RAZONES Y ARGUMENTOS

Líder y liderazgo.

Sin necesidad de referirnos a los grandes nombres de líderes que surgen con muy poca frecuencia, aparecen otros más modestos que parece que nacen de la nada, pero que tienen una enorme importancia y son decisivos en momentos puntuales de la pequeña historia. Es el caso de Isabel Díaz Ayuso.


Publicado en el núm. 145 de Cuadernos de Encuentro, verano de 2021. Editado por el Club de Opinión Encuentros. Ver portada de Cuadernos en La Razón de la Proa (LRP). Recibir actualizaciones de LRP (un envío semanal)

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Líder y liderazgo.

Líder y liderazgo, actualmente en España un bien escaso


Con el resultado espectacular de los comicios que acabamos de celebrar en la Comunidad de Madrid, y el triunfo apabullante de Isabel Díaz Ayuso como candidata del Partido Popular, no se puede dudar de que va a tener diversas e importantes consecuencias en la vida política en España a nivel nacional, a las que luego me referiré, pero antes, quisiera hacer unas reflexiones y consideraciones sobre la importancia del líder y del liderazgo, esa rara y envidiable cualidad, con la que nacen algunas personas.    

La RAE, define al líder como «una persona que es seguida por otras que se someten libremente a su autoridad». Liderazgo, «condición del líder o ejercicio de dicha función» y ya por último lidiar como «batallar, luchar o contender»,

Pero yo creo que habría que ampliar más esas definiciones y esos conceptos, porque entiendo que por lo que se define e identifica a un líder, sea cual sea su sexo, es por estas tres cualidades:

  • Por tener las ideas muy claras y los objetivos muy definidos;
  • Por pensar, crear, inventar, imaginar o intuir, proyectos originales frescos y viables, y facilidad para explicarlos con precisión.
  • Y por poseer una gran dosis de seducción, entusiasmo e ilusión que con el ejemplo o la palabra sea capaz de transmitirla.

Respecto al primer tema, el de las ideas, me acuerdo de lo que nos decía un viejo profesor de que aquel que no es capaz de exponer una idea en un folio, o la tiene muy confusa o no la tiene. Y no se refería solo a la capacidad de síntesis, que ya de por sí es una virtud como nos tiene dicho Gracián.

Y también me viene a la memoria un librito que leí del director de recursos humanos de una muy importante empresa, en la que daba una serie de curiosos consejos a los que después tenían la labor de evaluar y elegir aspirantes a un puesto de trabajo, entre los que destacaban los de desconfiar de los currículum muy extensos, ya que seguramente estaban inflados artificialmente, o aquellos que daban muchas vueltas a las contestaciones a preguntas concretas del examen cayendo en contradicciones.

Naturalmente, hay varias clases de líderes o liderazgos y de diferentes categorías, que destacan en múltiples y también diferentes actividades, unas más importantes y decisivas que otros.

Y también hay que tener en cuenta que el líder, nace, pero también se va formando y fortaleciendo con el ejercicio. No basta con tener ideas y objetivos, es preciso madurarlos, contrastarlos, valorar su viabilidad y su oportunidad, y una vez cubierta esa necesaria etapa, ser capaz de tomar la decisión, en ocasiones difíciles, de dar el paso definitivo y ponerlos en práctica, con seguridad y sin titubeos, afrontando el riesgo de equivocarse, pero con espíritu de lucha y teniendo fe en el éxito.

Y por último y eso es fundamental, e insistiendo en lo dicho en lo anterior, transmitir esa ilusión esa seguridad y ese espíritu de lucha y de triunfo a todos aquellos a los que quiera convencer o guiar y muy especialmente a aquellos que van a colaborar en su proyecto. Y ha de hacerlo y demostrarlo con su quehacer diario de trabajo, de dedicación, de confianza, de seriedad y de rigor.

Todo eso es lo que caracteriza a un auténtico líder. Sabiendo que también hay otros prefabricados, que al descubrirse su falta de autenticidad, pierden pronto su prestigio con sus mentiras sus incumplimientos y su falta de ejemplaridad como bien observamos hoy en España.

Pero lógicamente no es fácil encontrar estas personas con estas virtudes y cualidades, y de ahí la mediocridad de nuestra clase política en su conjunto, hasta el extremo que ya hay muchos españoles que dudan de que existan en nuestra actual sociedad.

Pero como dicen en Galicia, haberlas haylas, claro que haylas,

¿Cómo vamos a dudar de ello, cuando conocemos auténticos capitanes de empresa que dirigen exitosas compañías, empresarios que algunos desde la nada, han levantado auténticos gigantes económicos y comerciales con miles de trabajadores a su cargo y triunfando en nuestro país y en el extranjero, o competentes y afamados profesionales de la cátedra, la jurisprudencia, la sanidad, la economía, la ingeniería o la construcción y el urbanismo? ¿E incluso bajando un poco el nivel, los miles de jóvenes emprendedores que han creado sus propias pequeñas o medianas empresas, a veces con pocos estudios y muy escasos de capital y ayuda, tratando de emular a esos otros ejemplos de jóvenes en el extranjero que han triunfado y hoy son dueños de emporios de millones y de poder?

Pues claro que los tenemos, lo que pasa es que muchos de ellos, con buena predisposición, dudan o se resisten a dar el paso de incorporar su esfuerzo y sus capacidades al servicio público de su país, por dos problemas que gravemente lo dificultan:

  • Por un lado, las estructuras de nuestros partidos políticos actuales, que aunque a veces quieren presumir de apertura y trasparencia en su cuadros, al final son un corsé que limita la independencia de sus militantes y representantes castigando u orillando a todos aquellos que se atreven a pensar por su cuenta, destacar en algo  o apuntar alguna crítica a sus respectivas cúpulas.
  • Y por otro, ese sentir generalizado de que nuestra sociedad no tiene remedio, que está aborregada, como inerme y sin respuesta a todo lo que le echan sin capacidad de resistencia o reacción.

Y esto incluso parece reflejarse también, en ese empeño actual de definirnos como «rebaño» en lugar de cómo «grupo» cuando se hace referencia a la inmunidad de sectores numerosos de infectados o vacunados.

Aunque el vocablo no es nuevo, ya lo utilizaba en el siglo pasado el escritor inglés Aldeus Huxley que hablaba del hombre rebaño o la sociedad rebaño para definir y criticar una sociedad intoxicada y reducida a rebaño, acomodaticia y sin ofrecer resistencia, con una disminución del aprecio por la verdad, practicando o aceptando la mentira organizada en propaganda inculcando el odio y la vanidad, con frases que podrían estar refiriéndose a los males que nos afligen hoy en España.

Y se preguntan si merece la pena el esfuerzo, e incluso el sacrificio de esa pérdida de independencia y de prestigio, y por supuesto de dinero, el embarcarse en una aventura política incierta y poco rentable.

Y salvo honrosas excepciones, se produce esta mediocridad general de nuestra clase política que estamos sufriendo en la que no sé lo que destaca más si su ineptitud, su incultura, o las dos cosas a la vez.

Y no siempre ha sido así. Si retrocedemos a parecidas fechas en el siglo pasado, en las que España se encontraba viviendo una situación de gravedad y violencia bastante peor que la actual, en la política destacaban personajes de muy diversa ideología y formación, pero que atraían, enardecían y en definitiva lideraban a multitudes de seguidores.

Recordemos entre otros a José Calvo Sotelo, José María Gil Robles, Manuel Azaña, Indalecio Prieto, Alejandro Lerroux, La Pasionaria o Largo Caballero, además de un largo etc. de intelectuales, y profesionales de la cátedra o el derecho, como Ortega, Marañón. Unamuno, José Antonio Primo de Rivera, Clara Campoamor, etc. que demostraban no solo esa capacidad de convocatoria, sino también la fuerza de sus ideas y propuestas que se reflejaban en disputadas urnas sino que luego sus seguidores lucharon y muriendo por ellas en las trincheras pocos años después.

¿Y qué decir de la posterior etapa española del llamado franquismo o la Transición?

En el primer caso, sin entrar a distinguir o valorar ideologías, que no es la intención de este artículo, destacaron personajes de la talla de Fernando María Castiella, José Antonio Girón, Fernández Cuesta, Silva Muñoz, Ullastres, López Rodó, Fernández Miranda, Cruz Martínez Esteruelas o Fernando Suárez.

Y en el segundo, los nombres de Fraga, Herrero de Miñón, Otero Novas, Areilza, Fuentes Quintana, Marcelino Oreja, Calvo Sotelo, Alfonso Osorio, Jaime Lamo de Espinosa, Eduardo Navarro o Gabriel Cisneros.

A todos les pueden juzgar e incluso criticar por sus ideas sus adscripciones o militancias políticas, pero lo que nadie puede poner en duda es que tenían y demostraron en sus diversas etapas de gobierno una altura intelectual, una formación profesional y un conocimiento de la administración del Estado, a años luz de lo que hemos estado llegando poco a poco, haciendo buena la conocida anécdota del torero al que le preguntaban cómo era posible que a un compañero suyo le hubieran nombrado gobernador civil y responde lacónico aquello de «pues degenerando».

Pero volvamos a lo de los líderes y a su liderazgo.

Repasando y sin irnos demasiado lejos en el tiempo, tenemos ejemplos de lo que decía al principio, de personas que en momentos determinados y a la vista de graves e importantes problemas de carácter político, económico, étnico, social, de carácter bélico o de supervivencia, toman la decisión de dar un paso adelante y encabezan, y protagonizan, acciones para bien o para mal, que ese es otro tema, y dedican su esfuerzo e incluso su vida para afrontarlos.

Tenemos los casos de Hitler, Mussolini, Churchill, Lenin, GhandyMandela, Mao Tse Tung, Martin Luther King o la Madre Teresa, por poner algunos nombres, todos ellos insisto, que para bien o para mal, nadie puede negar que tenían una capacidad de liderazgo incontestable,

Pero sin necesidad de referirnos a los grandes nombres de líderes que surgen con muy poca frecuencia, aparecen otros más modestos que parece que nacen de la nada, pero que tienen una enorme importancia y son decisivos en momentos puntuales de la pequeña historia.

Es el caso, o más bien el fenómeno, de Isabel Díaz Ayuso, una mujer sin grandes dotes oratorias, con un bagaje cultural correcto pero mediano, que incluso de vez en cuando no ha sido afortunada en algunas expresiones, en una etapa muy difícil y con pocos recursos que se le han estado escatimando permanentemente desde el gobierno y atravesando una pavorosa pandemia, en un par de años de realizar una gestión seria, tenaz y eficaz, se ha ido haciendo un nombre, y se ha ido ganando la confianza de los madrileños.

Que resume esas cualidades con las que iniciaba este articulo.

Sin aspavientos, ni demagogias, bajando impuestos, construyendo en tiempo record un hospital, compaginando la salud con la situación laboral de empresas y trabajadores, defendiendo la educación libre y concertada, el derecho de los padres a rechazar para sus hijos la imposición de teorías sexistas de pensamiento único, sin insultos ni descalificaciones personales, que le han valido ese respaldo popular obtenido el pasado martes.

Pero su triunfo no se debe solo a estos logros de buena gestión sino también a que muchos madrileños que políticamente estaban desilusionados, con la moral muy baja, que no se veían representados como ellos deseaban por ningún partido, se han visto de pronto sorprendidos por esta mujer que valientemente le ha plantado cara al poderoso gobierno y al presidente Sánchez, que venía disfrutando de un largo paseo triunfal, satisfecho con la debilidad y los enfrentamientos cainitas de la oposición.

Y lo ha hecho sin complejos criticando sus mentiras e incumplimientos y ha encendido la esperanza de que este sea solo el principio, demostrando que se puede batir a la izquierda radical, y que contra su manido y falso eslogan del «no pasarán», se puede decir lo que la Celia Gámez en su tiempo; ¡Que ya hemos pasao!

Y esto es, como ella dice, un antes y un después, porque aparte de ser un deseable revulsivo para los españoles adormilados, se adivinan a corto o medio plazo movimientos telúricos de todavía desconocida intensidad, en el campo del Frente Popular, porque tras los indicios de la marcha, más bien la huida, de Iglesias al regazo de Roures, y el silencio de Sánchez, empiezan a sonar las señales de alarma en las baronías socialistas ante el temor, ya casi pánico, de que el fenómeno Ayuso=Madrid, se contagie a todos sus feudos en próximas elecciones.

El día 4 de mayo de este año ha sido un día histórico, y que ojalá lo sucedido en Madrid sea el ejemplo para toda España, para que reaccionemos todos, y también exijamos a los partidos políticos, incluido al Partido Popular que se dejen de milongas, de complejos y de egos inadmisibles y actúen con audacia y generosidad, por el bien de España y que cambien de rumbo y aprendan del ejemplo de Isabel que nos ha alegrado el día.

Laus Deus.