sin fe ni respeto, anhelando un futuro mejor.


 

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