Rebeldes matizados: juventud no vencida.

A partir del artículo 'Rebeldes vendidos', este texto revisa la influencia de Nietzsche en el nacionalsindicalismo y matiza el juicio sobre las juventudes falangistas, entre contradicción histórica, idealismo y disconformidad.

Un diálogo crítico con “Rebeldes vendidos”

Mi amigo y camarada Sebastián Pérez Calvo, fallecido hace un año, nos legó un texto no acabado, que ha sido algo modificado y ultimado por José M.ª Felip, para ofrecernos esta versión final que hoy ofrecemos para su lectura.

Se trata de un estudio histórico, que parte de la influencia de Nietzsche en la juventud europea desde principios del siglo XX, hasta desembocar en la realidad española de los movimientos de afiliados del Frente de Juventudes (FF.JJ. de F., primero, y O.J.E. después, en la que se centra el texto original de Sebastián Pérez), para hacer patente una contradicción, y la consiguiente frustración de muchos jóvenes, que ya señalaron en su momento Dionisio Ridruejo y Cantarero del Castillo entre otros: la distancia que va desde una teoría predicada, y asumida, y la evidencia de un Régimen pragmático y cambiante, como fue el franquismo.

El estudio de Pérez-Felip empieza explicando la influencia nietzscheana en la aparición de las llamadas ideologías y movimientos totalitarios en Europa (Alemania, Italia y Francia), pero, en la opinión del autor de estas apostillas, adolece de una cierta falta de profundidad al entrar en el caso de España; bien es cierto que se reconoce que esta influencia se mezcló con tradiciones autóctonas -el regeneracionismo, el anarquismo, el nacionalismo emergente- para producir fenómenos de extraordinaria originalidad, pero, al llegar a este punto, no entra a fondo para analizar su recepción por parte de los ideólogos del nacionalsindicalismo, en concreto, Ramiro Ledesma Ramos y José Antonio Primo de Rivera. También, generaliza en demasía el carácter de aquellos movimientos juveniles del franquismo.

Profundizar en estos aspectos nos llevaría excesivo tiempo y espacio, pero se pueden concretar para el lector con una serie de afirmaciones fácilmente comprobables para los estudiosos del tema.


Nietzsche, Ramiro y José Antonio

En primer lugar, la influencia de Nietzsche en Ramiro Ledesma está fuera de toda duda, lo que el propio pensador reconoce ya en su novela El sello de la muerte (1924), donde el protagonista es trasunto del autor; también se puede constatar este peso en sus estudios filosóficos posteriores y en las páginas de La Conquista del Estado; Ramiro estudió directamente al filósofo alemán, pero también pesarían sobre él las mediatizaciones de Ortega y Gasset, del regeneracionismo español, de Unamuno y de los fascismo europeos en alza entonces; todos estos aspectos se comprueban mucho más en Ernesto Giménez Caballero y en José Antonio Primo de Rivera.

Dice Salvador de Brocá (Falange y Filosofía) que el fundador de la Falange recibió las categorías nietzscheanas vía Ortega, mientras que su colaborador, orteguiano a su vez (Ramiro), las conocía de un modo directo al filósofo alemán”.

Concretamente, José Antonio asume el influjo de Nietzsche más en lo estético que en lo ético (Nobleza obliga, cuanto más se es, más hay que ser capaz de dejar de ser, por ejemplo), en su sentido aristocrático (la minoría resuelta, inasequible al desaliento, que recoge la idea orteguiana de masas y minorías, en su rechazo del relativismo liberal, en su ademán profético(Brocá), en su anticonformismo, en su postulación por el sindicalismo como base del Estado, en su sentido de la milicia, en su afán revolucionario…


La distancia entre Nietzsche y la trascendencia cristiana

No obstante, hay en José Antonio un elemento que lo distancia claramente del filósofo alemán, y este es su fundamentación espiritual y religiosa, que sustenta toda su propuesta; desde los Puntos Iniciales de F.E. (1933), donde se expresa la interpretación católica del hombre y de la vida, hasta lo que sería su último borrador de ensayo (Cuaderno de notas de un estudiante europeo, septiembre de 1936), donde se dice textualmente que el problema del mundo estriba en una cuestión religiosa y, por lo tanto, el fascismo es fundamentalmente falso, la interpretación trascedente y religiosa es la base de todo su planteamiento, en inequívoca oposición a la muerte de Dios de Nietzsche.

En el siglo XIX, el ateísmo teórico formaba parte de las corrientes de pensamiento consideradas impactantes y revolucionarias, especialmente en los llamados filósofos de la sospecha, Marx, Nietzsche, Freud, y se extendía por doquier; la religión católica era atacada por doquier, especialmente por las sectas masónicas. En concreto, Nietzsche atacaba, no solo las verdades religiosas, sino su moralidad y sus valores, como denunció Ratzinger ante la acusación de que el cristianismo era una moral de esclavos(Ratzinger: Teoría de los principios teológicos. 2997), para concluir que la aceptación de ese aserto llevaría -como así ha ocurrido- a un mundo inhumano; por el contrario, el futuro Benedicto XVI afirma, frente a Nietzsche, que una libertad verdaderamente humana se constituye como algo ´para´, ´por ‘y ´con´ el otro, con su fundamento en el amor, lo que lo sitúa en el personalismo.

En nuestros días, ese ateísmo teórico ha sido sustituido por el ateísmo práctico, propio de la sociedad en la que, en cuanto a los valores, predomina el relativismo y, en cuanto a lo socioeconómico, el capitalismo. Fijémonos que ambos aspectos están en contradicción abierta, también, con los planteamientos de José Antonio.


Frente de Juventudes: entre doctrina y contradicción

Siguiendo con el texto de Rebeldes vendidos y entrando ya en el caso de los afiliados del Frente de Juventudes, se moteja a esta institución de epílogo institucionalizado, domesticado y definitivamente vaciado de aquel impulso rebelde bajo el franquismo. Evidentemente, mucho de esto hubo, pues se puede percibir la abierta contradicción entre lo que se enseñaba en cuanto a la teoría falangista y lo que se podía percibir en la trayectoria del régimen de Franco, supeditado este, no solo a las fuerzas contrarias al nacionalsindicalismo, sino impregnado del pragmatismo de su jefe de Estado, en medio de unas circunstancias históricas cambiantes respecto a sus inicios al terminar la guerra civil.

Por otra parte, el resultado de la contienda no fue una victoria falangista, sino que, por encima de las apariencias (la coreografía azul) predominaba el influjo de posturas conservadoras, atentas a lo que estaba ocurriendo en Europa y en el mundo, especialmente tras el resultado de la II Guerra Mundial.


Disconformidad juvenil y fidelidad al idea

No obstante, un sentido netamente joseantoniano de los jóvenes afiliados (primero, en las FF.JJ. y, luego, en la OJE, aunque de forma menos generalizada) no dejaba de manifestarse, como reconocieron, por ejemplo, Tierno Galván, Dionisio Ridruejo y Cantarero del Castillo, entre otros; este último pedía, explícitamente, que no se anime hipócritamente a la juventud a un revolucionarismo radical desde un designio y una práctica absolutamente contra revolucionaria”.

Las organizaciones de voluntarios (afiliados) del Frente de Juventudes eran, evidentemente, juventudes del Régimen”, pero no desconocían la contradicción que estaban viviendo entre su enseñanza y la realidad oficial y social; de ahí, las constantes situaciones de disconformidad, de rebeldía y de contestación, a veces larvadas y a veces explícitas: el conformismo no fue una constante generalizada. En unos casos, desembocó en un apartamiento triste; en otros, en la formación en grupos clandestinos (por ejemplo, el FES) o en los gestos públicos de rechazo. De ello pueden (podemos) dar fe muchos de sus integrantes, si bien llevados por la impetuosidad juvenil…

En la Transición del cambio de régimen, a partir de 1975, se demostró con creces la presencia juvenil en muchos grupos, con procedencia de antiguos afiliados a las FF.JJ. y a la OJE.

Tampoco es lícito desconocer que, en el propio establishment del Régimen hubo quienes intentaban, en la medida de sus posibilidades y mentalidad, apostar por una deriva falangista a la situación (plan de Arrese en los años 50, gironazos en los 60 y 70), aunque las evidencias demostraran la inutilidad de sus esfuerzos.


Una revisión del juicio histórico

Algo de injusto tiene, pues, el escrito de mi amigo Sebastián Pérez (que militó en la Falange Auténtica y en los Círculos José Antonio, por cierto), al juzgar en bloque a una militancia juvenil sometida a una circunstancia histórica que era, no lo olvidemos, ya muy distinta a la de los tiempos de Ramiro Ledesma y de José Antonio. No existió, por tanto, esatraición a su propia revolución, sino que privó la constancia de que España necesitaba una transformación radical, como decía, por cierto, el Plan de Formación de la OJE en 1963.


Nota editorial

Las presentes apostillas encuentran su referencia inmediata en Rebeldes vendidos. Cómo la juventud nietzscheana europea traicionó su propia revolución, de Sebastián Pérez Calvo, ensayo que analiza la influencia de Nietzsche en los movimientos juveniles europeos y su deriva histórica hasta el caso español del Frente de Juventudes. 

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