EDITORIAL

Los dislates de Bergoglio,

Tanto L√≥pez-Obrador como Bergoglio han debido ser muy malos estudiantes en la asignatura de la historia, y alumnos aventajados en la materia de la infamaci√≥n de lo espa√Īol, que tantos ecos encuentra, por desgracia, en la propia Espa√Īa.
2021-10-03-bergoglio-1w
La imagen de la derecha corresponde al cuadro "El descubrimiento de América por Cristóbal Colón", de Dalí
Los dislates de Bergoglio,

Los dislates de Bergoglio


Obs√©rvese que no decimos del papa Francisco, del pont√≠fice o del obispo de Roma, sino de Jorge Mario Bergoglio, ciudadano argentino que ocupa actualmente la Silla de Pedro, que se ha hecho eco de las estupideces de Andr√©s Manuel L√≥pez-Obrador, a su vez ocupante de la Presidencia de M√©xico, criollo √©l y, por tanto, descendiente de espa√Īoles.

Uno y otro juegan las cartas del perd√≥n en sus manifestaciones. Bergoglio sobre ‚Äúlos pecados cometidos durante la Conquista‚ÄĚ y AMLO ‚éľcomo le llaman‚éľ exigi√©ndolo del Rey y de todos los espa√Īoles, por haber evitado los sacrificios humanos con cuchillo de obsidiana y derribados los templos aztecas para levantar iglesias cristianas.

Centrémonos ahora en el argentino Bergoglio, pues no es el momento de entrar en debate sobre el verdadero alcance e inspiración del indigenismo americano, paralelo a los separatismos etnicistas de la península.

Adelant√©monos a aclarar que no se trata de la opini√≥n de la Iglesia, pues esta, como ‚Äúpueblo de Dios‚ÄĚ la forman todos los creyentes bautizados; ni, mucho menos, se puede aducir en este caso la infalibilidad del Papa, ya que esta solo es aplicable en aquellos asuntos que afectan al dogma o a las costumbres; la infalibilidad se debe, para los cat√≥licos, a la asistencia del Esp√≠ritu Santo, cuyo don de la Sabidur√≠a no afecta a las opiniones pol√≠ticas o hist√≥ricas de los miembros de la jerarqu√≠a de la Iglesia.

La infalibilidad del Papa ‚éľrepetimos, en asuntos de dogma y costumbres‚éľ est√° sujeta a tres condiciones: 1) Que el Papa act√ļe en vinculaci√≥n con toda la Iglesia, como fue el caso de los dogmas de la Inmaculada Concepci√≥n (por cierto, ya ancestralmente admitida en Espa√Īa y confirmada por el Vaticano en 1854) y el de la Asunci√≥n, en 1950; 2) Que el pont√≠fice exprese sin ninguna ambig√ľedad su intenci√≥n de proceder a una definici√≥n dogm√°tica, cosa muy lejana de sus disparates hist√≥ricos o sus man√≠as personales, y 3) Que el objeto de la definici√≥n pertenezca al campo de la Fe revelada o se sustente en ella.

Tenemos los espa√Īoles experiencia en la historia de las veleidades personales y pol√≠ticas pontificas, alguna de las cuales, por cierto, termin√≥ en grave asonada b√©lica y con el papa huyendo del Vaticano‚Ķ Y, en tiempos recientes, tambi√©n tenemos la amarga experiencia del apoyo de la Conferencia Episcopal Espa√Īola a los indultos a los golpistas de 2017, por influjo de su presidente, Juan Jos√© Omeya y de los acuerdos de la Conferencia Tarraconense.

A los cat√≥licos puede llenarnos todo esto de tristeza, pero en ning√ļn caso hacernos titubear en su Fe, muy por encima de las opiniones, de los acuerdos y de los consiguientes disparates en materia pol√≠tica o hist√≥rica, fuera del Credo de la Iglesia. Como espa√Īoles, manifestamos nuestro m√°s absoluto rechazo y, aunque suene a anacronismo, no podemos menos de evocar aquel punto 25 de la program√°tica fundacional, que ocasion√≥ el esc√°ndalo y la defecci√≥n del marqu√©s de la Eliseda, y que fue sutil y sarc√°sticamente comentada por Jos√© Antonio.

Tanto L√≥pez-Obrador como Bergoglio han debido ser muy malos estudiantes en la asignatura de la historia, y alumnos aventajados en la materia de la infamaci√≥n de lo espa√Īol, que tantos ecos encuentra, por desgracia, en la propia Espa√Īa.

Comentarios