EDITORIAL

Lo importante es leer… y entender

Nos unimos fervientemente a este deseo de que José Antonio sea leído en nuestros días; que lo lean varias generaciones, especialmente aquellas a quienes les está siendo hurtada la historia.

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Texto en el cuaderno: «No plantemos nuestros amores esenciales en el césped que ha visto marchitar tantas primaveras; tendámoslos, como líneas sin peso y sin volumen, hacia el ámbito eterno donde cantan los números su canción exacta». ("La gaita y la lira" | José Antonio | FE, núm. 2, 11/01/1934).
Lo importante es leer… y entender

Lo importante es leer… y entender


No pasa día sin que el nombre de José Antonio Primo de Rivera salga en los periódicos. Muchas veces, para mal; otras muchas, para bien. Lo sorprendente es que esté de actualidad un personaje histórico que fue asesinado hace la friolera de ochenta y seis años, mientras el resto de sus coetáneos han sido olvidados y solo citados en libros de eruditos. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, dice un viejo refrán…

Por lo tanto, no somos bichos raros ni extraterrestres quienes nos seguimos definiendo como joseantonianos del siglo XXI y tenemos a gala enfocar el mundo que nos rodea desde su pensamiento esencial, sin óbice de hacernos eco de su figura histórica sin el menor complejo, quizás porque ⎼en palabras del recordado Enrique de Aguinaga⎼ José Antonio es uno de esos arquetipos, que hoy llamamos influencers y no simplemente héroes, al modo de Thomas Carlyle.

Así, hemos leído recientemente (ABC de 24 de julio, Cristina Casabón) el siguiente texto:

«Las noticias de la exhumación de José Antonio Primo de Rivera pasan desapercibidas. Es un cachondeo, porque muchos de mi generación no saben quién es este ´primo´, ni conocen su discurso místico, poético, militar. Tampoco creo que nos importe mucho si pierde el título nobiliario, todo esto es una pasión inútil, una pataleta, un intento de que los españoles volvamos a participar en la guerra de nuestro bisabuelo. Bueno, pues yo a cambio de su exhumación pido que José Antonio sea leído en mi país, porque no hay que coincidir ideológicamente con un intelectual para recomendar su obra. Dice lo que lo dice, y lo dice bien, no hay que esconder a los que piensan correctamente».

Por supuesto, nos unimos fervientemente a este deseo de que José Antonio sea leído en nuestros días; que lo lean varias generaciones, especialmente aquellas a quienes les está siendo hurtada la historia y, en general, la lectura, porque la primera lectura ayuda a no repetir errores y tomar referencias valiosas, y la segunda obliga a pensar y a desarrollar una inteligencia crítica; esas son las dos razones para el hurto, y, en el caso de José Antonio, para evitar que muchos se den cuenta de que sus presupuestos ideológicos contienen valores indispensables para la convivencia, la justicia y la libertad profunda.

Los profesores saben muy bien que la lectura no es solo silabeo de unas palabras, sino que lo importante es la lectura comprensiva. Es decir, entender lo que se lee, relacionarlo con otras lecturas, pensar por uno mismo, actualizar y personalizar el texto que tenemos ante nosotros. Y esto es lo importante para leer a José Antonio.

¿Fue comprendido José Antonio en su época y en las inmediatas a su muerte? Nos cabe la duda, incluso por parte de algunos de quienes se decían sus seguidores. Otros españoles de aquellos momentos se quedaron con cuatro frases, convertidas rápidamente en tópicos, descontextualizadas y, en algunos casos, manipuladas para servir a otros intereses distintos a los de su pensamiento.

Otros, por lo menos de tres generaciones, sí supieron leer y entender el mansaje que se desprendía de sus escritos y discursos. Creemos ⎼humildemente⎼ que quienes elaboramos pacientemente La Razón de la Proa estamos entre estos últimos. En todo caso, siempre estamos abiertos al diálogo, mientras proseguimos en una tarea de profundización.

Suponemos que la periodista de ABC sí ha leído algo de José Antonio y, por lo menos, respeta y admira su figura; dice, prudentemente, que «no hay que coincidir ideológicamente con un intelectual para recomendar su obra»; es evidente, y por ello insistimos en ese diálogo al que estamos siempre dispuestos. Precisamente, porque el propio José Antonio lo practicaba. De él dijo el doctor Gregorio Marañón que «una de cuyas más altas virtudes era su reacción de generosa cordialidad frente a los que no pensaban como él o tenían en el escaparate otra etiqueta qua la suya»

Posiblemente, esta actitud de José Antonio es el motivo verdadero para que el Gobierno de Pedro Sánchez y sus aliados estén empeñados en remover la última sepultura de sus restos. Pero muchos españoles son y serán capaces de esa lectura comprensiva, haciendo caso omiso de las supuestas memorias democráticas, cuya finalidad última ⎼como dice la periodista de ABC⎼ es que los españoles «nos partamos la cara» otra vez.




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Artículo de José Antonio en el que figura el texto recogido en la ilustración de cabecera.

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