Siguen los demás con sus festines...

La sucesión de escándalos políticos y la sensación de degradación institucional alimentan una reflexión crítica sobre el rumbo de España y la ausencia de referentes capaces de señalar un horizonte común.

Apenas podemos contener nuestra desazón y asco cuando abrimos las páginas de un periódico o seguimos en la pequeña pantalla las noticias sobre la actualidad nacional. Sobrepasando con mucho las noticias de interés y las que nos pueden ilusionar —como la visita a España del papa León XIV—, los titulares y las primeras noticias tienen el tufo inconfundible de la corrupción.

Tampoco se trata de una perversión del concepto de democracia, a la que ya estamos acostumbrados por su degeneración en partitocracia, ni de las constantes interferencias —más bien, controles— de un Poder Ejecutivo sobre el Legislativo y el Judicial, sino que nos da la impresión de que el mundo de la política (con minúscula, para distinguirla de la Política, o arte y ciencia de gobernar para el Bien Común) solo tiene cabida en las páginas de sucesos, donde ya no son noticia los delitos comunes...


De las promesas a la complicidad

Quedaron en las páginas (ocultas) de las hemerotecas las grandes invocaciones a la transparencia, la honradez y, por supuesto, el servicio a la sociedad española; ahora se han revelado como colosales mentiras para conocimiento de una gran parte del pueblo que creía en aquellas promesas. También han quedado para los restos la posible ejemplaridad de la que hacían gala los aliados del actual Gobierno español, pues casi ninguno osa levantar la voz para una justa denuncia, instalados cómodamente en esa colaboración que no dudamos en calificar de complicidad.

Lo malo es que, por una parte, existe todavía ese voto cautivo, basado en descalificaciones y sambenitos (y en estupidez, añadiríamos), y, por la otra, gran parte de la oposición no pasa de las palabras y es incapaz de frenar esta ola de desaguisados. Tampoco las Instituciones, con sus resortes constitucionales, hacen frente a la situación.


La búsqueda de una Estrella Polar

Parece tópico recordarlo, pero nosotros persistimos en preferir el aire libre, descontaminado, mientras los demás siguen con sus festines, ahora derivados muchas veces en auténticas orgías; lo malo es que este permanecer bajo la noche clara puede dar lugar a la rutina, al conformismo inoperante.

Y, en ocasiones, echamos en falta la presencia de las estrellas y, sobre todo, de una Estrella Polar que señale, inequívocamente, un Norte seguro para España. Tenemos que releer el Envío muchas veces y fijarnos, sobre todo, en su conclusión final: «Pon tus ojos arriba, siempre arriba».


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