EDITORIAL

Letra y melodía del hito fundacional

El 29 de octubre de 1933 –hace ochenta y siete años– José Antonio Primo de Rivera pronunciaba en el Teatro de la Comedia de Madrid el discurso que se considera fundacional de lo que sería, pocos días más tarde, Falange Española (...) José Antonio, más que un programa, afirmaba algo más: adoptar un sentido permanente ante la historia y ante la vida.

Letra y melodía del hito fundacional

Letra y melodía del hito fundacional


El 29 de octubre de 1933 –hace ochenta y siete años– José Antonio Primo de Rivera pronunciaba en el Teatro de la Comedia de Madrid el discurso que se considera fundacional de lo que sería, pocos días más tarde, Falange Española.

Indudablemente, existe la magia de las fechas, pero flaco favor haríamos por nuestra parte a José Antonio si nos quedáramos con la letra en la ocasión conmemorativa de este discurso, que él mismo calificó más tarde como lleno del calor y la irresponsabilidad de la infancia.

En aquella letra, contenida en una bellísima pieza oratoria por otra parte, se planteaban críticas muy razonadas de las ideologías y posiciones en boga en aquel entonces: liberalismo político y económico, socialismo, derechas e izquierdas…, y se ofrecía, como síntesis armónica, la formación de un movimiento –que no un partido al uso– que llevara a la implantación de un Estado nuevo, que garantizara la unidad y la grandeza de España y que llevara una implacable justicia social a todos los españoles, especialmente a los más desfavorecidos.

La música, la melodía, fue bruscamente truncada por los acontecimientos posteriores; la circunstancia hizo imposible el proyecto inicial, y, así, quedó inacabada. Pero José Antonio, más que un programa, afirmaba algo más: adoptar un sentido permanente ante la historia y ante la vida. Esto lo decía aquel joven de 30 años que murió inicuamente fusilado tres años después.

Hoy en día, la letra posiblemente sería otra; se trataría de la globalización y sus efectos, del relativismo y el nihilismo de valores, de la desunión de las patrias por los nacionalismos renacidos, del neoliberalismo y del hipercapitalismo financiero en estrecha alianza con el marxismo cultural que le da cubertura ideológica, del feminismo y del ecologismo radicales, del islamismo a la conquista de Europa, de los debates sobre el estado de bienestar, de la España vacía, de la traición de la izquierda al mundo del trabajo, del acomplejamiento de la derecha…

Pero persiste la melodía de aquel discurso del 29 de octubre, la música que, no solo no ha caducado, sino que está en plena vigencia y debe ser continuada: Se basa, precisamente, en adoptar ese sentido permanente ante la historia y ante la vida, que, en cada coyuntura, nos dictará qué debemos hacer y orientará nuestro pensamiento por el bien de España, de Europa y de ese ser humano vacío de contenidos trascendentes y ayuno, en muchos casos, de cubrir sus necesidades en lo inmanente.

Esta es nuestra obligación ante un nuevo 29 de octubre y no otra. Repetir unas frases, aunque estén llenas de contenido poético, no conduce más que a enterrar el hito fundacional en un sepulcro de la historia, aunque esté presidido por bellas figuras yacentes.

Vivamos y esforcémonos por mantener ese sentido permanente en la España de hoy, y que hereden y asuman las nuevas generaciones, esas que, aunque no olvidan la fecha del 29 de octubre, pueden repetir nuestros errores y ser arrastrados por nuevas circunstancias adversas.

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